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6 de la mañana de un domingo, los perros aúllan, los fuegos artificiales se desvanecen en el aire. Es 4 de octubre de 2015. No hay nada que me indique a qué se deben estos sonidos. 6:01am.

Comienza el sonido lento y pesado de la campana de la iglesia principal, iglesia que queda del lado derecho de mi casa en pleno centro del pueblo; casi al unísono comienza el lento sonido de la otra campana perteneciente a otra iglesia más alejada, hacia la parte izquierda de mi casa. Se forma un estéreo de sonido pesado y monótono que dura unos cuantos minutos, que acalla a los perros pero no acalla los fuegos artificiales.

Mis oídos sitúan los dos campanarios, es la primera vez que los escucho tan claros a los dos, no hay una superposición, un sonido es el eco del otro. La experiencia es dulce y encierra historias acerca del sonido.

Pienso entonces en la Alta Edad Media cuando cambia el sistema horario utilizado hasta el momento relacionado con el reloj hidráulico; a partir de ese momento el día se dividirá en siete partes, siete momentos en la jornada que estarán relacionados con Dios.

Así Dios y el Diablo dividen el día de 24 horas en cuatro partes; en cuatro cuadrantes. Prima al salir el sol y donde las campanas tocarán tan sólo un golpe, Tercia a media mañana dónde se oirán dos golpes de campana, Sexta al mediodía anunciada por tres golpes y Nona a media tarde. Todas ellas llamadas horas menores porque no es necesario acudir a la iglesia.

El responsable de anunciar la hora a la comunidad en su momento era el abad.

“El cargo de sonar la obra de Dios, tanto de día como de noche, corresponderá al abad, que lo ejercerá por sí mismo o lo confiará a un hermano tan cuidadoso que todo se haga a las horas reglamentarias”.

San Benito1 recomienda que en caso de que se delegue la tarea, se muestre sumo cuidado en la regularidad y la precisión del control del tiempo en el monasterio.

Controlar el anuncio del tiempo, el sonido de las campanas refleja el poder de la iglesia sobre la comunidad. Lo que suena no es el tiempo mundano es el tiempo de Dios.

Así es como se imponen las horas canónicas como marcas de la medida del tiempo en la jornada diaria y se suprimen otros métodos tradicionales de medir el tiempo como los relojes hidráulicos, el reloj olfativo2, el movimiento de los astros, etc. En este nuevo contexto fue necesario imponer un nuevo instrumento, el cual marcará la relación con el tiempo en la cultura occidental; ese instrumento es nada más ni nada menos que “la campana”.

En esta noche de comienzos del otoño, a las campanas y los fuegos artificiales se les suma el canto del gallo que sin enterarse del santoral, anuncia las primeras luces del sol. Yo, mientras tanto, entre gallos y campanas sigo dando vueltas al asunto.

En la Alta Edad Media la influencia del sonido de las campanas en la vida cotidiana es enorme tanto así que según Juan de Garlandia, teólogo medieval inglés, la etimología de la palabra “campana” (campane) está relacionada con la palabra campo y campesinos– “Quienes no saben estimar las horas sino por el sonido de las campanas3–  es el sonido de dichas campanas el que marca la jornada laboral y el paso del tiempo diario.

Así es como un sonido tan característico permea el propio tiempo para el cual fue diseñado; pienso en esto mientras escucho ese pesado instrumento sonoro. Es probable, aventuro, que ese haya sido el primer sonido diseñado, el primer diseño sonoro occidental.

Estoy escribiendo estas líneas ya pasados 19 minutos de la Sexta hora canónica, han sonado los golpes de las campanas de la iglesia central del pueblo (que ya no son tres golpes sino doce). Es domingo y tengo que limpiar la casa, hay ciertos ritos mundanos necesarios; y  es entonces cuando no puedo dejar de pensar en la campana que da comienzo el séptimo disco de estudio de AC/DC, Back in Black. Hace poco estuve hablando de esa campana, que tiene su propia historia reservada. AC/DC aliado fundamental a la hora de la limpieza de toda buena ama de casa.

Subo el sonido de los altavoces y ahí está ella con su peso de más de 900 kilos acompañada del sonido de Angus Young. Estos son los tiempos que corren y yo me quedo con el sonido del Diablo.

Foto de portada: Fundidora John Taylor Bell & CO.

1San Benito fundador de la orden de los benedictinos que estableció los monasterios basados en la autarquía.

2 Al parecer según un escrito de 1782 del relojero Prince le Jeune; los moré del Amazonas, para impregnarse de los olores del tiempo, cierran los ojos y, después de un breve silencio, establecen la fecha del nuevo año. Al parecen no es la única cultura que rege el tiempo a través del olfato, los cingaleses miden el transcurso del tiempo en verano mediante una flor que se abre regularmente cada día antes del anochecer.

3Attali Jacques, Historias del Tiempo, 1982.