[dropcap letter=”H” shape=”square”]oy abro las redes sociales y me encuentro con que mi padre me envía un video.[/dropcap]

Desde hace varios años y aunque estemos separados por kilómetros de distancia, mis padres cuando encuentran algo relacionado con sonido automáticamente me lo envían, son una ruta de información diferente que no suele estar relacionada con las rutas acerca del sonido que recorro habitualmente. La información viene decodificada desde otro ángulo y casi siempre me parece sumamente interesante y enriquecedor.

En su momento explicarles lo que hacía con los sonidos fue confuso. ¿Radio arte? ¿Radio experimental? ¿Experimentación sonora? ¿Diseño de sonido? Siempre es más fácil llegar a la locución, periodismo, incluso a la ingeniería de audio pero los otros conceptos no suelen estar tan extendidos. Pero después de años de muestras y de enviarles todo lo que escribo y de ellos formar parte de mis piezas (ejemplo: para In the darkness of the world tanto mi madre como mi padre leyeron el libro de principio a fin, mi madre se comunicó conmigo por más de un mes haciendo hincapié en los pasajes del texto que más le habían conmovido; mi padre me proporcionó una mirada exquisitamente arquitectónica del Nautilus, así fui juntando otras miradas y otros datos que me ayudaron a crear la pieza final)

Me gusta esa relación con mis padres, no hablamos de muchas cosas, casi siempre estamos sumergidos en nuestros trabajos y compartimos el interés por hacer las cosas lo más meticulosamente posible. Admiramos la dedicación en las cosas, el paso del tiempo a través de la dedicación. No sé si eso es bueno o malo, creo que por ser tan meticulosos, también somos un poco ermitaños pero hay un disfrute en lo que hacemos que compartimos y ahí es cuando no importa si se llama radio arte, experimentación sonora, ingeniería en audio o simplemente sonido.

Hay un fenómeno y una necesidad de entender ese fenómeno a profundidad. El fenómeno de mi padre siempre fueron las formas, el desarmar y rearmar, entender el funcionamiento de las máquinas y los engranajes; mi madre conoce absolutamente todos los detalles de las flores y las plantas más complejas, la huerta, las semillas, las formas de las raíces de los árboles; y yo estoy transitando el camino del sonido.

Bueno, esta mañana mi padre me envió un video.

“Entre no ver y no oír sin ninguna duda es mucho peor no oír pues no ver te incomunica con los objetos pero no oír te incomunica con las personas y eso te convierte en un objeto…”1

“Me acosté a dormir en mi mundo seguro y lleno de sonidos, un mundo maravilloso de sonidos danzarines, y desperté en un silencio tan apagado y nebuloso como la nieve profunda en el campo”2

Cuando hablo del sonido como un fenómeno vibratorio, automáticamente lo asocio a la sordera ¿Por qué? Principalmente porque siempre estuve interesada en la forma en la que escuchan los sordos.

La escucha parte de todo el cuerpo no solamente de un órgano. Defino a la escucha como la capacidad del ser humano por percibir vibraciones en un medio como el aire. Esta percepción se puede dar mediante el oído, la piel, la percepción visual del movimiento, incluso el gusto (no por nada algunos sonidos y sabores son descritos como “metálicos”).

El sonido es vibración, pero el sonido también es un sistema complejo de recuerdos y experiencias.

Las personas sordas construyen las experiencias desde otros lugares con otras herramientas y siempre me ha parecido maravillosa su forma de relato. Nunca pienso en una persona sorda como alguien a quien le falta un sentido, al contrario me pienso yo (que poseo los cinco sentidos) como una persona a que le falta sutileza para percibir toda la información que dan esos cinco sentidos. Tanto las personas sordas o ciegas tienen un desarrollo del sistema táctil y olfativo tan complejo, variado y rico que nunca podré comprender con mis cinco sentidos.

Sin embargo yo poseo los cinco sentidos y aunque tienen sus deficiencias (siempre me pregunto cómo realmente se ve el mundo sin los rayones de mis anteojos) nunca me ha faltado ninguno en su totalidad. No conozco la sensación de la sordera – la semana pasada por una cuestión de presión ambiental me quedé en mono y me perturbó esa sensación durante más de una semana- ni tampoco conozco los tigres de Borges.

Pero pongámonos a pensar el tema desde su otro costado. Desde el costado que no queremos hablar nunca. Porque enfrentarlo significa una atención frente al tiempo y sus vicisitudes.

La pérdida de los sentidos es un proceso gradual que no podemos detener. La mayoría de nosotros hemos perdido la audición aunque no lo admitamos. Cualquiera pensaría que lo más terrible del asunto es quedar sordos, completamente sordos; por eso no nos altera nuestra disminución auditiva tanto como para preocuparnos. Sin embargo, la audición pobre altera también la calidad del sonido. Perdemos frecuencias que componen los tonos, perdemos la intensidad de eso que oímos, las refracciones del sonido, etc.

En realidad si nos ponemos a pensar todos estamos en el mismo barco. Así que debemos hablar de esto. Sí señora, señor usted también se está quedando sordo; por diversos factores y quiera o no esto influye de forma significativa en su vida.

Los problemas de audición son de dos clases:

-Pérdidas en la “conducción auditiva” relacionadas con las estructuras de conducción del oído.

-Pérdidas “sensoriales nerviosas” relacionadas con los mecanismos sensoriales del oído y del nervio auditivo.

Las pérdidas en la “conducción auditiva” tienen sus orígenes en el oído externo y medio, que son los que amplifican el sonido y lo transmiten al caracol. Estas afecciones reducen la sensibilidad del individuo a todos los sonidos, cualquiera que sea la frecuencia del sonido. Este factor (que afecta a todas las frecuencias por igual) hace que el incremento de la intensidad del sonido mejore la sensación de audición.

Según una leyenda un noble inglés llevaba a un tamborilero a su cámara de audiencias para que batiera el tambor; así provocaba que su interlocutor alzase la voz y él podía finalmente escucharlo.

Las pérdidas “sensoriales nerviosas” ocurren en el oído interno o en el cerebro y son consecuencia de un debilitamiento de las células del órgano de Corti o de las fibras del nervio auditivo, o de la corteza auditiva del cerebro. Este tipo de problema puede afectar la audición de toda la gama audible de frecuencias o nada más una porción de ella. Acabar completamente con la audición o sólo debilitarla.

Las pérdidas de “conducción auditiva” pueden tener muchas causas posibles. Las más comunes son las pérdidas de conducción en el canal auditivo del oído externo. Con el paso del tiempo nuestros canales auditivos acumulan cerumen, este se endurece y tapa el conducto, impidiendo así el paso de las ondas sonoras. Hay un montón de información acerca de cómo limpiar los oídos en Internet, pero siempre hay que tener en cuenta que los oídos son uno de los órganos más delicados, yo recomiendo ir al otorrinolaringólo (nunca hay que hacer mucha fila, incluso muchas veces hay campañas gratuitas) para un examen completo y una solución adecuada.

Los desórdenes “sensoriales nerviosos” que parten del oído medio son problemas más serios; así es como una infección puede producir sordera temporal de la noche a la mañana. En estos casos si no se da una adecuada atención al problema se produce casi inevitablemente una pérdida de audición. Suele ocurrir que se obstruye la trompa de Eustaquio, sea por inflamación o por acumulación de moco o pus en el oído. En estas condiciones el oído medio se llena de líquido, lo que hace que los pequeños huesos3 en su interior no tengan la libertad suficiente para moverse a fin de transmitir las vibraciones al oído interno. Si la presión del aire contra el tímpano es muy fuerte, el tímpano puede desgarrarse y a no ser que sane, la audición puede perjudicarse de forma permanente.

En 1755 el cirujano Jonathan Walthen, perfeccionó la limpieza de la trompa de Eustaquio. Introducía por la nariz una jeringa con un poco de miel y agua tibia y así igualaba la presión entre el oído medio y el externo. Aún se utiliza un tratamiento similar pero en vez de agua y miel se realiza esta limpieza con aire.

Realmente pensé que este escrito sería más corto. Pero la verdad estoy entusiasmada, así que  espero que el amable lector esté tan entusiasmado como yo con las historias.

Cuando comencé a buscar referencias acerca de la sordera, me encontré con la curiosidad de que había más mujeres que hombres. Me llamó mucho la atención, puesto que al relacionar el tema me di cuenta de que yo conozco más mujeres con problemas de audición que hombres (me vinieron inmediatamente a la cabeza las artistas Evelyn Glennie y Christine Sun Kim). Así que me pregunté a qué causas se debía esto. ¿Era sólo una mera coincidencia?

Brain Goes Vegitable by Christine Sun Kim ©Yang Chao

 

Al parecer la causa más común de sordera conductiva es la otosclerosis; enfermedad que por lo general comienza entre los 18 y los 30 años y afecta más a mujeres que a hombres (aunque estos últimos no quedan excluidos) Se estima que el 10% de los adultos caucásicos está afectado por esta enfermedad. La enfermedad es menos común en las personas asiáticas y muy rara en los afroamericanos.

El 60% de los casos de otoesclerosis tienen un origen genético. En promedio una persona que tiene un padre con otoesclerosis tiene un 25% de desarrollar esta alteración y si tiene dos padres que padecen otoesclerosis el riesgo aumenta hasta el 50%.

La otoesclerosis es una enfermedad progresiva, al comienzo se presenta como una simple protuberancia esponjosa en la base del estribo (el tercero en la cadena de los huesos del oído medio).Con el tiempo, esa protuberancia se endurece y se convierte en hueso e inmoviliza al estribo. El sonido todavía pasa por el canal auditivo y golpea el martillo (el primero de los huesos del oído medio), el martillo empuja al yunque y el yunque al estribo, pero el estribo al estar encajonado por la protuberancia ósea no puede transmitir las vibraciones a los fluidos del oído interno.

En 1876 el cirujano Johan Kessel concibió la idea de extirpar la protuberancia pero los instrumentos de la época hacían imposible acceder a esa parte del oído, este impedimento junto con las elevadas posibilidades de infección hicieron que abandonase su intento. Sin embargo 21 años después Karl Passow intentó una solución distinta; hacer una abertura en el caracol a través de la cuál pasase el sonido directamente al oído interno (obviando el estribo), su primer paciente experimentó los sonidos después de muchos años de sordera, sin embargo la restitución de la audición duró tan sólo unos días.

Finalmente en 1938 Julius Lempert descubrió una técnica eficaz de fenestración (creación de una ventana) al oído interno. Por 20 años esta técnica fue el único medio quirúrgico para tratar la otoclerosis. Hoy en día se utilizan otras técnicas quirúrgicas para tratar la inmovilización del estribo.

Fotos de los huesos del oído pertenecientes al libro Photographic illustrations of the anatomy of the human ear de 1887

 

La presbiacusia es el nombre que recibe la sordera de la ancianidad, hacia allá vamos todos. Empieza por lo general a muy temprana edad y poco a poco vamos perdiendo la capacidad auditiva. Según una investigación la mayoría de la gente de entre 30 y 45 años no puede escuchar las frecuencias que se encuentran por arriba de los 15.000Hz (recordemos que las posibilidades auditivas de un ser humano se encuentran entre los 20 y 20.000Hz); a los 50 años el límite para casi todas las personas desciende a 12.000Hz, a los 60 años a 10.000Hz y a los 70 años a 6.000Hz.

Una de las causas más comunes de la sordera sensorial nerviosa es la exposición a ruidos muy fuertes que dañan el órgano de Corti y destruyen las células sensoriales.

Regresemos al video que me envió mi padre esta mañana.

El video, que yo ya me había encontrado en varias oportunidades en las redes sociales pero que aun así cada vez que lo veo me sorprende, muestra cómo los pacientes reaccionan al experimentar por primera vez el tener un implante cloquear.

¿Qué es un implante cloquear? El implante coclear consiste en un transductor que transforma las señales acústicas en señales eléctricas que estimulan el nervio auditivo. Estas señales son procesadas mediante las diferentes partes que forman el implante coclear, algunas de estas partes se colocan en el interior del cráneo y otras en el exterior. Este transductor ayuda incrementar las posibilidades de audición en personas sordas o que tienen dificultades auditivas. El implante cloquear no es lo mismo que el audífono, ya que el implante es puesto quirúrgicamente y funciona de una forma diferente al audífono externo.

No todos pueden acceder a este tipo de implante; existe un riguroso protocolo de selección de candidatos debido al elevado coste de los procedimientos, tanto quirúrgicos como de rehabilitación.

Cada vez en más países, el coste del implante coclear se financia a través del Estado, así como la intervención quirúrgica y el posterior tratamiento de rehabilitación. Pero no siempre son financiados los gastos de mantenimiento o de sustitución del procesador. Los bebés recién nacidos son los que tienen más facilidades de recibir los tratamientos de detección de la enfermedad y los implantes.

El video que me envió mi padre no sólo es interesante por las reacciones sentimentales que produce; sino porque me recordó  la existencia de una ley en Argentina que cuando se promulgó, hace unos años, llamó mi atención.

Poco saben de la Ley 25415 Programa Nacional de Detección Temprana y Atención de la Hipoacusia donde en sus artículos entre otras cosas establece que es obligatorio la realización de los estudios para detección temprana de la hipoacusia4 a todo recién nacido y antes del tercer mes de vida. Menos aún se sabe que las obras sociales, asociaciones de obras sociales y entidades de medicina prepaga están obligadas a prestar los servicios tanto de  detección de hipoacusia como de tratamiento, incluyendo la provisión de audífonos y prótesis auditivas así como la rehabilitación fonoaudiológica.

Me parece sumamente interesante remarcar que existe esta Ley en Argentina; ya que por ejemplo en México aunque la Ley General de Salud establece la atención y vigilancia del recién nacido que incluye la detección temprana de problemas auditivos, no contempla la adquisición de implantes ni la provisión de audífonos. Un implante cloquear en México tiene un costo de 22.000 dólares aproximadamente sin contar el costo de estudios, cirujano, hospitalización y rehabilitación. En México ninguna obra social ni medicina prepaga cubre el costo de la operación  y esto también sucede en otros países del mundo.

Pongo este tema de realce en principio por la poca difusión de las posibilidades que se abrieron en Argentina a partir de esta Ley; y porque hace poco me encontré una noticia en donde mandatarios mexicanos donaban 23 implantes cloqueales, lo cual es una cifra paupérrima para la cantidad de personas que se ven afectadas por la hipoacusia en un país tan grande como México.

 

Sí, ya termino. Se extendió el texto pero no quise hacerlo por entregas.

Buscando información para este escrito me encuentro los siguientes datos que no puedo pasar por alto, por lindos e interesantes.

A principios de siglo XX se utilizaban diversos instrumentos que aumentaban la intensidad del sonido en 10 o 15 decibeles. Uno de esos instrumentos fue la trompetilla. La trompetilla en un comienzo era tosca y al parecer a las personas no les gustaba utilizarla así que durante años fueron transformando los diseños para realizar trompetillas perfectamente disimuladas. Los hombres ocultaban las trompetillas entre los pelos de sus barbas, o en las pobladas patillas (estaba mejor visto pasar por peludo que por sordo) o también en el mango de sus bastones. Las mujeres utilizaban un instrumento en forma de copa que acomodaban sobre el oído y que ocultaban bajo complicados peinados de la época. También existía otro instrumento “el abanico acústico” (confieso que tuve que buscar imágenes de este último que adjunto a este escrito) y así fue como me encontré con otro gran invento “el trono acústico” del Rey Juan VI de Portugal.

Los brazos del trono eran huecos y fueron tallados minuciosamente para representar las bocas abiertas de dos leones que actuaban como receptores, a través de los cuales el sonido se transmitía a un delgado tubo escondido en la parte posterior del trono, el cual el rey ponía disimuladamente dentro de su oreja. Quienes pedían audiencia con el rey estaban obligados a arrodillarse ante él y hablar directamente a las cabezas de los leones.

Y así es como este texto llega a su fin. Espero haber abarcado tan sólo un poco de ese otro lado del mundo del sonido, un lado que nos compete porque no podemos hablar de sonido, tecnología, escucha atenta, si no prestamos atención a esa parte tan delicada con la que convivimos todos los días y que es parte de nosotros.

Promuevo la visita al otorrinolaringólogo 1 vez por año. La revisión de los cambios que notemos en nuestro aparato auditivo, el control de la intensidad de los sonidos que escuchamos y sobre todo prestar atención a lo que nos dicen nuestros sentidos. Como esos sentidos van cambiando con el paso de los años, no olvidemos que estas son nuestras herramientas para percibir el mundo que nos rodea.

 

Trono del Rey Juan VI de Protugal

Trono del Rey Juan VI de Protugal

 

Abanico acústico

Abanico acústico

 

 

 

1Helen Adams Keller: Autora estadounidense, activista política y oradora. Fue la primera mujer sordo-ciega en obtener un título de licenciatura en artes.

2Mary Hays Heiner fue presidenta del Centro de la Audición y la Palabra en Cleveland, Estados Unidos. Se quedó repentinamente sorda cuando estaba en la universidad.

3En el oído medio hay tres pequeños huesos u osículos llamados martillo, yunque y estribo, estos huesos forman un puente movible. El martillo, que está sujeto al tímpano, recoge las vibraciones sonoras, que luego son llevadas al oído interno por el yunque y el estribo. Así es como las ondas sonoras llegan en forma de energía mecánica amplificada al cerebro.

4Hipoacusia: Disminución de las capacidades auditivas.

Portada: Bartholomeo Eustachi: Tabulae anatomicae