[dropcap letter=”M” shape=”square”]e sigue gustando lo que dice, en sus palabras encuentro pensamientos que a su vez me dejan pensando. No hay dogmas, tan sólo preguntas y pensamientos.[/dropcap]

Mi viejo fue la primera persona que me extendió un libro suyo (y eso que mi viejo no es de libros) yo tendría unos 14 – 15 años el libro se llamaba “Carta a las escuelas”.

“ 1 de diciembre de 1978

Todo el movimiento de la vida es un aprender. Jamás hay un instante en que no se esté aprendiendo. Toda acción es un movimiento del aprender, y lo es cada relación. La acumulación de conocimientos, que llamamos aprender, y a la cual nos hallamos tan habituados, es necesaria dentro de un alcance limitado, pero esa limitación nos impide comprendernos a nosotros mismos. El conocimiento es más o menos mensurable, pero en el aprender no hay medida. Esto es realmente muy importante que se comprenda, en especial si uno quiere captar el pleno significado de una vida religiosa. El conocimiento es memoria, y si ha observado usted lo real, el presente no es memoria. La memoria no tiene cabida en la observación. Lo real es lo que verdaderamente está sucediendo. El segundo siguiente es mensurable y éste es el modo en que opera la memoria.

Para observar el movimiento de un insecto se requiere atención – si es que está usted interesado en observar al insecto, o cualquier otra cosa que le interesa. Esta atención tampoco es mensurable. Es responsabilidad del educador comprender toda la naturaleza y estructura de la memoria, observar esta limitación y ayudar al estudiante a que vea esto. Nosotros aprendemos de los libros o de un maestro que posee una gran cantidad de información acerca de un tema determinado, y nuestros cerebros se llenan con esta información. Información acerca de cosas, acerca de la naturaleza, de todo lo que es exterior a nosotros; y cuando queremos aprender sobre nosotros mismos, recurrimos a los libros para que nos enseñen al respecto. Este proceso continúa así interminablemente y, poco a poco, nos convertimos en seres de segunda mano. Este es un hecho observable por todo el mundo, y en esto consiste nuestra moderna educación.

Como lo hemos señalado, el acto de aprender es el acto de la observación pura, y esta observación no se halla retenida dentro de la limitación de la memoria. Nosotros aprendemos a ganarnos la vida, pero jamás vivimos. La capacidad de ganarnos la vida nos ocupa la mayor parte de nuestra existencia; difícilmente tenemos tiempo para otras cosas. Encontramos tiempo para los chismes, para que se nos entretenga, para jugar, pero esto no es vivir. Existe todo un campo que es el verdadero vivir, campo que se encuentra completamente descuidado.

Para aprender el arte de vivir, uno debe disponer de ocio. La palabra ‘ocio’ se interpreta muy mal, como lo dijimos en nuestra tercera carta. Generalmente significa no estar ocupados con las cosas que debemos hacer, como el ganarnos la subsistencia, ir a la oficina, a la fábrica, etcétera, y sólo cuando eso se termina hay ocio, hay tiempo libre. Durante ese llamado ocio lo que ustedes quieren es que se les entretenga, quieren relajarse, desean hacer las cosas que realmente les gusta hacer o que exigen de ustedes la máxima capacidad. El tener que ganarse la subsistencia – sea lo que fuere que hagan – se opone a lo que llaman ocio. Y así siempre hay tensión; tensión y el escapar de esa tensión. Y el ocio existe cuando no hay tensión. Mientras dura ese período de ocio, toman ustedes un diario, abren una novela, charlan, juegan, etcétera. Este es el hecho real, esto es lo que ocurre en todas partes. Ganarse la vida es la negación del vivir.

Llegamos así a la pregunta: ¿Qué es el ocio? El ocio, tal como se le considera, consiste en un respiro de las presiones que origina la lucha por la subsistencia. Esas presiones o cualquier otra presión que se nos impone, la consideramos por lo general como una ausencia de ocio; pero consciente o inconsciente existe dentro de nosotros una presión mayor: el deseo. Examinaremos eso más adelante.

La escuela es un lugar de ocio. Es sólo cuando uno dispone de ocio que puede aprender. Vale decir que el aprender sólo puede tener lugar cuando no hay presión de ninguna clase. Si nos enfrentamos a una serpiente o a un peligro, hay un tipo de aprendizaje que surge de la presión que ejerce el hecho mismo de ese peligro. Aprender bajo esa presión implica cultivo de la memoria, la que luego nos ayudará a reconocer un peligro futuro; y así ello se vuelve una respuesta mecánica.

El ocio implica una mente que no se encuentra ocupada. Es sólo entonces que existe un estado de aprender. La escuela es un lugar para aprender y no meramente un lugar para acumular conocimientos. Esto es realmente muy importante que se comprenda. Como dijimos, el conocimiento es necesario y tiene su propio limitado lugar en la vida. Por desgracia, esta limitación lo ha devorado todo en nuestras vidas y carecemos de espacio para aprender. Estamos tan ocupados con nuestros medios de subsistencia, que esto consume toda la energía del mecanismo del pensamiento, de tal modo que al final del día estamos exhaustos y necesitamos que se nos estimule. Nos recobramos de esta agotadora fatiga mediante el entretenimiento – religioso o de otra clase. Esta es la vida de los seres humanos. Ellos han creado una sociedad que les exige todo su tiempo, todas sus energías, toda su vida. No disponen de ocio para aprender, y así la vida se vuelve mecánica, casi carente de sentido. Debemos, pues, ser muy claros en la comprensión de la palabra ocio – un lapso, un período en que la mente no se halla ocupada en absoluto con cosa alguna. Es el tiempo de la observación. Sólo la mente que no está ocupada puede observar. Una observación libre es el movimiento del aprender. Este libera la mente de su condición mecánica.

¿Puede entonces el maestro, el educador, ayudar al estudiante a comprender por completo esta cuestión de los medios de subsistencia con todas sus presiones? – aprender eso también le ayuda a usted a obtener un trabajo, con todos sus miedos y ansiedades, y a contemplar el mañana sin pavor. Debido a que el maestro mismo ha comprendido la naturaleza del ocio y de la observación pura, ese tener que ganarse la subsistencia no se vuelve una tortura, un tormento a lo largo de toda la vida, y entonces él puede ayudar al estudiante a tener una mente no-mecánica. Es responsabilidad absoluta del maestro cultivar, en el ocio, el florecimiento de la bondad. Por esa razón existen las escuelas. El maestro tiene la responsabilidad de crear una nueva generación, a fin de cambiar la estructura social en cuanto a su total preocupación por los medios de subsistencia. Entonces el enseñar se vuelve un acto sagrado”.

Por ese entonces yo cursaba tercer año de secundaria en el colegio “Mariano Moreno” en Buenos Aires. Entendí de lo que hablaba, mis maestros por aquel entonces, principalmente los del departamento de física abogaban por este tipo de aprendizaje. Me recuerdo realizando experimentos de física en las horas del recreo, me recuerdo jugando al truco, hablando de la vida, tomando mate. Era ese el lugar y esa la función. Así fue como me fueron llevando de la mano por el camino de las historias de la física y de la matemática. Así fue como quedaron en mi memoria nombres, ecuaciones y teorías; por sobre todos los conocimientos, la experiencia compartida, la sensación de estar haciendo nada y estar haciéndolo todo.

Más tarde en un viaje con libro en mano me encontré el siguiente pensamiento, el cuál todavía intento poner en práctica todos los días. Es sumamente complicado de tan simple que es.

“Cuando hacemos un esfuerzo para escuchar, ¿estamos escuchando? Ese esfuerzo mismo, ¿no es una distracción que impide el escuchar? Cuando usted escucha algo que le causa deleite, ¿hace un esfuerzo? […]. No podemos percibir la verdad, ni ver lo falso como falso, mientras nuestra mente está ocupada, de cualquier forma que sea, con el esfuerzo, la comparación, la justificación o la condena […].

El escuchar es, en sí mismo, una acción completa; el puro acto de escuchar trae su propia libertad. Pero ¿estamos realmente interesados en escuchar, en transformar nuestra confusión interna? Si usted escuchara… en el sentido de estar alerta a sus conflictos y contradicciones, sin forzarlos dentro de ningún patrón particular de pensamiento, tal vez estos conflictos y estas contradicciones podrían cesar por completo. Vea, estamos constantemente tratando de ser esto o aquello, de lograr un estado especial, de capturar una clase de experiencia y de evitar otra, de modo tal que la mente está siempre ocupada con algo; jamás está quieta para escuchar el ruido de sus propias luchas y dificultades. Sea sencillo… y no trate de llegar a ser alguna cosa o de capturar alguna experiencia”.
5 de enero; Comentarios sobre el vivir, Series I, II y III – Serie II

 

Jiddu Krishnamurti 12 de mayo de 1895 – 17 de febrero 1986

 

Foto de portada: autor desconocido –  Gallen Kallela