Una de las mayores noticias acerca de la historia del sonido apareció a mediados del 2016 en todos los diarios; el profesor de filosofía de la Universidad de Canterbury en Nueva Zelanda y director del Archivo Turing para la Historia de la computaciónJack Copeland, junto con el compositor Jason Long restauraron la primera pieza de música grabada por una computadora creada por el matemático pionero en inteligencia artificial Alan Turing quien, entre otras cosas, desarrolló las primeras investigaciones sobre conceptos tales como redes neuronales, la morfogénesis y la biología matemática.

Turing ha sido objeto de numerosos libros, películas y obras de arte relacionadas con su vida y su corta carrera.

“El trabajo pionero de Alan Turing, a fines de la década de 1940, sobre la transformación de la computadora en un instrumento musical se ha pasado por alto: es un mito urbano del mundo de la música que las primeras notas musicales generadas por ordenador fueron oídas en 1957 en Bell Labs in America.  La reciente Oxford Handbook of Computer Music delimitó una contrademanda, afirmando que la primera computadora para reproducir notas, se ubicó en Sydney, Australia.  Sin embargo, el equipo de Sydney no estaba en funcionamiento hasta finales de 1950, mientras que las notas generadas por ordenador estaban saliendo de un altavoz en el laboratorio de computación de Turing ya en el otoño de 1948”. Afirman Jack Copeland y Jason Long en un artículo publicado por la British Library

Como se sabe Turing era abiertamente homosexual, en enero de 1952 fue declarado culpable de indecencia por el gobierno británico bajo la Enmienda Labouchère de 1885, condenado a la castración química como alternativa a la prisión, hecho que se cree fue lo que lo llevó en 1954 a suicidarse, aunque existen otras versiones acerca de su muerte.

Un año antes de que el gobierno británico lo condenara, en 1951 en el laboratorio de Alan Turing se colocó una grabadora portátil de discos perteneciente a la BBC para capturar tres melodías interpretadas por una computadora primitiva que ocupaba toda la planta baja del laboratorio.

Grabadora de acetatos portatil Birmingham Sound Reproducers Ltd DR33C – 1947

Todo lo que queda de esa sesión de grabación es un disco de acetato de un solo lado de 12″; la propia computadora fue desechada hace mucho tiempo. Ésta grabación archivada es la única ventana a un paisaje sonoro histórico, la primera grabación de música generada por computadora en Manchester.

 

El disco original que fue guardado por el ingeniero Frank Cooper de la Universidad de Manchester

Pero Jack Copeland y Jason Long se enfrentaron a un problema clave: cómo establecer el tono correcto de ésta grabación histórica. Sin ninguna referencia acerca de cómo sonaba el audio original, es muy difícil – incluso imposible- saber si una grabación de estas características se encuentra en el tono correcto.

“Fue una decepción descubrir que las frecuencias en la grabación no eran precisas, la grabación nos daba una impresión aproximada de cómo la computadora sonaba. Pero tenía una desviación en la velocidad de la grabación, probablemente como resultado de la plataforma giratoria de la grabadora portátil que giraba demasiado rápido al momento de la grabación. Pero después de un poco de trabajo de detectives electrónicos, resultó posible restaurar la grabación con un resultado satisfactorio. Ahora el verdadero sonido de esta computadora ancestral puede ser escuchado una vez más, por primera vez en más de medio siglo.

Además de aumentar la velocidad – y de alterar las frecuencias – también filtramos el ruido extraño de la grabación;  utilizando el software de corrección de tono que eliminó los efectos de un bamboleo problemático en la velocidad de la grabación. Fue un hermoso momento cuando escuchamos por primera vez el verdadero sonido de la computadora de Turing.” 

 

La computadora  tenía una instrucción especial que causaba que el altavoz -Turing lo llamara el “hooter” – emitiera un pulso corto de sonido, que duraba una pequeña fracción de segundo. La ejecución de la instrucción una y otra vez daba como resultado un “clic” que se produce en varias ocasiones, en cada cuarta señal de reloj interno de la computadora: tic tac tic clic, tic tac tic clic.

Turing se dio cuenta de que si la instrucción ‘clic’ se repetía una y otra vez en diferentes patrones, se oirían notas musicales diferentes: por ejemplo, el patrón repetido tic tac tic clic, tic tac tic tac, tic tac tic clic, tic tac tic tic produjo la nota de Do5 (una octava por encima del Do central), mientras si se repite el patrón de forma diferente tic tac tic clic, tic tac tic clic, tic tac tic tac, tic tac tic clic, tic tac tic clic , tic tac tic tic producía la nota de Fa4, (cuatro notas por encima de encima de la mitad Do)-y así sucesivamente. Éste fue un descubrimiento maravilloso.

Turing no estaba muy interesado en programar la computadora para tocar música convencional: usaba las diferentes notas para indicar lo que estaba pasando en la computadora: una nota para “trabajo terminado”, otra para “dígitos desbordados en memoria”, otra para “errores” cuando se transferían datos desde el tambor magnético, y así sucesivamente.

Seguramente al ejecutar uno de los programas de Turing debe haberse escuchado un sonido ruidoso, con diferentes notas musicales y ritmos de clics que permiten al usuario “escuchar”  lo que la computadora estaba haciendo.

Pero Turing delegó el trabajo de la programación de la primera pieza musical completa al joven programador llamado Christopher Strachey quien realizó una copia del Manual de Turing para la computadora Manchester Mark II.

Los ingenieros Ferranti Keith Lonsdale y Brian Pollard demuestran la Mark I a Alan Turing.

 Nota: Las computadoras Manchester fueron una serie de computadoras experimentales desarrolladas por un pequeño equipo de la Universidad de Manchester entre 1947 y 1977.

La computadora Manchester Small-Scale Experimental Machine (SSEM) fue la primera computadora electrónica del mundo que almacenaba instrucciones de programación en la misma máquina; se la considera la primera computadora con memoria RAM.

Manchester MarkII

Christopher Strachey escribió el primer manual de la programación de computadoras del mundo. Strachey era un talentoso músico que estudió el Manual de Turing y apreció el potencial de las direcciones concisas de Turing sobre cómo programar las notas musicales.

Ann Davies Synge y Christopher Strachey fotógrafo desconocido

Christopher Strachey fotógrafo desconocido

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Strachey se presentó en el laboratorio de Manchester de Turing con lo que era en ese momento el programa de computadora más largo jamás escrito.

“Turing entró y me dio una típica descripción de alta velocidad y aguda de cómo usar la máquina; luego salió dejándome sólo hasta la mañana siguiente.

Me senté frente a esta máquina enorme con cuatro o cinco hileras de veinte interruptores  en una habitación que parecía la sala de control de un barco de batalla”. Cuenta Christopher Strachey en una entrevista con Nancy Foy en agosto de 1974.

Por la mañana, ante el asombro de los espectadores, la computadora hizo sonar el himno nacional. Turing, quien no era muy expresivo, soltó la frase “Buen espectáculo”. Strachey sabía que no había una mejor manera de llamar la atención y unas semanas más tarde recibió una carta que le ofrecía un puesto en el laboratorio de computación.

La grabación que restauraron  Jack Copeland y Jason Long se hizo ese mismo año, esta vez no sólo se programó el himno nacional si no que también la canción de cuna Baa Baa Black Sheep así como una versión de la famosa In the Mood de Glenn Miller.

Hay dudas acerca de si las tres canciones que se escuchan en la grabación fueron programadas por Christopher Strachey o por otras personas del laboratorio quienes comenzaron a escribir programas de música.

Casi 70 años después de la grabación de la computadora de Turing, el proyecto “Flow Machines” fundado por  la European Research Council (ERC) y coordinado por el investigador, científico y director del Sony Computer Science Laboratory de francia François Pachet  sacan a la luz la primera canción compuesta por inteligencia artificial “Daddy’s Car” creada con la herramienta FlowComposer a partir del análisis de una base de datos de más de 13.000 canciones de diferentes estilos musicales, desde el jazz al pop hasta la samba brasileña y los musicales de Broadway.

“FlowComposer es una herramienta AI basada en el aprendizaje automático: un asistente inteligente capaz de ayudarle a componer nuevas canciones en cualquier estilo, de forma automática o interactiva. Con FlowComposer, puede seleccionar un estilo y una duración de pista y estará listo para componer automáticamente una canción. ¡Es tan simple como esto!

El proyecto de François Pachet se pregunta si pueden las máquinas ayudarnos a ser más creativos mientras nos muestran cómo es el funcionamiento de “Flow Machines”.

La gran diferencia entre la máquina de Turing y el proyecto Flow Machines es que mientras que Turing sólo pretendía indicar de forma musical lo que estaba pasando en la computadora, el proyecto Flow Machines es vendido como un ente capaz de crear música de forma independiente.

En un interesantísimo artículo publicado por la revista FACT en febrero de 2017 titulado “¿Somos los robots: el futuro de la música artificial?” el autor  le pregunta al profesor de creatividad computacional de la Universidad de Londres, Geraint Wiggins: ¿qué tiene que hacer una IA para ser músico?

“Si pongo una partitura frente a un músico profesional y les digo que la toquen, ¿por qué son inteligentes musicalmente? Porque están preguntando, ¿cómo sacaré los bits importantes? o ¿cómo debo cambiar el tempo? Están entendiendo la música e interpretándola, no sólo reproduciendo una secuencia de notas. Si una máquina quiere producir música que suene bien para el oído humano, tiene que tener alguna noción de lo que los humanos sienten. Ahora mismo las computadoras pueden simular nuestros sentimientos, pero no hay nada artístico en eso.” dice Geraint Wiggins

El mismo artículo cita al músico experimental Bill Baird diciendo:

 “Tienes que usar la IA como una herramienta, no como un atajo”

Después de leer el artículo de la revista FACT, de mirar retrospectivamente el trabajo de Turing y su vida no puedo más que recordar las palabras de Daniel Iván que escribió en su artículo “La sensibilidad como territorio”

En general –y como un razonamiento más bien reciente en la historia humana, producto de la industrialización y del advenimiento de la sofisticación tecnológica– las personas solemos oponer a lo mecánico, a la respuesta automática, a la producción en masa, a la artificialidad, a la “frialdad matemática” y a otras caracterizaciones que hacemos de los resultados del “hacer maquinal”, una idea que, creemos, le es exclusiva a la vida y a lo vivo: la sensibilidad. Es decir, el “hacer” que resulta de la experiencia del mundo a través de los sentidos, su entendimiento y su combinación en el sensorio: “el hacer sensible”. Y solemos identificar a ese “hacer” con su resultado cognoscible: el lenguaje y sus resultados más complejos e intrincados (el arte, la ciencia, el talento) son la prueba de nuestra condición de seres vivos, sensibles, creativos. Por supuesto, este mismo razonamiento sensible nos lleva a los lindes de lo excesivo, lo innecesariamente complejo, lo innatural, lo sofisticado (el arte, la ciencia, el talento), que son capaces de cualquier extremo con tal de salirse con la suya.

Resulta imposible no pensar en el sensorio como en el ámbito donde se verifican la mayor parte de las contradicciones de la vida y de los vivos. Estamos en tensión constante con el mundo justamente a través de los sentidos; solemos pelearnos principalmente con nuestra experiencia previa, con la verificación que de esa experiencia hacen nuestros sentidos, con la memoria que el sensorio retiene por desgaste o acumulación; y nos peleamos con ello a pesar de ser la única forma verificable de nuestra presencia en el mundo. La sensibilidad es la fragua de la contradicción.”

Siempre pensé que el miedo a lo que pudiesen hacer o “crear” las nuevas tecnologías se esconde en un desdén por el conocimiento, por el aprendizaje propio del ser humano. El miedo no está en que la tecnología, las máquinas, puedan o no ser creativas por sí solas. El verdadero miedo está en que nosotros dejemos de ser creativos ante la comodidad que nos brinda la tecnología.

Un ejemplo claro en materia de sonido son lo programas que de manera instantánea masterizan canciones de audio como el LANDR, no está mal que existe un software que masterice de forma instantánea audio. Lo que está mal es que nos lo vendan bajo la leyenda: “Suena como un profesional. Resultados instantáneos por una fracción del costo de un estudio de masterización” y que quienes lo utilicen no sepan realmente cómo funciona la masterización de audio, es decir, no sepan qué es realmente lo que les están vendiendo. Qué calidad de audio obtienen realmente después de utilizar el software (por ejemplo: la página sólo aclara que en versión PRO los audio son en WAV 24bit sin aclarar si estarán en 44.100hz / 48.000hz / 96.000hz / 192.000hz)

Este es solamente un ejemplo que viene a mi mente, es un poco lo que pasa con los ecualizadores automatizados incorporados a los dispositivos de audio ¿Quién sabe cómo utilizarlos? la mayoría coloca el ecualizador en modo película para una película ¿por eso está siempre bien?

Cuando las máquinas empiezan a decidir por nosotros no porque pueden sino porque nos da pereza aprender acerca de lo que deciden, eso es lo que realmente nos da miedo.

La canción “Daddy’s Car” debe de ser una de las peores canciones que he escuchado en el 2016 como Chantaje de Shakira en 2017; sin embargo fue todo un éxito a tal punto que en 2017 Flow Machine tiene pensado sacar un álbum entero.

Me dicen que Daddy’s Car está compuesta con el estilo de The Beatles como si eso le otorgara cierto dejo de genialidad, pero a mí me ocurre que cada vez que me nombran a The Beatles (que nunca fue una banda de mi gusto particular) no puedo dejar de recordar a mi mejor amiga Ivana que en la adolescencia de mis 13 años me torturaba escuchando siempre el mismo disco.

Lo bueno es que a Ivana no sólo le gustaban The Beatles; ella fue la persona que me presentó a los Sex Pistols y a otras tantas bandas con las que yo hasta ese momento no estaba familiarizada. Siempre me gustó esa simplicidad de pasar de The Beatles a Sex Pistols, Ramones o La polla Records en una sola tarde.

La verdad es que la versión de la máquina de Turing de In the Mood no es la mejor que escuché en mi vida, pero reconozco que el software de edición de audio tiene sus antecedentes en ese primer intento de relacionar las máquinas con la música.

No son las máquinas, nos tenemos miedo a nosotros.

Cuando las máquinas empiezan a decidir por nosotros no porque pueden sino porque nos da pereza aprender acerca de lo que deciden, eso es lo que realmente nos da miedo.