“La llegada de la era inalámbrica hará la guerra imposible, porque hará la guerra ridícula.” Guillermo Marconi 1912

En 1912 la revista norteamericana dedicada a las nuevas tecnologías de la época “Technical World Magazine” publica un artículo acerca de Marconi, que no un artículo escrito por Marconi como muchos otros artículos posteriormente indican. La historia a través de los años a funcionado como un teléfono descompuesto, en cada nuevo artículo acerca de éste artículo de 1912 hay un pedazo que está de más o un pedazo de menos o una interpretación de la reinterpretación, faltan datos, sobran. La historia por sí sola se ha vuelto un pequeño monstruo mitológico.

Amo este tipo de historias acerca de la radio, el sonido y la tecnología. Debo agradecer profundamente a Hugo Chumbita por enseñarme a desenredar historias,  ir a buscar a las fuentes más inverosímiles y leer “antes que nada el contexto”. Nunca hay que leer un fragmento de nada, hay que mirar las hojas, la calidad del papel, buscar las que faltan, si no las encuentras entender por qué tales hojas faltan; es decir, buscar la historia de las hojas faltantes. Ir más allá de lo esperado, quizás incluso para borrar de un plumazo la historia que uno fue a buscar y escribir otra totalmente distinta.

El artículo acerca de Guglielmo Marconi (más conocido como Guillermo Marconi) publicado en la revista “Technical World Magazine” en septiembre de 1912 pertenece a nada más ni nada menos que a el ruso Ivan Ivanovich Narodny.

¿Quién era Ivan Ivanovich Narodny?

Narodny cuyo nombre original era Jaan Sibbul, había nacido en Estonia en 1870.

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Artículo publicado en el New York Times en 1906

Se involucró en la Revolución Rusa a tal punto que en 1906 el New York Times publica una entrevista con él bajo el título “La República de Rusia cerca, declara el líder aquí” en la nota lo definen como uno de los “agentes principales de la Revolución Rusa”.
En la entrevista Narodny cuenta como los soldados cosacos habían matado a su esposa e hijos y quemado su hogar, las decepciones del pueblo ruso frente a las reformas que se habían prometido después del Tratado de Portsmouth, pero que nunca se materializaron y la necesidad de fondos americanos para comprar armas y municiones para el ejército revolucionario que estaban construyendo.

Con 36 años Narodny tenía una docena de alias; el Zar había pedido su cabeza. Esos alias junto con una variedad de disfraces ayudaron a Narodny a escapar de Rusia hacia Estados Unidos en busca de fondos para financiar la revolución.

 

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Portada del The Saturday Evening Post de 1906 en el que se publicó la nota a Ivan Narodny

El 7 de abril de 1907 el periodista Ernest Poole entrevista nuevamente a Narodny para el The Saturday Evening Post titulando la nota “Hasta que Rusia sea libre”.

Hermosa fotografía de Maxim Gorky y León Tostoy, 1900

Hermosa fotografía de Maxim Gorky y León Tolstoi, 1900

Tres días después de la publicación de la entrevista Narodny es mandado a llamar para ser invitado a una cena con el escritor Máximo Gorky

 

 

 

 

 

 


Entiendo amable lector que este artículo en estos tiempos que corren puede resultar largo.
¿A quién puede interesarle una nota realizada en 1912 por un revolucionario ruso a finales del año 2016?

Quédese leyendo, no se vaya.
¿Qué puede usted perder más que un rato de su tiempo en un viaje al 1900?


 

“Dentro de dos generaciones vamos a tener no sólo la telegrafía inalámbrica y telefonía, sino también la transmisión inalámbrica para el uso individual y empresarial, calefacción inalámbrica y luz, y la fertilización de campos inalámbrica. Cuando todo esto se haya logrado -como seguramente ocurrirá- la humanidad estará libre de muchas de las cargas impuestas por las actuales condiciones económicas.
En la era inalámbrica, el gobierno necesariamente será el propietario de todas las grandes fuentes de poder, lo que naturalmente hará que los ferrocarriles, las líneas telegráficas y telefónicas, los grandes buques oceánicos y los grandes molinos y fábricas sean propiedad pública. Las grandes corporaciones actuales producirán un estado semi-socialista.
No soy personalmente un socialista, tengo poca fe en cualquier propaganda política, pero creo que el progreso de la invención creará un estado que realizará la mayor parte de los sueños actuales de los socialistas.
La llegada de la era inalámbrica hará la guerra imposible, porque hará la guerra ridícula.
El inventor es el mayor revolucionario del mundo.” Guglielmo Marconi.

El hombre que hizo estas asombrosas predicciones no es un visionario, sino una persona que ya tiene en su haber uno de los mayores logros materiales de los tiempos modernos – Guglielmo Marconi, el inventor del telégrafo inalámbrico.
Estaba hablando con el mago acerca de su gran invención, y escuché encantado cuando abrió ante mí sus planes para el desarrollo futuro de la idea inalámbrica.
Marconi es un hombre de mediana estatura y, aunque de temperamento nervioso y fuerte, permanece fresco y deliberado en su manera. A diferencia del inventor de tradición, está vestido a la moda y tiene la apariencia de un miembro de la clase de ocio de la sociedad. Me aseguró que nunca había escrito una línea para ninguna publicación, ni participó en ninguna disputa científica.

Aunque nació en Bolonia, en Italia, hace treinta y siete años, habla inglés tan perfectamente como lo hace con su lengua materna. Sus ojos azules, cabellos claros y tez clara le dan más la apariencia de un americano que de un italiano. Cuando tenía diecinueve años empezó los experimentos que culminaron en su descubrimiento de la transmisión inalámbrica de energía eléctrica.

“A los veintiún años venía de Italia a Londres y convencí al Departamento de Correos de la posibilidad de mi invento; ya a los veintitrés había hecho mi reputación.
En agosto de 1898, fui invitado a instalar mi sistema inalámbrico entre el yate real Osborne y Osborne House en la Isla de Wight. Por la tarde la reina Victoria quería comunicarse con el entonces Príncipe de Gales, durante sus cruceros en Cowes Bay y el Canal; cuando el Príncipe de Gales envió el primer mensaje al duque de Connaught me preguntó si aquél era el primero que había sido enviado desde suelo inglés: «Oh, no, Su Alteza Real» respondí: «Envié un menaje desde suelo inglés a mis padres en Italia» el príncipe se encogió de hombros.
Eso fue divertido, dramático también, desde el punto de vista de la comedia, que contrasta fuertemente con otra experiencia que tuve – la de enviar el primer mensaje a través del Atlántico. Esto fue el 12 de diciembre de 1901. El mero recuerdo de ello me hace temblar. Puede parecer una historia sencilla para el mundo, pero para mí era una cuestión de vida o muerte. Nunca he contado esta historia antes.”

El señor Marconi hizo una pausa como si estuviera agrupando los hechos en su mente y continuó:

“Aterricé en silencio el 9 de diciembre de 1901 en St. Johns en Terranova, con mis dos ayudantes, el señor Kemp y el señor Paget y puse mis instrumentos en una habitación baja en el antiguo cuartel de Signal Hall, que se encuentra a media milla de la ciudad de St. Johns. Nadie sabía de mis planes y la intención de mi llegada de hacer el experimento sin mucha atención. No era escéptico acerca de la posibilidad de lograr la hazaña, pero temía que alguna imperfección técnica pudiera arruinar todo el experimento. Antes de salir de Inglaterra, había ordenado a mis asistentes que me enviaran una cierta señal a una hora fija cada día. Esta señal iba a ser enviada desde Poldhu en Cornwall, el extremo más al suroeste de Inglaterra. La pregunta era: ¿Podría recibir desde Newfoundland algunas de las ondas eléctricas producidas en Inglaterra? Era una distancia de dos mil millas. Había cableado a mis asistentes a través del agua para comenzar a enviar las señales el 12 de diciembre, a las tres de la tarde, en Inglaterra y continuar hasta las seis de la tarde.
El jueves, 12 de diciembre, llené un globo de hidrógeno de 14 pies y lo envié a través de una espesa niebla. Tuvimos éxito en mantenerlo a una elevación de unos cuatrocientos metros ahí fue cuando me preparé para la prueba crucial.
Al mediodía esperaba con un auricular en el oído, con el corazón latiendo rápidamente, utilicé el teléfono en mis experimentos simplemente para oír el más leve chasquido del habitual instrumento receptor. En la mesa ante mí estaba el sensible instrumento de recepción – la corona de todos mis trabajos y triunfos- y un alambre que conectaba con la cometa, que se podía ver moviéndose en el aire, era más bien un día difícil y desfavorable para un experimento; escuché el monótono rugido del océano, la base del acantilado, mientras contemplaba como el agua se movía hacia el este, y pensaba en las dos mil millas de distancia, mi corazón se hacía pesado, y la venida de un misterioso mensaje parecía casi imposible.
Me quedé esperando una hora sin sonido alguno, excepto el mar rugiente que rompía el silencio. Entonces de repente oí el tapper como golpeó contra el cohesor. Escuché, mi mano temblando de emoción. Oí los tres clics bajos que significaban la letra S en el sistema telegráfico de Morse: mis ayudantes, el señor Kemp y el señor Paget, estaban en la otra habitación y sin poder controlarme exclamé: «Caballeros, ¿escucharon?». La pregunta se resolvió y experimenté una sensación de la mayor alegría. Media hora más tarde, se recibieron otras repeticiones de la señal.
Cuando caminaba por la colina hacia la ciudad me sentí orgulloso de haber forjado la mayor maravilla de la ciencia eléctrica.

Aunque la mayoría de la gente sabe acerca de la telegrafía inalámbrica y la transmisión inalámbrica, no parecen entender los principios fundamentales de esta, quizás, la invención más revolucionaria.

Vibraciones etéricas de cuatrocientos billones de ondas en un segundo producen luz roja, dos veces: violeta, pero las vibraciones de doscientos millones por segundo producen las ondas que llevan el mensaje inalámbrico. La electricidad estática del éter es energizada por la corriente oscilante enviada hacia arriba y hacia abajo por el cable de la antena del telégrafo inalámbrico y se difunde a través del espacio. Suministrada por un generador ordinario de corriente alterna, con una potencia de 30 kilovatios, con un voltaje de unos 2.000. Mediante transformadores especiales y condensadores, la presión eléctrica se incrementa a cincuenta mil voltios, o incluso más. Los terminales del transformador están conectados con dos esferas metálicas, una de las cuales está conectada con los alambres perpendiculares y la otra con el suelo. En el circuito cerrado las esferas se cargan. La descarga de esas esferas es oscilatoria y irradian ondas eléctricas en el éter en todas las direcciones. Algunas de estas ondas vibratorias se deslizan por el espacio hasta la estación correspondiente, donde atacan los cables en conexión con el instrumento receptor.

Una simple ilustración de la acción de estas ondas éter es la de arrojar una piedra en un lago plácido. Se crea una serie de ondulaciones que se extienden en círculos. Cualquier pequeño trozo de madera que pueda estar flotando sobre la superficie se balanceará hacia arriba y hacia abajo en cada ondulación consecutiva. Este es el principio de toda transmisión inalámbrica, ya sea de envío, sonido, calor o energía. La diferencia está solamente en la longitud de la onda y en la velocidad de su oscilación.

Ninguna invención ha tenido una oposición más amarga que la telegrafía inalámbrica. Ha sido dirigido también los celos generalizados y la animosidad contra el inventor. Me han atacado de manera más agresiva en todas las formas posibles por personas que tienen miedo de mi invención revolucionaria. La razón de esto es muy simple.

Cerca de cuatrocientos millones de dólares se invierten en sistemas de cables submarinos en varios países del mundo y el doble de cables en tierra. Cuando mi sistema inalámbrico tenga éxito la vasta red de cables y cables se convertirá en algo inútil; y el dinero invertido en el viejo sistema será simplemente desechado. Es un punto vital de las empresas que han invertido en el sistema antiguo y que me están haciendo todos los problemas posibles.

Un cable a través del Atlántico cuesta cuatro millones de dólares y requiere reparaciones constantes, yo puedo equipar estaciones en ambos lados del océano por menos de ciento cincuenta mil dólares. El gasto posterior de mantener estas estaciones, en comparación con los sistemas de cable, sería muy pequeño y estas estaciones serían capaces de transmitir con un instrumento unas veinte palabras por minuto y puedo tener cien o más instrumentos trabajando desde la misma estación. 

Es cierto, que hay muchas empresas que compiten con la mía, todos trabajando de forma independiente, pero creo que es sólo cuestión de tiempo que se consoliden en una unión inalámbrica internacional.

Un paso más en el progreso hacia la iluminación inalámbrica, calefacción y transmisión. Cada uno de estos sistemas se basa en el mismo principio que la telegrafía inalámbrica, solo los instrumentos transmisores y receptores son los que cambian pero el principio es el mismo. El denominado transmisor de aumento de alto potencial es el instrumento que se aplica en estos nuevos sistemas inalámbricos de energía eléctrica.

Las terminales de generación de la energía inalámbrica tendrán que ser propiedad de los gobiernos estatales, las ondas serán enviadas a los consumidores con varios grados de potencia. Algunas de las ondas se utilizarán para fines dinámicos, otras para la iluminación, calefacción, fertilización de campos y, posiblemente, para fines militares. El agua y la energía eólica también se utilizarán con fines de generación de energía eléctrica. Por ejemplo el Niágara cuya energía hidráulica es propiedad de Nueva York  sería capaz de enviar cada hora ciento cincuenta millones de caballos de fuerza en ondas eléctricas, de las cuales veinte millones se utilizarían para molinos, tiendas, ferrocarriles, tráfico en las ciudades y para los hogares.  Se consumirían diez millones para la iluminación y treinta millones para la calefacción y la fertilización dentro de los límites del Estado. Quedando entonces ochenta millones de caballos de fuerza libres que podrían ser vendidos a otros Estados.

Mediante este método será mucho más sencillo manejar la energía inalámbrica que el vapor y la electricidad en su forma actual.
Tan pronto como el uso de la energía inalámbrica se vuelva universal, necesariamente barrerá a todas las corporaciones privilegiadas de poder actuales y creará un estado semi-socialista. En el futuro el gobierno será el dueño de toda la energía.

Esto hará naturalmente los ferrocarriles, la telegrafía, el teléfono, y los molinos una propiedad pública. El principal problema con toda la fricción económica de hoy es que la energía puede ser propiedad de ciertos individuos privilegiados, que la usan para sus propios fines egoístas pero no para el beneficio de la humanidad “. Guglielmo Marconi

“Los planes de Marconi para el mundo” por Ivan Ivanovich Narodny 1912 – Technical World Magazine

Después de leer estas palabras ¿usted siente lo mismo que yo? de repente el viento viene hacia mi cara. Año 2016, el futuro de Marconi no es como se esperaba, las empresas siguen teniendo el mismo miedo, tal es así que yo hoy después de un mes y medio sin Internet estoy esperando que vengan a cambiar los cables. No es broma, tocan a la puerta y creo que es el técnico, pero no. Ilusa de mí. N° de reclamo 38675243 sigue abierto y la operadora me avisa que el ajuste de saldo -por un mes sin Internet- es de $4 USD a mi favor. Qué lejos de la idea de Marconi y la esperanza de Narodny.

Pero por algo suceden las historias, encontrarme con esta historia para mí es maravilloso, nadie más que Narodny con cabeza pedida por el Zar y sus innumerables nombres podía transcribir una conversación tan pura y confidencial como la que tuvo con Marconi.

Aquí dejo la revista entera publicada en 1912, es para mirarla con delicadeza. Entre otros artículos aparte del de Narodny aparece un artículo titulado “Moving pictures for the amateur” acerca de las fotografías en movimiento -el nuevo cine- por Frederick Talbot (recomiendo leerlo), hermosas fotografías de la época y noticias (en posteriores ediciones de la revista se puede ver un gran artículo acerca de la Revolución Mexicana)

Sin duda alguna hay que agradecer a la página archive.org por tener estos materiales tan bien clasificados y ponerlos a disposición para la consulta, esta nota no hubiese sido posible sin ellos.

Justamente hoy 16/11/2016 se está realizando la charla Cloud Culture: Digital collections and the public domain con motivo del 100 aniversario de Dada en el centro swissnex San Francisco.

El encuentro tiene como tema el  libre acceso a la información, el arte y las imágenes a través del dominio público y cómo este ha democratizado el intercambio y el desarrollo del arte y las ideas. La discusión que tiene como protagonistas a  Sabine Himmelsbach directora del centro House of Electronic Arts Basel y a Mark Graham director del proyecto Wayback Machine, profundiza en preguntas como: ¿Qué pueden revelar las humanidades digitales sobre obras de arte o movimientos históricos, como Dada? ¿Cómo respetamos el contexto histórico de las imágenes, obras de arte e ideas cuando se reconfiguran para un archivo digital? ¿Cómo conservamos la integridad y el patrimonio cultural de una obra, una idea o un movimiento a la luz de estos acontecimientos?

Un agradecimiento final a usted lector por quedarse, aunque el artículo fue largo, confiar y dejarse llevar por la experiencia.