Soy una obsesiva soñé con escribir esto, literalmente soñé que lo estaba escribiendo. El título de este artículo viene del sueño después de despertarme ayer a media noche porque estaba rascándome un oído.

Desde hacía tiempo quería escribir acerca del tema. En casa es el hombre el que compra los bastoncillos, cotonetes; mejor dicho los hisopos. Esas cajas enormes de palitos azules con la punta en blanco que uno cree que comprará una caja tan sólo una vez en la vida ¡550 bastoncillos!; incluso al momento de mirar la cantidad en el envase uno duda en comprarlos, son demasiados. Ante mi mirada dubitativa mi cerebro me asegura que en menos de lo que canta un gallo no encontraremos ni uno sólo dentro del frasco.

Por otro lado la compra de bastoncillos me supone otro gran interrogante, ¿comprar la caja de los 550 bastoncillos interminables? ¿O el envase redondo, bonito y al que se le puede dar infinidad de usos supuestamente productivos y reutilizables pero que comparado con la caja de cartón el precio que posee es exorbitante ya que sólo trae 100 hisopos? Mi padre tenía una teoría al respecto, si uno compra la caja de 550 nunca logrará usarlos  a todos, la mayoría simplemente se pierden, mejor comprar el envase pequeño y supuestamente reutilizable.

Hisopos que no son lo mismo que las isopodas una especie de crustáceos que datan del Paleozoico, tampoco isótopos que  son átomos que tienen el mismo número de protones en el núcleo pero diferente número másico.

“Un día, en 1923, Leo Gerstenzang encontró a su esposa uniendo fajos de algodón a palillos de dientes en un intento de llegar a difíciles áreas para limpiar. Gerstenzang, inspirado, pronto produjo una sola pieza hisopo de algodón” fuente Wayback Machine.

Al parecer Leo Gerstenzang fue quien implementó la publicidad con la cara de un bebé en el empaque su marca de hisopos ya que su marca en un principio se llamó “Baby Gays”.

El primer uso del hisopo está dado por la medicina, principalmente se utilizan para tomar muestras; es el único uso recomendable de un hisopo.

El 60% de los casos de perforación del tímpano está dado por el mal uso que se hace de los hisopos.

Ayer a la madrugada hubiese dado mi reino de un caballo por un hisopo con el cual rascarme el oído. Pero cada que los necesito (que es casi nunca) por más que los compro no hay. Sin embargo soy feliz de no encontrarlos o de haberlos perdido, que las ansias por rascarme no hagan que me entierre en el oído un bastoncillo de plástico azul. ¿Por qué?

Veamos cómo funciona el sistema. Al contrario de lo que uno puede llegar a creer la picazón en los oídos no está dada por una cantidad significativa de cerumen sino por la falta de éste en nuestros oídos, esta afección es conocida con el nombre de asteatosis.

El cerumen o cerilla es saludable en cantidades normales y sirve como un agente de auto-limpieza del oído: protege, lubrica y tiene propiedades antibacterianas. La ausencia de cerumen puede causar picazón, oídos secos.
La mayoría de las veces los canales auditivos son auto-limpiables; es decir, hay una migración lenta y ordenada de las células de cerumen y la piel desde el tímpano hasta la abertura del oído. El antiguo cerumen está constantemente siendo transportado, asistido por la masticación y el movimiento de la mandíbula, desde el canal auditivo hacia la abertura del oído, donde por lo general se seca, forma escamas y se cae.

El cerumen no se forma en la parte profunda del canal auditivo cerca del tímpano, por el contrario se forma a un tercio de distancia del exterior del canal auditivo. Así que cuando se tiene un bloqueo de la cera contra el tímpano a menudo es porque se ha estado empujando el cerumen con bastoncillos de algodón, pinzas para el pelo, o las esquinas de la servilleta retorcidas. Estos objetos sólo empujan la cera más adentro, presionando el tímpano, causando dolor o molestias y pérdida de la audición.

Medical - Anatomy - Ear Hay dos tipos distintos determinados genéticamente de cerumen: el tipo húmedo, que es el dominante, y el tipo seco, que es recesivo. Mientras que las personas asiáticas y los descendientes americanos son más propensos a tener el tipo seco de cerumen (gris y escamoso), los africanos y europeos son más propensos a tener el tipo húmedo (miel-marrón a marrón oscuro y húmedo). El análisis del tipo de cerumen ha sido utilizado por los antropólogos para rastrear los patrones migratorios humanos, tales como los de los esquimales.

El gen ABCC11 es el que determina si las personas tienen cerumen húmedo o seco. El tipo de cerumen húmedo se encuentra asociado con el olor de la axila, que se incrementa por la producción de sudor. Los investigadores conjeturan que la reducción en el sudor o el olor corporal en su momento fue beneficiosa para las poblaciones nativas que vivían en climas fríos.

En circunstancias normales, los canales auditivos deberían auto-limpiarse. Sin embargo, eso no siempre pasa. Las orejas deben limpiarse cuando se acumule una cierta cantidad de cerumen que causa síntomas específicos. Esta condición es llamada cerumen impactado, y puede causar uno o más de los siguientes síntomas:

  • Dolor de oídos, una sensación de que el oído está conectado.
  • Pérdida de audición parcial, que puede ser progresiva.
  • Tinnitus, zumbidos o ruidos en el oído.
  • Picazón, olor.
  • Tos.

Para limpiar los oídos no hay que introducir nada en el canal auditivo.

En la mayoría de los casos los tratamientos caseros utilizados para ablandar la cera funcionan. Se puede intentar colocar unas gotas de aceite mineral, aceite de bebé, glicerina o gotas comerciales para el oído (que no necesitan receta médica). Gotas de peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) mezclada con agua tibia en un gotero o peróxido de carbamida también pueden ayudar con la eliminación de la cera.

El riego o lavado con jeringa que se utiliza comúnmente para limpiar el oído es un procedimiento que tiene que ser realizado por un médico o con un kit especial que se consigue en las farmacias. La solución más común utilizada en este procedimiento es de agua y solución salina, que debe calentarse a la temperatura corporal para evitar mareos. No se recomienda realizar este procedimiento si usted tiene diabetes, un tímpano perforado, o un sistema inmunológico debilitado.

La extracción manual de cerumen también es eficaz. Esto se realiza con más frecuencia por un otorrinolaringólogo mediante succión, instrumental específico y un microscopio para ampliar el canal auditivo.

Otros métodos que pueden ayudar a remover el cerumen son los masajes en el oído o la colocación de una botella de agua tibia sobre el oído para ablandar el cerumen.

El romano enciclopedista que vivió en el siglo I Aulo Cornelio Celso fue la primera persona de la que se tiene registro que describió un tratamiento para la acumulación de cera en el oído.

“Cuando un hombre se está convirtiendo lento para oír, que tiene a menudo dolores de cabeza prolongados, en primer lugar, el propio oído debe ser inspeccionado; porque allí se pueden encontrar ya sea una corteza sobre la superficie de ulceraciones o concreciones de cera. Si se encuentra una corteza, aceite caliente se vierte en el oído, o verdín mezclado con miel o zumo de puerro o un poco de vino de miel. Y cuando la corteza se ha separado de la ulceración, el oído se riega con agua tibia para que sea más fácil para las costras ser retiradas. Si es cera suave, se puede extraer de la misma manera por la primicia del oído; pero si es dura, se puede verter vinagre que contiene un poco de soda; y cuando la cera se ha suavizado, el oído se lava. También se puede lavar el oído con una jeringa con castóreo mezclado con vinagre y aceite de laurel o el jugo de la corteza de un joven rábano, o con el jugo de un pepino mezclado con hojas aplastadas de rosa. El zumo de uva sin madurar mezclado con aceite de rosa es también bastante eficaz contra la sordera.” Libro VI De medicina1

Nada se sabe sobre la vida de Celso. Incluso su nombre es incierto, ha sido llamado tanto Aurelio como Aulo aunque este último parece ser más plausible. Algunas expresiones incidentales en su libro De Medicina sugieren que vivió bajo el reinado de Tiberio Julio César Augusto. No se sabe con certeza dónde vivía Celso, se piensa que pudo vivir en Roma, pero también se piensa que vivió en la Galia Narbonense porque en su libro hace referencia a una especie de vid (Marcum) que, según Plinio era nativa de esa región. De los numerosos volúmenes de su enciclopedia, sólo uno permanece intacto, su tratado De Medicina el cual se divide en ocho libros.

El libro I cuenta la historia de la medicina e incluye referencias a ochenta autores médicos, algunos de los cuales se conocen sólo a través de este libro; el libro II que habla acerca de la patología general, el libro III que es acerca de enfermedades específicas, el libro IV en el cual menciona las partes del cuerpo, los libros V y VI que están dedicados a la farmacología, el libro VII dedicado a la cirugía y finalmente el libro VIII dedicado a la ortopedia.

En la introducción de De Medicina hay una discusión acerca de los pros y los contras de hacer experimentos con animales y con humanos.

En el tratamiento de la enfermedad, principal método Celso era observar y velar por el funcionamiento de la naturaleza y regular sus propiedades en lugar de oponerse a ella. Celso tenía la concepción que de que la fiebre consistía esencialmente en un esfuerzo del cuerpo para deshacerse de alguna causa mórbida (concepto no tan alejado de la realidad), y si el proceso era interferido indebidamente terminaría en un estado de salud delicado para el paciente. En ocasiones en el libro se recomienda atrevidamente el uso del bisturí; sus reglas para las sangrías y purgantes se establecen con detalle y precisión; y muchas de las reglas que prescribe no eran muy diferentes de los que todavía se utilizaban a principios del siglo 19. Su obra contiene descripciones detalladas de los síntomas y las diferentes variedades de la fiebre, y  se acredita el registro de los signos cardinales de la inflamación conocida como “tétrada Celso”: calor (calor), dolor (dolor), tumor (hinchazón) y rubor (enrojecimiento e hiperemia). Entra en gran detalle sobre la preparación de numerosos remedios medicinales antiguos incluyendo la preparación de los opioides. Además, describe muchos procedimientos quirúrgicos romanos del siglo primero entre los cuales estaban el tratamiento de cálculos en la vejiga, y la fijación de fracturas.

La primera edición impresa de la obra de Celso fue publicada en 1478.

Algunos datos más acerca del cerumen:

  • En la época medieval, el cerumen y otras sustancias tales como la orina eran utilizadas por los escribas para preparar pigmentos para ilustrar manuscritos.
  • El primer bálsamo para los labios puede haber tenido su comienzo en cera de los oídos. En la edición de 1832 de revista American Frugal Housewife aparece la recomendación “no hay nada mejor que el cerumen para evitar los dolorosos efectos que resultan de una herida por un clavo o pincho”; y también se recomienda el cerumen como un remedio para los labios agrietados.
  • Antes del hilo encerado las costureras utilizaban su propia cera de los oídos para evitar que la punta del hilo se deshilachase.
  • Muchos tipos de ballenas tienen una acumulación de cerumen que aumenta con el tiempo; el tamaño del depósito es a veces la única manera de determinar la edad de las ballenas que no tienen dientes.

 

Bibliografía:

The American Academy of Otolaryngology–Head and Neck Surgery (AAO-HNS) webpage.

The American Hearing Research Foundation.

Wayback Machine

Celsus, Aulus Cornelius, De Medicina Libro VI.

Simmons, John Galbraith Médicos y Descubrimientos.

 

 

 

1Libro III De medicina

 Ilustración de portada: The marine mammals of the north-western coast of North America, described and illustrated Scammon, Charles Melville, 1825-1911