[dropcap letter=”E” shape=”square”]l título completo de este artículo es : “De un conquistador también llamado Cristóbal que también conquistó América y de una carta que escribió George que no era compositor polifonista, sino presidente de los Estados Unidos”[/dropcap]

Escuchando las obras de Cristóbal de Morales (tengo costumbre de levantarme todas las mañanas y escuchar un disco entero de música clásica) me pregunto cómo habrá afectado este tipo de música, principalmente las composiciones de Cristóbal de Morales, la percepción musical del Nuevo Mundo.

Hagamos una breve reseña para situarnos. Cristóbal de Morales (c.1500-1553 ) fue uno de los principales representantes de la escuela polifonista andaluza y uno de los más importantes compositores polifónicos del Renacimiento. Todas sus composiciones dedicadas al tema sacro por supuesto.

Al leer el año de nacimiento de Cristóbal de Morales no puedo dejar de pensar en la conquista de América, en la influencia de la música española (principalmente sacra) que de alguna manera se apoderó de mí en mi viaje por América latina. De Perú a México todo lugar histórico que he visitado de alguna manera viene con esa estela histórica musical, como si todavía se escucharan sus ecos (cosa que ocurre).

Plaza Mayor De Mexico. 1836 - Carl Nebel

Plaza Mayor De Mexico. 1836 – Carl Nebel

Siempre me interesó, no como musicóloga ni mucho menos, sino como un interés de quien lee, mira y encuentra. ¿Cómo fue que de alguna forma se amalgamaron estas sonoridades que llegan hasta nuestros días?.

Creo, y podrán corregir lo que digo quienes tengan mayor autoridad en la materia (que son muchos), que en argentina no pasa como en el resto de América latina. Aunque la amalgama existente tiene raíces históricas en la conquista española, no estamos tan empapados de esa amalgama española renacentista musical, como no lo estamos de grandes templos y catedrales. Nuestros espacios católicos cuentan con menos órganos y presbiterios mucho más pequeños. (Esto es una percepción de quién escribe)

Vivo con una persona que conoce detalles de la iglesia que la mayoría de los mortales no conocemos y esto ha hecho que mi interés en este punto en particular sea aún mayor.

Pero volvamos, hablábamos de Cristóbal de Morales y de la música en el Nuevo Mundo.

Al parecer uno de los puntos más importantes que marcó deliberadamente la música en el Nuevo Mundo fue la entrada de la imprenta moderna. Creada en 1440 por Johannes Gutenberg tardó 100 años en pisar América. Al año se comenzaron a imprimir catecismos, gramáticas, retóricas, vocabularios de lenguas aborígenes; obras de filosofía, de teología; tratados de medicina, tratados y composiciones musicales. Salvo libros de caballería (esta nota es para mi hermana Constanza), prohibidos por Carlos I por “ser un mal ejercicio para los indios”, al parecer todo lo demás no tenía el velo de la prohibición.

Abundante es la palabra utilizada por diversos musicólogos para definir la cantidad de obras musicales editadas en el Nuevo Mundo. Son editados por aquel tiempo en México un Ordinario de Misa y otros seis libros de música que todavía se conservan en la catedral de México; al parecer allí se conserva el único ejemplar existente de una obra litúrgica de Tomás Luis De Victoria considerado, posterior a Cristóbal de Morales, como uno de los compositores más relevantes y avanzados de la época.

“Así, arribaron a este continente, en 1586, las obras del genial organista y compositor Antonio De Cabezón, tan sólo ocho años después de haber sido divulgadas en España. En 1597 llegaba a Santa Domingo, desde Sevilla, un considerable cargamento de libros y música. De lo anterior se desprende un hecho indudable: en La Española (al igual que en otros países americanos) es obvio que ya por las fechas citadas existían músicos de avanzada cultura. Algo más: se sabe que por esos tiempos, en Cuba eran conocidos los méritos de algunos compositores y musicógrafos españoles que florecieron en la primera mitad del siglo XVI, y cuyos libros eran de uso corriente en la “Perla de las Antillas”: Esteban Daza y su magistral método de vihuela; Francisco Guerrero, Cristóbal De Morales, etc.”
Hans Federico Neuman: Introducción a la música española del Renacimiento

“Una ojeada retrospectiva al camino de la música española, muestra cómo su apogeo artístico ha coincidido con el descubrimiento de América y con la colonización de estas tierras… […] Vinieron en busca de oro en sus atrevidas y arduas expediciones, pero los conquistadores trajeron con ellos un tesoro más valioso y duradero: el de la cultura de la ‘Edad de Oro’ de España”.
Gilbert Chase: La música de España.

Hans Federico Neuman explica que la catolización de los aborígenes del Alto Paraná se llevó principalmente debido a la influencia de la música.

“…es célebre el caso del fraile músico que, por medio del fascinante poder de las notas de su violín, condujo a las tribus indígenas desde la impenetrable manigua hasta las feraces orillas del río. En infolios antiguos se halla retratado este misionero-artista peninsular: aparece acompañado del violín prodigioso. Debido al esotérico hechizo del arte musical el citado sacerdote logró convertir a enjambres de nativos. Desde entonces hace parte de la historia del Nuevo Mundo, tanto la musical como la religiosa. Y el santoral lo incluye con el nombre de San Francisco Solano”.
Hans Federico Neuman: Introducción a la música española del Renacimiento

“Enjambres de nativos”. ¡Qué frase! no puedo dejar de imaginarme un enjambre de abejas amarillas frente a un violín y juntar esa imagen con la de una vieja portada de mi infancia del libro “El flautista de Hamelin”. Debo aclarar que en el texto de Hans Federico Neuman me encuentro reiteradas veces con la palabra indígenas y no aborígenes cosa que me parece de una muy particular mirada al hablar de conquista. Debo aclarar que Hans Federico Neuman fue un músico, pianista colombiano; lo cual hace más extraño aún la utilización del concepto indígenas y no aborígenes. Pero esa es una discusión demasiado larga como para ir por allí.

Volvamos.

Mientras escribo sigo escuchando a Cristóbal de Morales – Officum Defunctorum & Missa Pro Defunctis. La cadencia de las voces, que son suaves justamente como un leve oleaje, como si estuvieran viajando hacia el Nuevo Mundo. Las voces nunca se alzan demasiado, son delicadas y uno sólo disfruta de ese balancearse entre nota y nota. Al parecer Cristóbal tenía una noción del ritmo muy particular que hasta la fecha no se había puesto en práctica en la iglesia católica.

Me encuentro escribiendo esto, debería estar haciendo otras tantísimas cosas, este no es un ensayo, ni siquiera un artículo en forma. Sin embargo la música de Cristóbal de Morales no me deja ir.

Me resultó muy interesante encontrar que la catedral de México es uno de los archivos imprescindibles para el estudio de la polifonía hispanoamericana de los siglos XVI – XVIII conformando un total de 21 libros. Al parecer Javier Marín López descubrió 5 nuevos libros (hasta el 2002 sólo se catalogaban 16 libros).

Entonces leo el artículo de Javier Marín López “Cinco nuevos libros de polifonía en la Catedral metropolitana de México” sencillo de leer, repleto de referencias de referencias de referencias de ubicaciones de manuscritos e inventarios.

“En la última página aparecen varias inscripciones que nos informan de la fecha de copia: ‘Se renobó este libro de Salbe siendo Librero El Bº Dº Colegial de el de los infantes de Choro de esta cathedral de Mexico año de 1731? Debajo, en tinta más clara, aparece otra inscripción: ‘Siendo colegial Antonio Ruiz: firmo pª que conste en toda regla el dia 11 de febrero del año de 1752?, acompañado de las rúbricas de ‘Antonio Ruiz’ y ‘Antonio Ruiz Salvatierra’”.

Parece que el libro se copió en 1731 a partir de un ejemplar más antiguo con repertorio de la Salve (México 10-A); el volumen fue remodelado en 1752, cuando se añadieron diez folios (México 10-B) que se encuadernaron junto al volumen anterior. Se detecta la presencia de al menos dos copistas, el primero encargado de los primeros 98 folios (primera sección), y el segundo, identificado con Simón Rodríguez de Guzmán, responsable de los once folios finales (segunda sección). No tiene ilustraciones en el frontispicio, pero sí una tabla; ésta aparece al final del libro y contiene 25 obras ordenadas alfabéticamente. Tiene de seis a diez pentagramas por página y las iniciales no están miniadas.”  Javier Marín Lopez.

Y al leer esto me parece de las inscripciones más dulces que haya leído últimamente; tan dulces como la música que escucho. Inmediatamente recuerdo mi primer trabajo como ayudante en investigación que realicé para el historiador Hugo Chumbita en Buenos Aires recién salida de la escuela secundaria, fue mi primer trabajo en forma; corrijo mi primer trabajo importante en forma –tengo crédito en dos de sus el libros-.

Metida en la Biblioteca Nacional Argentina, con el hocico entre manuscritos que debía agarrar con guantes de látex. Esos manuscritos describían demarcaciones realizadas por Diego de Alvear entre el virreinato del Río de la Plata, Uruguay y Brasil. Diarios y re inscripciones de otros diarios y otros historiadores que habían hablado al respecto.
El arte de comparar manuscritos, de descifrar fechas, lugares.
Lo que más me impresionaba era ver las firmas y las fechas y esos garabateos prolijísimos en determinado punto de las hojas y la cantidad de notas al pie. Recuerdo que una vez tratando de encontrar el diario de Diego de Alvear me encontré en su lugar con una carta manuscrita de
George Washington, la biblioteca estaba en reparaciones y algunos documentos estaban revueltos.  No me acuerdo bien lo que decía pero sí recuerdo que la carta tenía pequeños garabateos de dibujos de barcos. Puedo decir que tuve en mis manos una muy extraña carta manuscrita de George, que por demás no decía gran cosa y que se conserva, espero, aún hoy en la Biblioteca Nacional de la República Argentina.

El arte de encontrar esas piezas perdidas. Hermoso arte el del investigador.

Continúo escuchando pensando en esos nuevos manuscritos encontrados, en la primera imprenta armada en América, en el enjambre de abejas junto al violín, en el ritmo de Cristóbal de Morales, en la oscuridad de las catedrales tan cercana a la oscuridad de las bibliotecas. Como si todas las historias que tenemos de esa época empezaran y terminaran en los mismos recintos, con los mismos ecos y las mismas luces.

 

Bibliografía:

Introducción a la música española del renacimiento – Hans Federico Neuman
La música de España – Gilbert Chase 1943 ed. Nova
Cinco nuevos libros de polifonía en la Catedral metropolitana de México Javier Marín López