[dropcap letter=”A” shape=”square”]principios de este año (2015) fui invitada por Andreas Pysiewicz1 de la Universidad Tecnológica de Berlín para formar parte de las sesiones acerca del trabajo con sonido; estas charlas estaban dirigidas a estudiantes de comunicación, compositores y otras personas interesadas en el sonido.[/dropcap] Encontré la transcripción que había guardado de la charla impresa entre los papeles de este 2015 y aquí la transcribo (la charla se dio en español con traducción simultánea al inglés).

 

Universidad Tecnológica de Berlín 2015

 

15 de enero de 2015 – Technische Universität Berlin.

 

Hola a todos; gracias por venir a escuchar. A prestar oídos.
Gracias a Andreas que me brinda este espacio, a los organizadores y a la Universidad Tecnológica de Berlín.

Me parece muy interesante generar un espacio para hablar acerca del sonido desde distintos puntos de vista del oído (aunque esto suene contradictorio).

Mi inglés no es muy fluido sin embargo yo creo firmemente que las barreras entre los idiomas no existen, en realidad el idioma para mí es otro sonido más de entre todos los sonidos que solemos realizar cotidianamente para comunicarnos.

Así que hoy ustedes dentro de su cabeza estarán escuchando alemán y fuera estarán escuchando un paneo español – inglés. Gracias a Daniel Iván que hoy auspiciará de traductor, pero quien también es el responsable de todos los aspectos visuales de mis piezas; producimos obra en conjunto.

Hoy vine a hablar un poco de como entiendo yo los sonidos, estaremos escuchando varios de mis trabajos y les estaré contando un poco de mi historia.

Como me presentó Andreas, sabrán que soy persona de radio, mis raíces están en la producción radiofónica, y a los que hacemos radio si hay algo que nos gusta son las introducciones hacemos introducciones para todo.

Voy a leer un fragmento de un libro que en mi trabajo ha tenido una gran influencia:

El texto pertenece al economista francés Jacques Attali; a quien probablemente conozcan por su estudio acerca del Ruido. El texto que voy a leerles es del libro “Historias del Tiempo”:

 

“Cada sociedad tiene su tiempo propio y su historia;
cada una se sitúa en una teoría de la historia y se organiza alrededor del dominio del calendario;
toda cultura se construye alrededor de un sentido del tiempo;
todo trabajo del hombre es pensado como un tiempo cristalizado, como una aceleración del que sigue la naturaleza.

En la mayoría de las lenguas, el tiempo de los hombres se designa con un mismo vocablo, el de las estrellas, de los calendarios, de los relojes, el de los paisajes terrestres, de las civilizaciones y de las sociedades, de las músicas y de las danzas.

Muy a menudo, inclusive, las lenguas indican una equivalencia cultural entre el tiempo y el espacio y una misma palabra designa el tiempo que hace y el tiempo de hacer; el del sol y el de las cosechas.

Siempre ambiguo, es a la vez fuente de muerte y de vida. El hombre teme en todas partes que el Sol no se levante y que el mundo llegue a congelarse.

Al mismo tiempo, espera que tal ruina devenga y regenere al universo y desea el regreso al punto de partida de un ciclo, a la imagen del eterno movimiento de los astros y de la vida, de la luz y de la sombra.

Campo cerrado de las grandes amenazas, de las esperanzas aterradas, de las consignas dadas al hombre por el hombre, el tiempo, con su medida, constituye una dimensión ilimitada de los códigos y de los ritos.

Fantástica ambición del hombre, fabuloso misterio de la naturaleza, el tiempo es siempre doble; transcurre y vuelve a comenzar.

Y siempre ambiguo: tiempos múltiples de las múltiples historias de las cosas y de los hombres; pero también tiempo único en todas las sociedades. El tiempo marca el surgimiento de las más audaces máquinas y de las más extraordinarias teorías de una época.

En estas sociedades surge la elección de dos formas de emplea el tiempo.

En una, el hombre es utilizado por el tiempo, se vuelve máquina codificada, programada entre otras máquinas; en otra, el hombre inventa el tiempo, transforma a cada máquina en un instrumento que crea un tiempo personal en el que puede dar ritmo a su propia vida”.

La pieza llamada “Ntangu” fue realizada a principios del 2014.
La palabra ntangu tiene un significado muy especial en algunas tribus de la República del Chad en África central. El mes es un mes lunar pero el que rige la sucesión de los días es el sol, así como las estaciones y los años. La misma palabra ntangu significa el sol y el tiempo.

Esta pieza fue concebida a partir de la idea de convocar a los oyentes a que la escuchasen con auriculares mirando y sintiendo el sol.

 

Ntagu - Sol Rezza
(Click en la imagen para escuchar)

Cuando comencé a dar mis primeros pasos en el medio radiofónico tuve la fortuna de trabajar en un programa muy particular de la radiofonía argentina.

El programa se llamaba “En la Vereda”2 y era un magazine político semanal que duraba cuatro horas. Trabajé allí y después decidí emprender otro propio proyecto radiofónico y, junto con unos amigos, me integré a la radio comunitaria itinerante llamada “Radio Culebra”3

Con esta radio encontré otra forma de escucha; totalmente diferente, relacionada con los lugares que visitaba la radio en su recorrido por distintas provincias de argentina. Allí me encontré con una forma distinta de utilizar el lenguaje, el idioma y también descubrí otra forma de escuchar.

Porque no se escucha igual en la ciudad que en el campo, que en el desierto, no sólo por los paisajes sonoros que surgen alrededor; sino porque los oyente escuchan de formas diferentes, con otros tiempos.

Y aquí regresamos a lo que dice Attali.

Allí fue cuando comenzó a surgir para mí un tema que de alguna forma se encuentra encerrado en todas mis piezas, una constante. El tiempo.

La vidala es un tipo de música ancestral del norte argentino; para tocarla se utilizan una especie de tambor llamado “caja” que tiene la particularidad de tener tensado de tras un hilo que en su centro contiene una espina de cactus. Cuando la espina golpea la caja produce una reverberancias muy particular que marca los tiempos de los cantos y del recitado.

La canción se compone de cantos y recitados improvisados que suelen contener relatos de situaciones cotidianas que se viven en la comunidad.

 

Pagina 12 Micrófono Rutero

(Click en la imagen para escuchar)

Después de realizar parte de la experiencia en Argentina mi intención fue viajar por Latinoamérica con el proyecto “Estudio Rodante”, bajo el mismo concepto de una radio itinerante; haciendo grabaciones de campo en diversas comunidades.
Así fue como llegue a México.

En México encontré con algo muy especial; de repente se cruzaron dos ideas y dos conceptos sonoros. De nuevo el tema del tiempo, de los calendarios y a su vez la lluvia, la tormenta.

En algunas partes de México llueve durante 6 o 9 meses al año.
En el año 2007 comencé a realizar una colección personal de grabaciones de campo de paisajes sonoros de tormentas y lluvias.

Durante los meses de lluvia cada vez que comienza a llover coloco mi grabadora y grabo esos sonidos de principio a fin.

Para mí el sonido de la lluvia cobró un significado muy fuerte en México; me di cuenta de la cosa más estúpida del mundo pero que me impactó muchísimo y es que todas las tormentas suenan diferente.

La cantidad de sonidos que posee una tormenta en un lapso de tiempo determinado es impresionante. Podría decir que una tormenta contiene todos los sonidos del mundo, todas las frecuencias, todas las intensidades de sonido.

Es un ejercicio que hago anualmente, sentarme a escuchar tormentas enteras. Desde que comienzan hasta que terminan. Sentarse a escuchar desde el viento que se genera con las primeras gotas hasta que cae la última; es un ejercicio que recomiendo hacer.

A veces este ejercicio dura tan sólo unos 10 minutos; a veces dura 45 minutos. Lo más extraño de este ejercicio es que el tiempo de duración no lo decide uno.

En el año 2011 decidí realizar un álbum titulado “SPIT” jugando principalmente con los sonidos de una tormenta, cuya duración era de 45 minutos exactos.

La idea fue ir transformando el sonido de esa tormenta durante esos 45 minutos.

 

spit
(Click en la imagen para escuchar)

Otra de las cosas con las que me encontré en México fue con la idea del tiempo; pero con una idea acerca del tiempo muy diferente de la que solemos tener normalmente.

La mirada aborigen acerca del sonido, del poder que tiene el sonido, tiene mucho que ver con la idea del tiempo como una especie de Dios.

De ese tiempo que hace y el tiempo de hacer, del que hablaba en mi introducción.

De alguna extraña forma se va interconectando todo.


Voy a leer un fragmento de otro libro: “El tratado de las religiones” de Mircea Eliade

 

“Baiame, la divinidad suprema de las tribus del sureste de Australia, habita el cielo, junto a un gran curso de agua (la vía láctea), y recibe allí a las almas de los inocentes.

Está sentado sobre su trono de cristal; el sol y la luna son sus hijos, sus mensajeros en la tierra. El trueno es su voz, hace caer la lluvia, reverdeciendo y fertilizando la tierra entera.

Baiame vivió durante algún tiempo en la tierra e inauguró los ritos de iniciación; después se elevó de nuevo al cielo y desde allí se escucha su voz el trueno”.

 

Esta idea del tiempo como un Dios.
En la cultura Nahuatl de México, no existe Dios, el tiempo mismo es Dios.

Y a partir de este concepto y de un libro de una antropóloga llamada Laurette Sejourné y una entrevista que realicé con una de sus discípulas realicé una pieza llamada “El Año del conejo”

Laurette Sejourné hace un análisis muy particular de los mitos y las leyendas de la cultura Nahuatl a partir del análisis de los calendarios.

La cultura Nahuatl está conformada por los aborígenes que habitan las tierras de lo hoy se conoce como México DF y sus alrededores. Esta cultura se compone de distintos pueblos aborígenes que llegaron al centro de México; aztecas, otomines, tlaxcaltecas, etc. Como cada pueblo tenía su propia lengua crearon un idioma en común que es el náhuatl.

Laurette Sejourné interpreta a través de los calendarios que esta cultura aborigen fue una de las culturas predijo la llegada de la conquista española y por lo tanto predijo la destrucción de su cultura y el fin de su tiempo.

Esta predicción la realizaron de dos formas:

Por una parte eran pueblos pescadores y viajeros que llegaron a presenciar lo que estaba sucediendo con las islas aledañas a México años antes de la llegada española a esas tierras.

Otra de las formas fue que realizaron un censo de sueños entre los pobladores. Los gobernadores aborígenes les exigían a los habitantes que les contasen sus sueños y los chamanes los interpretaban. Quienes se negaban a revelar sus sueños eran severamente castigados.
El año del conejo

(Click en la imagen para escuchar)

Para ir finalizando esta charla ¿por qué mi interés por el tiempo?

Porque finalmente lo que los seres humanos estamos haciendo constantemente y de diversas formas es contarnos historias, relatarnos cosas, explicando lo que acontece. Tratamos de dejar algún registro de las cosas que suceden, de lo que descubrimos, de lo que inventamos, un registro a través del tiempo.

Y cualquier registro es una forma de narración. Narramos a través de la música, de la investigación, del arte en todas sus formas, del aprendizaje y de transmitir ese aprendizaje, esas experiencias.

Yo he encontrado que somos eso, narradores de nuestro tiempo.

Hay algo indiscutible y es que todos estamos contándonos algo, cada uno con su estilo, con su forma, en su campo de acción.

 

Shorts for Radio

(Click en la imagen para escuchar)


1Andreas Pysiewicz formó parte del equipo que me ayudó a dar forma a la puesta de sonido surround de la pieza In the darkness of the world () para la performance para el Festival CTM de Berlín en 2015.
Él es operador técnico y artístico del estudio electrónico de la Universidad Técnica de Berlín, Investigador en el proyecto de investigación 3DMIN y es el organizador del Ciclo de la serie de conferencias: “Las contribuciones al arte y la cultura auditiva”
2Entrevista a Quique Pesoa en el diario La Nación año 2000.
3nota diario Página 12  – Radio Culebra


Foto de portada: Daniel Iván 2015 – Technische Universität Berlin.