Hace algunas semanas me escribieron, a modo de consulta, para saber cuánto se cobra por un diseño de sonido. La pregunta quedó rondando en mi cabeza, pues no hay una fórmula al respecto que pueda pasarse como se pasa una receta de cocina. Incluso las recetas de cocina en realidad están supeditadas a meras instrucciones que tendrán un resultado final según la calidad de los ingredientes que se utilizan y el cocinero que la prepare.

Es decir, se hace camino al andar y uno va encontrando las formas.

La pregunta suscitó en mí varios interrogantes.

Soy artista sonora y diseñadora de sonido pero ¿Qué valor le pongo a cada uno de mis trabajos? ¿El de diseño de sonido lo cobro de una forma y el artístico de otra?

“Uno contrata a un diseñador para que haga lo que uno quiere y contrata a un artista para que haga lo que él hace”

Esta frase me produce dudas.

Yo no puedo separar una profesión (artista/diseñadora de sonido) de la otra (diseñadora de sonido/artista), incluso puedo decir que una es la deformidad de la otra, o una extensión de la otra.

Cuando diseño sonidos procuro hacerlo desde una mirada “artística”, cuando trabajo sonidos desde lo “artístico” tomo herramientas sonoras del ámbito del diseño.

Pero al parecer la diferencia radica en que cuando uno habla de diseño habla de un producto, que se puede comprar y vender y cuando se habla de arte se habla de otra cosa, en la que no suele plantearse un intercambio monetario como punto de partida y en la que no hay siempre un producto objetual final.

john heskett

“Diseño es diseñar un diseño para producir un diseño”

 El diseñador industrial John Heskett puntúa cada significado de la palabra diseño.

Diseño como sustantivo es el concepto general de un campo determinado, el diseño como verbo es una acción, un proceso; el diseño como una idea o propuesta, el diseño como un resultado, un producto.

Cuando John Heskett define el diseño en su libro “El diseño en la vida cotidiana” dice:

“El diseño combina la utilidad y el significado en forma de objetos prácticos que también reflejan la identidad y las aspiraciones de sus usuarios a través de la forma y el motivo”

 

El diseño produce un sistema de relaciones.

Pero retomemos el concepto de arte para encontrarle la relación.

Si hay algo con lo que carga la palabra “arte” es con la mística romántica de que se opone a la idea de remuneración al artista.

Miremos de cerca esto que digo: La idea de remuneración.

Un cuadro se puede vender pero no se vende como parte de un intercambio con el artista, se compra como se compra un objeto. Suele ocurrir incluso que el artista (en este caso artista plástico) no conoce a quién/es compran su cuadro. El intercambio de valores está dado por el objeto y se encuentra disgregado de la relación con el artista.

Esto no quiere decir que un objeto adquiera valor artístico por sí solo, es verdad que hay una relación entre el artista y el objeto; y luego entre el objeto y el comprador. Incluso por la relación artista-objeto un artista (suele ocurrir con artistas famosos) podrá valorar más un objeto/obra de arte que produce y puede convertirse él mismo en una obra de arte o sujeto de valor. Sin embargo esto no cambia el hecho de que lo que realmente se está valorando es el objeto en sí y la relación artista-objeto, no hay nada más allá de eso. El comprador compra una obra, no remunera al artista.

En esto casos suele ocurrir que el artista se vuelve una especie de diseñador de objetos/productos para poder vender. Es decir, para poder producir el cierre de la cadena artista/objeto-objeto/comprador.

El arte se ha relacionado con la economía de formas extrañas. La economía, a su vez, se ha desarrollado a través del arte de formas extrañas.

Pensemos en el mecenazgo, una especie de patrocinio que se le otorga a los artistas para que puedan desarrollar una obra. Desde tiempos remotos este tipo de sistema ha generado una controversia.

La figura del mecenas no era cualquier personaje perteneciente a la comunidad, sino que era uno de los personajes más poderosos que, entre otros muchos poderes, tenía el poder de otorgar patrocinios.

Y ¿por qué lo hacía?

La mayoría de los mecenas (en su totalidad relacionados con el poder político de la época y/o con el poder religioso) otorgaban estos patrocinios a los artistas como una demostración de poder, como una forma de mantener el estatus frente a los demás miembros de esa comunidad.

Esto no quiere decir que a algunos mecenas no les haya conferido un placer estético, moral o intelectual o una satisfacción ejercer ese mecenazgo. Lo uno no quita lo otro.

Pero la principal causa, incluso una obligación establecida por la propia élite a la cual pertenecía el mecenas, era demostrar que ellos eran capaces de beneficiarse de cosas a las que la mayoría no podían acceder. Eso era lo que realmente les otorgaba poder.

Muchas veces los artistas ponían los nombres de los mecenas a sus personajes, obras, escenas, pintaban retratos de ellos, etc como una forma de dedicatoria. Muchas veces esas dedicatorias eran exigidas por el propio mecenas.

“Uno contrata a un diseñador para que haga lo que uno quiere y contrata a un artista para que haga lo que él hace”

No, esta premisa no se cumplió nunca. El apoyo siempre estuvo supeditado a que se hiciese lo que el mecenas solicitara, incluso si la solicitud era que el artista tuviese libertad para hacer lo que le viniera en gana.

Más tarde el Estado tomó el lugar del mecenas sirviéndose a su vez de mecenas privados para ejercer de mecenas. ¿Confuso?

En la actualidad, los mecenazgos son realizados por organizaciones, tanto públicas como privadas, para la realización de diversos proyectos que no suelen ser de interés para el artista sino que son exclusivamente del interés del mecenas (o sea como ha sido siempre). Un ejemplo son los festivales y/o las convocatorias, etc. que solicitan al artista una obra con un tema determinado o con características especiales u otorgan comisiones. Estos festivales y/o convocatorias suelen estar subvencionadas por el gobierno o por instituciones privadas, que responden a intereses que van más allá del artista.

Nótese que esto no es una recriminación, así es como funcionan las cosas, porque así fueron formadas. Los festivales/convocatorias necesitan de mecenas para ejercer de mecenas; y los mecenas necesitan anteponer sus intereses a los de los del artista.

Aquí es cuando paro y me hago la siguiente pregunta:

¿Cuál es el beneficio de comprar arte?

El trabajo se basa en un sistema de relaciones. Y el arte es un trabajo como cualquier otro. Un trabajo que se ve influenciado por otros trabajos y a su vez influye en otros trabajos. Por eso no separo el diseño del arte. Tanto el diseño como el arte, como cualquier trabajo producen un sistema de relaciones.

El papel que juega El Guernica de Picasso como obra de arte no se aleja del papel arquitectónico y de diseño cuando es expuesto en un museo como el Museo Reina Sofía. El espectador no va solamente a ver El Guernica, va a ver El Guernica dentro del Museo Reina Sofía. La experiencia no se puede separar: El Guernica – el Museo. Incluso si El Guernica se expone en medio de la calle o se mira a través de Internet lo que cuenta no es solo el cuadro/objeto sino la experiencia.

En este sentido el arte deja de ser objeto para pasar a ser experiencia.

Aquí es cuando la cosa cambia, se pone más simple porque entonces piezas como el arte sonoro, arte digital, arte intangible cobran visibilidad sin tener que pasar a ser productos objetuales para tener un valor.

Ni el mecenas, ni el comprador de un cuadro compran una experiencia, sino que compran un producto, un beneficio.

Si hay algo que no se puede vender como un producto y quizás menos como un beneficio es la experiencia. La experiencia solo es capaz de percibirse y de experimentarse. Te pueden vender la entrada a la experiencia pero la experiencia en sí no puede venderse. La experiencia parte del individuo, es intangible e intransferible. La experiencia es única, personal y fugaz.

¿Y entonces cuál es el beneficio de comprar una entrada a una experiencia y de vender una entrada a la experiencia?

No hay beneficio alguno. Ni para el comprador ni para el vendedor. No se trata de beneficiarse.

Principalmente porque no existe una escala en donde se pueda medir la experiencia según el beneficio que esta conlleva. Una experiencia puede ser placentera o no ¿pero beneficiosa? ¿según qué parámetros?

Apoyo mi mano en una plancha caliente, me quemo. La experiencia no es nada placentera, pero es probable que no vuelva a apoyar la mano en una plancha caliente. ¿Cuál es el beneficio? Algunos dirán que el beneficio es el aprendizaje, otros dirán que quizás podía haber aprendido lo mismo sin tener que apoyar la mano en la plancha caliente.

No hay un beneficio, sino una relación.

“Sin el trabajo – sin la experiencia de utilización de instrumentos- el hombre nunca habría podido desarrollar el lenguaje como imitación de la naturaleza y como sistema de señales para representar actividades y objetos, es decir, como abstracción. El hombre creó palabras articuladas, diferenciadas no solo porque podía  experimentar penas, alegrías y sorpresas, sino también porque era un ser que trabajaba.

El lenguaje y el gesto se relacionan íntimamente. Bücher dedujo de ello que el habla había surgido de las acciones reflejas de los órganos vocales, debidas al esfuerzo muscular que implica la utilización de instrumentos.” Ernst Fischer – La necesidad del arte.

No estoy de acuerdo con todo lo que dice Fischer en “la necesidad del arte” pero esta frase abre un premisa interesante:

El arte es una experiencia, el trabajo es una experiencia.

El arte no deja de ser un trabajo.

Aquí es cuando entra la importancia de las relaciones.

Mirar el arte y el trabajo como un sistema de relaciones.

¿Por qué son importante estas relaciones?

Todos somos generadores de experiencias, estemos haciendo lo que estemos haciendo, seamos artistas, arquitectos, pintores de brocha gorda, maestros, zapateros, barrenderos, etc.

Póngase a pensar amable lector, en cualquier persona que conozca y pregúntese si esa persona es generadora de experiencias de alguna forma. No juzgue la experiencia solo hágase la pregunta.

Es indispensable relacionarnos con otros para generar una experiencia. No hay otra forma de que la experiencia se genere. Un zapatero hace cuatro pares de zapatos y tan sólo tiene dos pies. Podrá experimentar tan sólo un par de zapatos a la vez. La experiencia se hace rica cuando la comparte. No por lo noble del hecho de compartir sino porque mientras esté usando un par de zapatos los demás zapatos pierden su sentido, su utilidad. El zapatero no puede experimentar a través de ellos; solo otras personas podrán hacerlo.

Uno debería pagar por la relación que hay detrás de las cosas no por las cosas en sí. No por los beneficios puntuales que estas conllevan; que es como mayoritariamente solemos hacerlo.

Nos relacionamos con las cosas y sus beneficios. Así es como compramos un pantalón por lo bien que nos queda y esto es lo que influye en la decisión de compra; los beneficios que obtenemos del pantalón a corto plazo, no la relación que establecemos con quien lo hace. El beneficio que obtenemos del pantalón es de una duración muy limitada, mientras que la relación con quien lo hace puede llegar a ser una relación duradera.

Aquí una interesante propuesta de la marca de ropa Patagonia donde le proponen al cliente arreglar la ropa si se les rompe, ellos mismo tienen un servicio para que no compres una prenda nueva sino que la lleves a arreglar. Incluso exaltan la importancia de saber arreglar nuestra propia ropa.

Digo esto sin poner toda la moral detrás de ello. Yo no compro siempre el café orgánico que se vende en el pueblo, porque no siempre puedo acceder a él.  Pero cuando compro en el supermercado miro la marca del café del monopolio Nestlé y sé que es Nestlé y cuando lo compro (porque es más barato que el orgánico) pienso y hago mis conjeturas de cuál es más o menos rico.

¿Esto es bueno? ¿Esto es malo? No lo sé pero lo que sí sé es que establezco relaciones. A veces me decido por el Nestlé otras por los cafeteros independientes de Oaxaca. Trato de intercambiar el dinero no desde el producto sino desde la relación que establezco al comprarlo. Esto no cambia radicalmente lo que compro, quizás sin tanto espamento compraría ambos productos de la misma manera; pero lo que cambia es mi perspectiva. Me comprometo a tomar otras decisiones porque mi meta está en establecer relaciones y obtener nuevas experiencias.

Al dar el ejemplo del café parece como si me hubiese ido del tema. Pero no, estoy tratando de comenzar a hablar, discutir y poner en práctica (esto último es lo más difícil) justamente este sistema para mi propia supervivencia económica.

Ser artista nunca fue fácil, como tampoco lo fue ser carpintero o florista o vendedor de zapatos.
Estoy cansada de leer que Van Gogh fue un artista del hambre, cuando en realidad una persona con sus habilidades debió haber tomado decisiones,  se debió haber hecho las mismas preguntas que nos hacemos todos, se debió haber equivocado igual y debió haber acertado en otras tantas cosas.

Esto no quiere decir que el arte no se deba vender sino que lo que se intercambia por dinero no es una obra de arte, es una relación con el artista. Esto tiene un valor totalmente diferente tanto para el trabajador como para quien compra la entrada a la experiencia. Así es como se establece un ida y vuelta.

Voy a poner el ejemplo de Wikipedia y su pedido de donativos. Para mí el sitio es un realizador de experiencias. Yo consumo esa experiencia y veo la necesidad que tiene Wikipedia de obtener un beneficio económico en estos momentos. Soy consciente de esa necesidad. Pero no pago por la experiencia, necesito ser consciente que tengo una relación que me involucra y que conecta esa experiencia con quienes formamos parte de Wikipedia. Por ser consumidor no soy responsable de mantener la experiencia, sino que tengo la posibilida de optar por tener la experiencia y relacionarme no ya con el producto que consumo, sino con todos los participantes que aportan (me incluyo) a que la enciclopedia sea más grande.

El pedido intrusivo de la campaña de Wikipedia no refleja ésto; la campaña me hace responsable de su funcionamiento generando una obligación por utilizar un servicio. La experiencia y la relación se establecen por medio del donativo. Según el dinero que pueda aportar, como hacían los antiguos mecenas.

 

No quiero poner el precio de mi trabajo desde la perspectiva de que lo que estoy brindando es un producto o servicio; porque lo que estoy brindando es una relación que va más allá del taller, del eBook o de la pieza de sonido.

Le aseguro a quien haga el intercambio conmigo que la relación suele ser a largo plazo, que influye en la vida de esa persona tanto como en la mía propia de diferentes formas, que es una relación disfuncional, confusa, caótica, que está resguardada por un montón de temas legales ajenos a mi interés pero que sin los cuales el Estado (aun cuando no es mi mecenas)  no me deja ejercer la experiencia y mucho menos vivir otras experiencias; y que ese intercambio que se produce me permite seguir realizando otros intercambios y generando relaciones.

La relación que establezco con quienes se animan a realizar este intercambio (dinero por relación) es una relación que como cualquier otra confiere dificultades y posibilidades.

Una relación que se establece mediante un encuentro. Una relación en la cual ninguna de las dos partes ejerce poder sobre la otra. Una relación que es monetaria porque esa es la llave para que yo pueda establecer otras relaciones.

No compramos objetos. Compramos relaciones con lo que hay detrás de esos objetos.

En este contexto todos somos ávidos mecenas, basta entender la relación. No hace falta ejercer de mecenas desde el lugar de poder, no hace falta apoyar una causa, a un artista, por obligación, donar unas monedas para que algo siga prestando servicios, reducir los precios para poder generar ingresos.

Se puede aportar a la economía, al intercambio por la simple experiencia de establecer una relación con el otro. Sabiendo que ese artista, ese trabajador podrá establecer otras relaciones haciendo que la rueda siga girando. Que nosotros somos ese artista y a su vez ese trabajador.

Los mecenas como los conocemos ahora, como hasta ahora funcionaron, se están derrumbando. Ellos siempre fueron pocos y a pocos han beneficiado.

En esta época de interconexiones, de relaciones a distancia esa idea de mecenas, esa forma de relacionarnos con el artista, con el trabajador, con quien hace experiencia, está cambiando radicalmente.

Depende de cada uno pensar la forma en la que puede construir esa relación y fomentarla.