[dropcap letter=”E” shape=”square”]l ser humano ha tenido desde siempre la necesidad de conocer su pasado y de conservar las vivencias del presente para poder transmitirlas. Se dice que “La historia puede definirse como la ciencia de la memoria” y esta memoria a lo largo de la historia de la humanidad ha sido y es acumulada y transferida por diversos medios.[/dropcap]

Desde la memoria oral a la invención de la escritura en las distintas culturas, hasta la utilización de las nuevas tecnologías, hemos estado recabando, documentando, almacenando y transmitiendo información para contar la historia.

Hoy contar la historia no pasa simplemente por un libro escrito o una tabla o un pergamino; la historia se cuenta a través de la radio, de la televisión, de Internet hasta desde un cartel pegado a un autobús.

Las formas de registrar nuestro presente han cambiado y se han multiplicado y no sólo eso sino que además la cantidad de personas que participan en la obtención, documentación, almacenamiento y transmisión de la historia es cada vez mayor, incluso ahora es más fácil el intercambio y difusión de esa información. Sin embargo, los sonidos que forman parte fundamental en esta transformación de las nuevas formas de registrar y contar la historia han quedado relegados a jugar un papel secundario.

Tenemos información de cómo vivía el ser humano en el Paleolítico, pinturas, huesos, sitios arqueológicos nos dan datos precisos, pero poco sabemos de cómo se oían los sonidos, cómo eran los paisajes sonoros de la época.

Existe una ciencia denominada Arqueoacústica que centra sus estudios en el papel que juegan los sonidos en el comportamiento humano a través de la historia de la humanidad.

Desde tiempo remotos cuevas, templos, espacios sagrados prehistóricos, tumbas megalíticas, iglesias, edificios, sitios al aire libre han sido utilizados por sus características acústicas y sus cualidades sonoras especiales.

El pueblo Maya en México tenía un amplio conocimiento de las características de los sonidos, así mismo un desarrollo profundo de la escucha y por ende de la imitación.

“El variado espectro auditivo de los mayas también se puede estudiar en los diccionarios realizados por los españoles, como por ejemplo, en el caso de los tzeltales de Copanaguastla, donde se describen sonidos vinculados con las estridencias, roces, graznidos y murmullos de animales, maderas, piedras o cosas que se rozan o quiebran, o de las que se extraen sonidos musicales (incluso diferenciando éstos según el utensilio con que se les arranca el sonido y clasificando además la suavidad, estridencia e incluso la ‘soberbia’ del sonido obtenido). En cuanto a los sonidos que desprende el cuerpo humano, aparecen en múltiples entradas. Se especifica el ruido que hace la gente que pasa, se emplean voces que dan cuenta desde el rumor sordo comparable al que provocan el fluir del agua o el correr del viento (tinitet), hasta el transcurrir del gentío sobre la tierra, el murmullo ‘descomedido’ que provoca una multitud (cunan: juntarse, amontonarse) que hormiguea (tictonet), bulle (nic) y se atropella (Ruz, 1995: 46). En el caso de los animales, las aves, por ejemplo, cuyos gorjeos, cantos o graznidos era importante conocer, ya que sabemos que se acostumbraba imitarlas para atraerlas hacia el cazador (en busca de sus carnes o sus plumas).

Familia Lol, paraje de Chakte’ (1989).

En el registro de la historia sonora de la humanidad pocos son los interesados en recolectar sonidos como documentos para contar la historia, más allá de los sucesos sonoros de relevancia convencional (discursos, reportajes, música, etc.)

El sonido ha perdido valor frente a la palabra, el paisaje sonoro a nuestro alrededor se desdibuja frente al discurso y su significado. Sin embargo cuando escuchamos una grabación antigua, no sólo nos sentimos atrapados por las palabras, el todo de esa grabación nos cuenta la historia. Desde el formato de grabación y reproducción (un cilindro de cera, un disco vinilo, un fonógrafo, etc.) hasta los sonidos que vamos descubriendo de fondo.

En el arte de la reproducción esos sonidos toman una significación importante, tal es así que existen formas, dentro de las nuevas tecnologías, para hacer que suene a viejo. Pero por extraño que parezca cuando pensamos en registrar un hecho sonoro nos preocupan los sonidos que están de más, los borramos, nos deshacemos de ellos, los enmascaramos bajo el título de ruidos.

El ensayo sobre la economía política de la música titulado Ruidos”  del economista Jacques Attali comienza con la siguiente reflexión:

Desde hace veinticinco siglos el saber occidental intenta ver el mundo.Todavía no ha comprendido que el mundo no se mira, se oye. No se lee, se escucha. Nuestra ciencia siempre ha querido supervisar, contar, abstraer y castrar los sentidos, olvidando que la vida es ruidosa y que sólo la muerte es silenciosa: ruidos del trabajo, ruidos de los hombres y ruidos de las bestias. Ruidos comprados, vendidos o prohibidos. No ocurre nada esencial en donde el ruido no esté presente.” Jacques Attali


Conocer a una sociedad a través de sus ruidos, sus sonidos, sus paisajes sonoros como indica Michel Chión en su libro titulado El sonido”.

Uno de los sonidos grabados más antiguos que se puedan oír hoy en día es la voz de Gustave Eiffel grabada el 11 de febrero de 1891 mediante un fonógrafo de cilindros en el cual Eiffel declama un poema titulado “L’ acacia”.

¡Del año 1891 es el registro sonoro más antiguo al cual tenemos acceso!. ¿Qué ha pasado con el mundo sonoro anterior al 1900?

Sólo nos separan 119 años de esa grabación.

¿Cómo sonaba el mundo? ¿Cuántos sonidos han desaparecido que no conocemos?

Por otra parte hay que tener en cuenta que Eiffel era un personaje importante en esa época, tenía acceso a las nuevas tecnologías (el fonógrafo) y se podía dar el gusto de declamar y ser registrado, pero ¿y los otros sonidos?. Los sonidos comunes, los cotidianos, no fueron registrados y de ellos sólo han quedado huellas en poemas y escritos.
En el artículo El mundo es un paisaje sonoro mencioné la importancia del paisaje sonoro como documento que nos puede hablar de la situación política, económica, tecnológica y hasta ecológica de un determinado lugar la idea de Barry Truax continúa vigente.

“…la idea de que el sonido de una localidad particular (sus tónicas,señales sonoras y marcas sonoras) -al igual que la arquitectura local, sus costumbres y vestimenta- puede expresar la identidad de una comunidad, al punto de que los pueblos pueden reconocerse y distinguirse por sus paisajes sonoros. Lamentablemente, desde la revolución industrial, hay una cantidad cada vez mayor de paisajes sonoros únicos que o bien han desaparecido completamente o se han sumergido dentro de una nube de ruido homogéneo y anónimo que constituye el paisaje sonoro de las ciudades contemporáneas, con su omnipresente tónica: el tráfico.”  Barry Truax

Pero para analizar el tema de la importancia de los sonidos en nuestra historia y en la sociedad es importante analizar primero el tema de la escucha.

“Mediante hábitos determinados culturalmente, los seres humanos se proyectan a sí mismos sobre sonidos…No es el mundo el que nos proporciona objetos a oir, sino más bien nuestro conocimiento empírico el que crea el mundo y la forma en que oímos el ruido, la naturaleza y la música” ¿Cómo oímos lo que oímos?, esta pregunta ha sido y sigue siendo parte fundamental de muchas investigaciones y escritos sobre el tema, desde Pierre Shaeffer, John Cage, Barry Truax y muchos otras y otros se han planteado esta pregunta. Pero la artista, acordeonista y compositora, Pauline Oliveros no sólo ha planteado la pregunta sino que abre un espacio para experimentar las formas de escuchar el mundo desde otras perspectivas, desde la “escucha profunda”.

Desde el Instituto de escucha profunda Deep Listening Institute, del cual es fundadora, promueve un enfoque distinto a los modos de escucha.

El Deep Listening es una práctica desarrollada por la compositora Pauline Oliveros en la que se distingue el carácter involuntario de la audición y el carácter voluntario y selectivo de la escucha. Por medio de talleres, meditación, retiros e interacción de los sonidos a través de las nuevas tecnologías el Deep Listening nos proporciona otras formas practicables de escucha. El resultado de dicha práctica es el reconocimiento de los sonidos a otros niveles que proporcionan nuevas herramientas para explorar e interactuar con los sonidos ambientales e instrumentales en el ambiente artístico musical que tiene como eje la improvisación.

Como hemos estado viendo tanto el registro de sonidos como la escucha de los mismos es motivo de continuo análisis a través de diversas ciencias, del arte y de la historia. Sin embargo el hecho de escuchar es algo innato en el ser humano, propio de los animales, se encuentra inscrito en nuestros genes como un modo de percibir el mundo que nos rodea. Es algo que hacemos todos los días como abrir los ojos al levantarnos; aunque hay que aclarar que nuestros oídos permaneces abiertos todo el tiempo.

Al comienzo de este escrito hablaba sobre la importancia cada vez mayor que el ser humano le asigna a la información y cómo ésta es difundida por diversos medios en cantidades cada vez mayores. Hoy en día nosotros somos los que generamos la historia y a su vez tenemos la posibilidad de “escribirla”.

Nosotros somos los responsables de documentar esa historia y esa documentación no sólo pasa por coleccionar artículos, escribir libros, sacar fotografías, grabar imágenes, el registro y clasificación de los sonidos que nos rodean son documentos tan o más importantes como los demás.

Una fotografía necesita de un encuadre, que puede dejar de lado parte de la imagen, cuando uno prende una grabadora y registra un sonido no puede dejar otros sonidos fuera del encuadre. En mi intento de reflexionar sobre los medios de comunicación y sobre quiénes formamos parte de esos medios y las posibilidades que esos medios nos brindan, en este intento de ver a las radios comunitarias ( incluyo a todos los medios comunitarios, no sólo a las radios) formadas por la sociedad en lugares específicos, en sitios alejados, que cuentan otras perspectivas que las que comúnmente se encuentran en los grandes medios de comunicación, hago un alto y me siento a pensar en “Nosotros como contadores de historias”, en “Nosotros como recolectores de documentos para contar nuestra historia” y en la inmensa posibilidad que nos brindan las nuevas tecnologías de registrar nuestro entorno próximo y darlo a conocer.

En cualquier lugar del mundo hay vida haciendo ruido y ese es un documento invaluable.

A lo largo de mi trabajo con radios comunitarias me he dado cuenta de que pocas veces nos sentamos a pensar que nuestra radio en nuestra comunidad debería contar con una fonoteca realizada por la propia comunidad, la cual resguarde los sonidos propios de esa comunidad, sonidos que cuentan nuestra historia y con sonido no sólo nos referimos a entrevistas, sino también a paisajes sonoros; a esas fotografías que se esfuman.

No es necesario tener un radio para fomentar esta práctica, este convertirse en “cuidadores de sonidos” es algo que podemos hacer todos, en bibliotecas, escuelas, individualmente, por Internet, etc.

Hoy en día existen una cantidad enorme de lugares a los que podemos aportar libremente documentos sonoros, aquí dejo algunos, sólo algunos de esos sitios y proyectos para que sean utilizados por comunicadores, estudiantes, músicos, artistas y para que cada vez seamos más los contadores, cuidadores y diseminadores de sonidos que cuenten nuestras propias historias.
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Soundtransit
soundscapeartist

Sound Bum

Sonumapa

sonido de Rosario

NorthField phonography

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Host Radio

Freesound

European Sound Delta

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Archivo sonoro

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Este artículo se publicó en la revista Sonograma N°7 2010