La palabra Wu Wei bien podría significar “viento”.

Mi vida se encuentra en constante cambio, como la de todos. De repente la idea de situarme desde otro ángulo frente a lo que hago surgió en mí. Utilizo el término de repente desde un aspecto más cercano a la palabra explosión que a la temporalidad de la palabra de repente ya que en realidad la idea, el cambio, se fue produciendo poco a poco de forma muy sutil.

Paso a explicarme. Cuando comencé mi camino por el sonido, el interés estaba centrado en la “comunicación” en el fenómeno “comunicativo”, más tarde mi atención fue virando hacia el “medio de comunicación”, luego hacia “las formas sonoras” y de allí dio un paso a la “experimentación”.

Entonces, los procesos de realización de obras comenzaban con ideas que se transformaban en sonidos. Algunas veces eran las ideas que caían y otras los sonidos surgían de la nada. Incluso muchas veces forzaba los sonidos o las ideas. En esos momentos, de esfuerzo, el trabajo estaba focalizado en forzar a que las ideas encajaran o que los sonidos contasen. Esto solía suceder cuando necesitaba realizar una pieza para tal o cual ocasión.

Cuando uno trabaja desde esa perspectiva se vuelve un cazador furtivo. Si uno busca la definición de “Cazador furtivo” se encontrará con la siguiente frase:

La caza o la pesca fuera de la temporada legalmente establecida.”

Aquí hago un alto para pasar a escuchar la obertura de la ópera “Der Freischütz” de Carl Maria von Weber que muestra con gran dinamismo lo que supone una caza furtiva. Ésta interpretación corrió a cargo de uno de los más interesantes directores de orquesta de nuestro tiempo Rafael Frühbeck de Burgos y la Danmarks Radio SymfoniOrkestre.

La ópera de Weber está inspirada en una colección de historias alemanas llamada “Gespensterbuch” (el libro de los espíritus) de Johann August Apel y Friedrich Laun. La historia está basada en la historia tradicional de un demonio que dota a un tirador con balas mágicas que siempre aciertan.

 

Regresemos a mi relato principal. Desde esta perspectiva de “cazador furtivo” y sin un demonio que me propiciase las balas mágicas, mi relación con los sonidos se encontraba entre la “ocupación” y el “trabajo”.  Aunque formaban parte de mi vida cotidiana, se relacionaban con ella solamente en el “hecho artístico” o “laboral” era algo a lo que dedicaba mi tiempo y mi atención.

Entonces la relación con los sonidos era externa a mí, aunque se producía una relación interna cuando los interpretaba ellos no formaban parte de mi vida cotidiana salvo desde una perspectiva mecánica.

Así fue como me fui llenando de libros y pensamientos de los cuales no reniego pero que de alguna forma fueron nublando mi visión de los sonidos.

Los sonidos eran algo externo a mí. Pasaron a ser “ellos”, pasé a entenderlos, aprenderlos y aprehenderlos.

De ese modo establecía relaciones con ellos. Los escuchaba, los discutía, los desarmaba, los controlaba.

Desde hace algún tiempo a esta parte comencé a entender los sonidos desde otra perspectiva. Aunque la perspectiva práctica es sumamente interesante sentí la necesidad de cambiar de lugar respecto a “ellos”.

¿Y si en lugar de “ellos” y “yo” no había nada? ¿No existe un espacio de separación? ¿Cómo sería mi relación con los sonidos sin esa separación? ¿Sería una relación conmigo misma?

Estas preguntas surgieron a partir de otra pregunta.

¿Cómo puedo estudiar un fenómeno físico que yo misma produzco en todo momento y que sólo puedo llegar a saber de su existencia mediante mi propia percepción?

Hasta ahora ese fenómeno físico aunque se relacionaba conmigo, lo estudiaba como algo externo que tenía influencia en mi forma de percibirlo.

¿Pero si estaba equivocada? si todas esas enseñanzas en realidad no decían absolutamente nada del fenómeno. ¿Cómo podía cambiar mi perspectiva respecto a eso? ¿Cómo podía transformarme y transformar los sonidos?

Allí fue cuando entendí que no podía seguir persiguiendo lo que no se persigue.

 Diseño determinado para el acto 2 (de Lobo Glen) de la ópera Der Freischütz de Carl Maria von Weber, tal como se realizó en 1822 en Weimar, Alemania

Diseño determinado para el acto 2 (de Lobo Glen) de la ópera Der Freischütz de Carl Maria von Weber, tal como se realizó en 1822 en Weimar, Alemania

 

Después de las preguntas vino un estado de absoluta confusión. De hacer por que hay que hacer pero sin saber a dónde dirigir toda esa energía.

Confusión.

“Este termino en su etimología viene del latín ‘confuso’ forma sustantiva abstracta de ‘confusus’ que quiere decir confundido.”

¿Qué es la confusión? ¿Cómo se genera?

Estar confundido es una sensación extraña, los pensamientos se agolpan y se golpean unos con otros. Dentro de la confusión existe el sentimiento de culpabilidad. De no estar haciendo lo “correcto”. La confusión es una mezcla entre lo que “es” y lo que “debería ser”.

Así que yo, yo mismo, soy confusión. No es que me de cuenta de que soy confusión o de que me han dicho que soy confusión sino que el hecho es: yo, como ser humano, vivo en un estado de confusión. ¿Bien? Cualquier acción que haga trae más confusión, ¿verdad? ¿Lo entienden? Así que estoy en un estado de confusión total: toda la lucha para superar esa confusión, para eliminarla, para distanciarme de ella, todo eso ha desaparecido, ¿bien? ¡Me pregunto si eso ha sucedido! Se dan cuenta cuan difícil es para nuestras mentes ser escrupulosas con esto, aprender de ello, ser libres, tener el espacio para aprender. ¿Qué sucede entonces? Soy confusión; no es que me de cuenta de que soy confusión. ¿Ven la diferencia? Soy eso.

Así pues, ¿qué ha sucedido? Todos los movimientos de escape, de tratar de eliminar, han cesado por completo, ¿verdad? Si no es así, no se muevan de ahí. Ante todo uno tiene que estar libre de todos los escapes, los escapes verbales y simbólicos pero quedarse con el hecho de que, como ser humano, está en un estado de confusión, ¿verdad? Así, ¿qué ha sucedido? Somos dos amigos que hablan juntos de esto, no se trata de una terapia de grupo ni nada de todo este sinsentido, tampoco es un análisis psicológico. No es eso. Somos dos personas hablando juntas y decimos que ahora hemos llegado a este punto de manera lógica, racional, sin sentimentalismo, y por tanto, con sensatez. Porque ser sensato es una de las cosas más difíciles. De modo que hemos llegado a este punto: o sea, yo soy esto. ¿Qué ha sucedido en la mente? ¿Lo ven? ¿Podemos seguir a partir de allí?”

J. Krishnamurti Brockwood Park, 3ª Charla Pública, 6 de septiembre de 1980.

Escribo este texto sin pensarlo de antemano, estoy sentada aquí escribiendo y las cosas se van entrelazando.

Soy confusión. No estoy confundida. La confusión no es un estado de la materia, es parte de la materia.

Inmediatamente la vieja pregunta viene a mí : ¿Cómo puedo estudiar un fenómeno físico que yo misma produzco en todo momento y que solo puedo llegar a saber de su existencia mediante mi propia percepción?

Soy sonido como soy confusión. El sonido no es un fenómeno físico externo a mí. El sonido solo puede transformarse conmigo. ¿Se entiende lo que digo? ¿A dónde voy? ¿Podemos seguir a partir de allí?

Darse cuenta de esto no es fácil. Principalmente porque uno no se da cuenta de repente y entonces la nebulosa se aclara. Como ocurre con la confusión, uno puede entender algo, pero no hace que uno esté menos confundido.

Hagamos un alto; escuchemos jazz.

Meandering apareció por primera vez en el disco Charlie Parker’s Savoy and Dial sessions grabado entre 1945 y 1948, la canción está basada en una canción popular de jazz titulada Embraceable You escrita en 1928.

“Music is your own experience, your own thoughts, your wisdom. If you don’t live it, it won’t come out your horn. They teach you there’s a boundary line to music. But, man, there’s no boundary line to art.”

La música es tu propia experiencia, tus propios pensamientos, tu sabiduría. Si no la vives, no brotará de tu instrumento. Te enseñan que hay un límite para la música. Pero, hombre, no hay un límite para el arte.”

Quizás sea una de las citas más famosas de Charlie Parker.

Tu propia experiencia, tus propios pensamientos, tu sabiduría.

Recuerdo una vez que mi padre me hizo ver una película acerca de los bateristas más famosos de jazz. No recuerdo bien qué edad tenía yo exactamente pero estaba completando mi adolescencia. No entendía nada de jazz, incluso lo poco que había entendido de niña cuando escuchaba el piano de Thelinious Monk, se me había olvidado.

Primero puse cara de que eso no me va a gustar, segundo dije que no entendía el ritmo. Mi padre simplemente me contestó que no había nada que entender.

En cuanto me dejé de esforzar por entender el jazz vino a mi y desde ese entonces no he dejado de escucharlo. ¿Por qué? ¿Qué pasó?

Flor

El concepto oriental de Wu-Wei es traducido como la no-acción, inacción.

En la inacción no hay esfuerzo, es natural. Al contrario, si pretendemos estar sin hacer nada, hay esfuerzo. Cuando la gente se sienta a meditar en muchas ocasiones están tratando de no hacer nada. Y la sola cuestión de tratar hace de la meditación algo inalcanzable.

Cuando estamos inactivos, por el contrario, no hay esfuerzo alguno. La inactividad viene tras un proceso de relajación y abandono, no tras un proceso en el que intentamos imponernos a nosotros mismos algo. La inmovilidad perfecta solo puede coexistir con una perfecta relajación. Así se llega al Wu Wei, a la inacción, a través del camino de la relajación y el abandono de si mismo.
La flor, durante la floración esta en Wu Wei, no hace nada, simplemente es una flor, y florece.

Pero es difícil estar inactivos. Lograr esa inactividad- activa.

La vez pasada en el 1°encuentro “Para escuchar con audífonos” hablábamos de cómo nos hemos convertido en jefes de nosotros mismos. Cómo lo define el filósofo Byung-Chul Han en su libro ‘La sociedad del cansancio’ hemos pasado de ser sujetos de obediencia como lo define; (obediencia al jefe, a la iglesia, al gobierno, al mandato familiar, etc.) a sujetos de rendimiento.

 Este planteamiento es interesante porque según él antes estábamos obligados “por otros” a hacer cosas (trabajar, creer, estudiar, ejercitar, etc.) y ahora “nosotros” somos quienes nos obligamos a hacer.

“El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra contra sí mismo. Libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o lo explote, sometido solo a sí mismo,  “el sujeto de rendimiento se abandona a la libertad obligada o la libre obligación de maximizar su rendimiento.”

¿Cuando fue que perdí el control frente a los sonidos? ¿Cuándo olvidé que formaban parte de lo que soy yo y se convirtieron en “ellos”; en un rendimiento a largo y corto plazo?

Por eso decidí realizar el encuentro “Para escuchar con audífonos” una forma de encontrarme desde otra perspectiva frente a los sonidos.

Dejarse llevar por los sonidos, por lo que es el sonido. Tratar de entender todas las mañanas que ese fenómeno no está fuera de nosotros. Que cualquier cosa que hagamos hoy afectará cómo percibimos los sonidos mañana o en el instante próximo.

Ya no se trata de como soy yo estoy frente a ellos.  Se trata de que el sonido soy yo. A veces estamos malhumorados, a veces se nos da por escribir (como hoy) a veces simplemente por aparecer de repente.

Los sonidos son  parte de nuestro ritmo cotidiano, nuestra forma de escucha es nuestro propio sonido. Está dada por nuestros propios sonidos, por nuestra memoria. Una memoria tan anciana que va más allá de la humanidad. Una memoria que se formó cuando no había nada en el universo. Cuando el universo era inmóvil y de repente explotó de mil maneras.

Betty Carter por si no se te mueven los sonidos que tienes dentro.

 

Foto de portada: El 33º Swing Festival, mayo de 1973.