[dropcap letter=”D” shape=”square”]esde hace ya varios años es común encontrar la siguiente expresión frente a los medios de comunicación:
-La radio ha perdido….
-La televisión ya no es…
-El cine no tiene más…[/dropcap]

Lo nuevo.

Al parecer la mejor opción está en el cambio, en lo que se renueva. No estoy en contra de esta suposición, pero tampoco creo que esté totalmente acertada.

Creo que el cuidado está no sólo en lo que hacemos sino en cómo lo hacemos. Hablemos entonces de sonidos.

Más allá del ámbito tecnológico y de contenido a mi parecer hay un punto fundamenta que no se analiza detenidamente en casi ningún medio que requiera del aspecto sonoro. No importa si estamos hablando de radio, televisión, videojuegos, cine, etc.

Nunca se habla de la delicadeza del fenómeno físico que estamos tratando.

Cuando hablamos de sonido estamos hablando a su vez de percepciones. Esto es algo muy peculiar porque implica entender que nuestro cerebro toma decisiones basadas en el análisis minucioso de pequeñas diferencias de información que es enviada a través de los diferentes sentidos.

Son sutiles diferencias las que hacen que tengamos frío o calor. Si tan sólo tenemos en cuenta que la temperatura óptima para el funcionamiento de los procesos fisiológicos de nuestro cuerpo se encuentra entre los 36C°, 36,5C°, 37C°; y que la temperatura por arriba de los 38°C ya es un síntoma de una infección o una enfermedad, nos daremos cuenta que estamos hablando de diferencias mínimas que conducen a procesos, percepciones y conclusiones por parte de nuestro cuerpo y nuestro cerebro.

Pero no voy a hablar de cómo percibimos los sonidos, sino que me gustará hablar de lo que hace que un sonido/audio nos resulte interesante y otros sonidos/audios no.

Estamos acostumbrados a pensar que la calidad de audio tan sólo pasa por el formato de un audio, si es mp3 o wav por ejemplo, o analizarlos por su contenido, por su discurso y a veces por la forma en la que están grabados y/o editados. Pocas veces nos detenemos a pensar en los detalles.

Para que un sonido/audio realmente sea interesante, en mi opinión, lo que lo hace interesante es la dedicación a los detalles.

Cualquier audio tiene su comienzo mediante  el registro, incluso si ese audio proviene de un software, o si estamos hablando de sonido en vivo.

Cuando hablo de registro estoy hablando de una acción. La primera acción que da paso a que un sonido que se emite por un micrófono se convierta en una señal de audio que puede llegar a ser registrada en un soporte determinado.

El registro es la acción de captar el sonido para transformarlo en un audio, esto puede ser o no un registro permanente.

Cuidar esta acción, el registro, es un primer paso, pero existe otro anterior.

No estoy hablando solamente de registrar un sonido con los micrófonos adecuados, en un ambiente controlado, etc. Existe un paso anterior a estas decisiones: Entender el sonido que queremos registrar.

Entender cómo se está produciendo ese fenómeno sonoro, de dónde viene, qué lo produce, cómo se produce, porqué elegimos ese sonido y no otro para registrar, qué factores cambiarían ese sonido (factores inmediatos y no tan inmediatos, factores externos e internos del sonido), etc.

Pongamos un ejemplo para clarificar mi pensamiento. Imaginemos el sonido de una respiración.
La primera pregunta sería ¿Qué queremos lograr con ese sonido? ¿Qué necesitamos transmitir? A esta pregunta le siguen preguntas como: ¿Cómo tiene que sonar?, etc.

De aquí en adelante se toman las decisiones necesarias. ¿Será una respiración humana? ¿De un animal? ¿Artificial? ¿Provendrá de un enfermo? ¿Estará lejos? ¿Cerca? y todas las preguntas que uno pueda imaginarse.

¿Realmente necesitamos para lograr nuestro cometido narrativo sonoro el registro del sonido de una respiración o la falta de este sonido acentúa esa narración?

Aquí comenzamos a entrar en los detalles.

Cuando las preguntas se vuelven múltiples y menos obvias. Cuando comenzamos a prestar atención no sólo a lo que puede suceder sino también a lo que no sucede. La cosa cambia.

Pensar el aspecto sonoro con este detenimiento, no es cosa sencilla.

Pasemos del registro de un sonido al audio, es decir, a la señal de audio.

Pensemos en la edición de audio, en cada uno de los procesos que se le realizan a un audio, desde la ecualización hasta la compresión, etc.
¿Cómo son de minuciosos estos procesos? ¿Cuándo es mucho y cuándo es poco?
¿Somos capaces de descartar un proyecto de edición de audio simplemente porque uno de esos procesos no encaja?
¿Es válido hacer borrón y cuenta nueva?¿Qué se obtiene del proceso en general?

Aquí comenzamos a entrar en los detalles nuevamente.

Muchas veces no somos conscientes que la validez del audio no pasa por el sonido final, sino por los procesos por los que fuimos pasando. Los pasos que conforman ese proceso. Lo que hemos aprendido de ellos.
Prestar atención no sólo a las formas de edición sino a cómo nosotros reaccionamos frente a esas formas, produce nuevos e interesantes caminos.

Pensemos ahora en la transformación de ese audio en sonido nuevamente.
La transmisión de un sonido no sólo depende del lugar, sino de su forma y de la preparación de esa forma.

El mismo cuidado que uno tiene durante el registro debería tenerlo durante la transmisión. Nuevamente describo a la transmisión como la acción de transmitir un contenido sonoro. Es una acción que produce un montón de preguntas.

La primera pregunta sería ¿Qué queremos lograr con ese sonido?, ¿Qué necesitamos transmitir? A esta pregunta le siguen preguntas como: ¿Cómo tiene que sonar?
De aquí en adelante se toman las decisiones necesarias.

El círculo se cierra y se vuelve más complejo.

La palabra detalle proviene del idioma francés détail; del verbo détailer que significa cortar en pedacitos. El detalle es la menor parte o fragmento de una cosa; de ahí la idea de “entrar en detalle”, en el sentido de discutir cada parte de lago más grande.

Pensar en trabajar el sonido y el audio desde la idea del detalle no es siempre posible de aplicar, sin embargo tener presente esta idea en cada uno de los procedimientos que realizamos es lo que verdaderamente conduce hacia una nueva narrativa y un nuevas formas de comunicación.

Ningún medio de comunicación pierde o gana algo, simplemente es un medio y como todo medio1 es susceptible de transformarse.

De niña tenía un libro para chicos acerca de Pieter Brueghel, era algo impresionante para mí abrir aquel libro, a la vez que me producía terror, me producía fascinación. Pasé años mirando las láminas sin entender lo que me decían. Buscando las formas. Recuerdos los colores, el tacto de cada página, el rojo de la portada. Cada vez que lo abría era un mundo nuevo. Las sensaciones que se producían en mi cerebro eran sumamente complejas. Mundos enteros se despedazaban, se contaban y se cerraban. La historia estaba puesta en los detalles, no en la forma, no en los colores. Podía ser un personaje el que comenzaba la historia, o la cola enroscada de un perro, o un zapato. Siempre cambiaba. Hay detalles que quedaron en mi memoria.

Años más tarde en mi adolescencia descubrí al pintor flamenco Pieter van der Heyden quien sería otro referente del detalle.

 

Ilustración portada: Orgullo (Superbia), de la serie Los siete pecados capitales – Pieter van der Heyden 1558

1Tomada la palabra medio como un espacio físico en que se desarrolla un fenómeno determinado