[dropcap letter=”H” shape=”square”]ace ocho años leí por primera vez 20.000 Leguas de viaje submarino; me di cuenta ahora; recién después de ducharme. Ocho años con un proyecto a cuestas que fue tomando forma y se deformó dentro de mi cabeza. ¿Cómo nace una idea de esas características? ¿Dónde guardé por 8 años todos estos sonidos?¿Porqué vinieron ahora?[/dropcap]

Ellos aparecen no sé muy bien cómo ni porqué, ni de que forma. Me lo he preguntado millones de veces, me lo han preguntado otras tantas y no tengo una respuesta clara.

 

Los sonidos de repente toman forma sólida, aparecen. No, no es mágico el proceso, eso lo sé. La idea tarda en madurar a veces días a veces años. Cambia de forma constantemente, se muere resucita, transgrede el tiempo o simplemente se sienta a esperar su momento. Las ideas están ahí acumuladas, no basta con escribirlas en un cuaderno para no olvidarlas.

Hace unos días en Berlín alguien me contaba de un artista que escribía sus ideas en lápidas, después vendía las lápidas y si alguien las compraba; es decir compraba la idea/lápida, esa idea se volvía proyecto y ese proyecto se volvía realidad. No sé si el método funciona, pero me quedé pensando en que a veces la ideas son lápidas que uno lleva a cuestas y cuando toman forma se vuelven palomas.

Temo por mis ideas, mis proyectos. Pueden nacer y desaparecer en cuestión de segundos; casi siempre aparecen en estas horas de la noche, en el momento preciso en que uno apaga la luz toman forma como las sombras de las cosas en una oscuridad indefinida. Jamás hay un papel y un lápiz para escribirlo y el sólo hecho de encender la luz produce una sensación extraña, ya no es lo mismo. Uno nunca sabe bien cómo escribir la idea y la idea se convierte en una cosa nebulosa que antes era una idea clara. Pierde forma. Con la luz (sobre todo la luz artificial) las ideas pierden forma.

Entonces uno espera, confía en que al otro día uno se acordará de la idea; pero la idea tiene que pasar por una situación muy difícil que es sobrevivir al trance de los sueños y no soltarse. No dejarse llevar y convertirse finalmente en un sueño; que termina siendo algo parecido a cuando uno prende la luz para anotar la idea. Cuando una idea se vuelve sueño se transforma en otra cosa nebulosa, en el mejor de los casos; porque uno con mucha facilidad puede perderla para siempre.

Cuando las ideas sobreviven, de alguna forma, no sé cómo ni porqué a esta primera etapa, pasan por otra situación estresante, uno las increpa, les pide documentos, las asalta a preguntas. Esperando saber si son sólidas y si saben de qué están hablando, si tienen algún sentido corpóreo.Si llegan a pasar este examen psicofísico-policial. Las ideas se transforman en proyectos.

Escribirlas de forma clara es fundamental; en mi caso palabras clave, símbolos, dibujos, y siempre una fotografía mental que me recuerde esa idea principal, chiquitita, desprovista de todo; la idea del primer momento.

Hace ocho años leí por primera vez 20.000 Leguas de viaje submarino, la fotografía metal es la chapa dura metálica (una espacie de mesita para apoyar la cartera) de uno de los baños del aeropuerto de Bogotá dónde dejé a propósito mi ejemplar terminado de 20.000 Leguas de viaje submarino para que otra persona se lo encontrara y lo leyera. La fotografía mental está intacta confío en ella más que en cualquier otra cosa ocho años después.

El lunes pasado presenté “In the darkness of the world” en Berlín, un trabajo basado en el libro con más de 600 sonidos, en 3 idiomas, transformando todo en una sola historia. No sé cuando apareció el primer sonido y tampoco puedo distinguir cuando desapareció el último.

Es domingo por la noche y no puedo conciliar el sueño, el cuerpo me pesa, los ojos incluso se me cierran de cansancio.

Estoy saliendo del trance, me digo.

Después de una semana de terminar el trabajo duro, estoy saliendo del trance. De ese sueño largo en el que aparecen los sonidos. Lo más difícil de un proyecto cuando comienza a tomar forma es salir del trance en el que uno entra una vez finalizado el proyecto.

Es como dormir de más, una larga siesta, es reconfortante pero después te duele todo el cuerpo, la cabeza y uno no sabe ni qué hora es ni cuánto tiempo pasó dormido. Estoy despertándome del trance, en estos casos siempre busco que venga a mí otra idea; pero nunca viene. Es como querer seguir durmiendo.

Lo más aterrador de una idea es sobrevivir a la desazón que genera saber que se concretó, que ya terminó, que se fue. Es despedirse. No va a volver a ser nunca la misma, ya no está, la dejamos ir, la probamos, le hicimos todo lo que pudimos y ahora simplemente no está. Hay un vacío, no hay niebla todo es claro, la luz de la lampara entra directa y no dice nada.

Dentro de algún tiempo, cuando se me pase el enojo de su partida, la recordaré, la volveré a querer, incluso la reivindicaré. Hoy, ahora antes de terminar, se me cae una lágrima, me angustian esos ocho años, esos claros ocho años que recién hoy me dí cuenta que pasaron.

Me preguntaron si “In the darkness of the world” tenía un mensaje, una dedicatoria. Quizás esta es la dedicatoria y el mensaje al mismo tiempo.

“A las ideas que parten rumbo algún lugar”

 

Foto de portada: Festival CTM Berlín 2015