[dropcap letter=”E” shape=”square”]stá pasando algo acerca del sonido. ¿Lo notaron?[/dropcap]

BASTA DE AUDIFONOS!!!

Me dio miedo escribir esa frase, tanto miedo que no puedo creer haberla escrito. Incluso debo confesar que la borré un par de veces y la volví a escribir tímidamente.

Está pasando algo alrededor del sonido. ¿Lo notaron?

De repente me dí cuenta que mis oídos estaban apresados por dos almohadillas de cuero negras. Hacía calor ahí dentro. Mi mente también estaba apresada. Era incómodo salir de esos dos círculos que aprisionaban mis oídos.

Mi cabeza para y piensa que soy demasiado contradictoria en mis dichos. He casi obligado a personas a escuchar con audífonos, he profesado en diversas tierras y lenguas el arte de escuchar con audífonos, la delicadeza de grabar sonidos con auriculares. He recitado artículos acerca de su diseño, he copiado y transcrito líneas de tiempo enteras acerca de estos aparatos, he comprado montones de diferentes marcas, características, modelos; he descifrado ecuaciones físicas para entender ciertos errantes funcionamientos. He dedicado más de la mitad de mi trabajo a estudiarlos, a contemplarlos y a abogar por su utilización.

¡BASTA DE AUDIFONOS!!!

Me apedrearán; es lo primero que piensa mi cerebro.

Y tienen razón en juzgarme todos aquellos que de alguna forma me han seguido y han confiado en lo que he dicho. Pero no les estoy mintiendo ni les mentí antes. No estoy cambiando una cosa por otra o quizás sí, pero no del todo.

Pasó algo en mi vida que cambió mi rumbo. Lo dije en otra parte y lo comento nuevamente: se rompió mi grabadora y mi percepción del espacio y el sonido cambiaron por completo. Se volvió todo algo más vívido, más palpable, más propio del instante. El sonido se volvió tiempo presente.

No es que ahora esté renegando de mi grabadora o de mis auriculares. Es que mis oídos se abrieron hacia algo que no estaban haciendo desde hacía mucho tiempo. Escuchar de otra forma.

No puedo explicar concretamente cómo se hace, es como dar una explicación acerca de cómo me toca o roza el viento la cara. Solamente puedo decir que sacarme los audífonos fue presenciar algo distinto. Ojo, los tengo aquí conmigo, al lado mío, en este mismo instante. Es que con el tiempo se convirtieron en una extensión de mis oídos, como la grabadora se convirtió en una extensión de mis brazos.

¿Se acuerdan de ese fragmento de McLuhan? Yo lo leo en un pequeño libro hermosamente diagramado por Quentin Fiore:

“La rueda es una prolongación del pie… El libro es una prolongación del ojo… La ropa una prolongación de la piel… El circuito eléctrico una prolongación del sistema nervioso central”

Podemos agregar a este fragmento, en esta época, que los auriculares son una extensión del oído y las grabadoras una extensión del brazo.

No está mal, no estoy diciendo eso ¿o sí? No.

En realidad estoy diciendo que sacarse los auriculares para escuchar música, radio, el paisaje sonoro que nos rodea es un ejercicio. Se convirtió en un ejercicio.

Seguramente han oído hablar del #digitalsabbath que antes, en los 90′, lo llamábamos algo así como “unplugged” con diferentes implicaciones.

Para quienes no estén familiarizados con el hashtag aquí una reseña de sus principios:

“Tiempo atrás, cuando Dios dijo: “En el séptimo día descansarás”, el significado detrás de esto era simple: Tome un descanso. Llame a un tiempo de espera. Encuentre un cierto equilibrio. Recárgate. En algún momento, sin embargo, este mantra para la vida desapareció de la conciencia moderna. La idea de desconectar cada séptimo día ahora se siente casi trágicamente imposible. ¿Quién tiene tiempo para tomarse tiempo libre? Necesitamos ocho días a la semana para cumplir con las tareas, no seis.

El Manifiesto del sábado se desarrolló con el mismo espíritu que el Movimiento Slow, slow food, vida lenta, por un pequeño grupo de artistas, escritores, cineastas y profesionales de los medios que sintieron una necesidad colectiva de luchar en contra de nuestra cada vez más formada vida de ritmo rápido. La idea es tomar tiempo libre, que se jodan los plazos y los trámites.

En el Manifiesto hemos adaptado rituales de nuestros antepasados para forjar un día por semana para relajarse, desconectar, reflexionar, salir al aire libre, y compartir con los seres queridos.”1

Más allá de las discusiones que genere esta nueva moda, lo cierto es que las nuevas y viejas tecnologías cargan con el mandato de (y tienen como última finalidad) modificar las formas en las que percibimos nuestro entorno. Esto trae aparejado beneficios y perjuicios. Como ya dijo de una manera muy bonita el tan citado McLuhan.

Pero volvamos a los audífonos. ¿Qué pasó? ¿Qué me pasó?.

Pasó que ayer en la madrugada me levanté por un sonido “como un tiki tiki”2 que no me dejaba cerrar los ojos. Debo decir que yo no duermo del todo bien así que existen millones de tikis tikis en mis noches-madrugadas. Estos sonidos casi siempre hacen que me levante a ver por las ventanas, por todas ellas. Ayer me quedé parada con la ventana abierta disfrutando del olor a lluvia, de la tierra mojada, de las hojas susurrando. En otro momento hubiese corrido por la grabadora (mi extensión del brazo) y por mis auriculares; sin embargo ayer me quedé tan sólo escuchando.

Hoy, mientras escribo unos ejercicios para un taller próximo, me encuentro con un documental acerca de las grabaciones de campo. Casi siempre en este tipo de documentales aparece gente con grandes audífonos, infinitos micrófonos, reflectores parabólicos y cables por todos lados, enfundados en una vestimenta semi aventurera acorde con la naturaleza. No estoy criticando ¿o sí?; pero debo decir que yo misma me encontré varias veces personificada de la misma forma. Vestida con pantalones color caqui, botas o borceguís de trekking, cables por todas partes y antena parabólica. Tengo fotos.

Es una crítica porque me estoy criticando a mí misma, porque ayer a la noche me pregunté cuándo fue que perdí la habilidad de tan sólo escuchar con mis oídos, sin instrumentos de por medio. Ojo, no creo que mi crítica sea como la del Digital Sabbath o la del Slow Movement ni tiene nada que ver con mis ancestros. Mi critica pasa por ser profesional; por haber estudiado, hablar, dar cursos, realizar prácticas y piezas con sonido. Mi critica pasa porque me encontré en un error. Porque creo que está bien señalarme los errores que cometo en lo que respecta a mi profesión.

El error fue dejar de ejercitar mis oídos sin ningún instrumento de por medio. Dejar de ejercitar.

Dejamos de ejercitar partes fundamentales de nuestro cuerpo físico. La respiración por ejemplo. Empezamos a dar por sentado, por aprendido, por superados comportamientos que nuestro cuerpo hace en AU-TO-MA-TI-CO, pero que de ninguna forma son procesos automáticos. El ejercicio se convierte en algo que hacemos en el gimnasio. Nace y muere ahí. Se realiza para vernos bien frente al espejo y ahí mismo muere.

Pero existen otra clase de ejercicios (comúnmente adornados con montones de etiquetas filosóficas, religiones y posiciones incómodas) que son fundamentales en nuestra percepción del mundo que nos rodea.

La respiración por ejemplo; tener control de cómo respiramos no sólo está asociado al acto de cantar, de hacer yoga, de meditar. Está íntimamente relacionado con el sentido del olfato (sentido olvidado donde los haya).

La escucha no sólo está asociada al sentido de la audición; también se encuentra íntimamente relacionada con el sentido del tacto, de las vibraciones, de cómo percibimos esas vibraciones, ni qué decir del equilibrio.

¡BASTA DE AUDIFONOS!!! Así, con letra bien grande.

Recuerda cómo viaja el sonido. Recuerda que el sonido viaja a través de un medio como el aire y el aire es recibido por tu oído y por tu cuerpo entero que lo transmite a su vez a tu cerebro, quien lo interpreta y le da sentido.

Cuando nos colocamos los audífonos, nos estamos privando de sentir el sonido con el cuerpo, no sólo los sonidos que escuchamos y a los que les prestamos atención, sino también a esos otros sonidos que nos rodean, que están aquí y ahora con nosotros. Que ignoramos como quien da vuelta la cara.

Por más que estés en el bosque grabando el paisaje sonoro de un pájaro al amanecer el pájaro sonará hermosamente perfecto a través de tus audífonos, pero perderás el sonido de tus pasos sobre las hojas. Tratarás de no moverte para no hacer ruido, para que ese sonido no contamine la grabación. Me pasó, me pasa (no es que ahora haya tirado todos mis audífonos por la ventana).

Hace muchos años yo practicaba el deporte de escalada; una vez en una revista acerca de ese deporte me encontré con el siguiente pensamiento, que acompañó toda mi vida, más allá del deporte:

“Cuando escales no trates de llegar a la cima; concéntrate, presta suma atención en la ruta que estás tomando. Presta atención a la piedra en la que posas la mano, en la salida donde impulsas tu pie. Todos esos detalles jamás podrás apreciarlos igual desde ningún otro ángulo, por más veces que realices el mismo camino. Y cuando desciendas todos los detalles los habrás olvidado.”

Quienes conocen el deporte de la escalada en roca saben que uno de los factores más importantes es elegir la ruta por la que ha de subirse, y que una vez estando en ella no hay retroceso. También sabe que por más que uno elija siempre la misma ruta y la escale de la misma manera siempre será diferente. Existen diversidad de factores que cambian el camino. Factores climáticos, físicos y mentales.

Para escalar se necesitan ciertas herramientas que ayudan al escalador; se necesita ejercicio, se necesita concentración.

Un buen escalador no lo es por la cantidad de cimas que ha alcanzado. Se es escalador cuando se tiene la habilidad suficiente tanto para subir a la cima como para quedarse sentado en la base mirando las piedras que tocan sus manos.

¡BASTA DE AUDIFONOS!!!

Con el tiempo olvidé las vibraciones sonoras en mi cuerpo. Dejé de sentir el golpeteo de los sonidos salvo cuando me encontraba en un recital o en una actuación.

Se me hizo rutina colocarme los audífonos en cualquier ocasión. Agradezco profundamente al agua de mar que arruinó mi grabadora; no porque este sea el camino final de mis grabaciones de campo, sino porque me despertó de un adormecimiento perceptivo del que me estoy recuperando, devolviéndome una forma de percibir el sonido que estoy volviendo a ejercitar.

 

1Sabbath Manifiesto

2Referencia a un chiste de la historieta argentina Mafalda de Quino.