Este post es parte de la serie titulada: Las piezas y su historia

Otros post de esta serie:

  1. Luba. Las piezas y su historia.
  2. Ex Nihilo Nihil Fit. Las piezas y su historia. (Current)
  3. En voz de un volcán. Las piezas y su historia.
  4. A Greater Purpose. Un recorrido por las piezas y su historia.

Era 24 de abril del año 2009 estaba sentada en el escritorio más alejado de la cabina de la radio comunitaria. Frente a mí se abrían paso diversos carretes de cinta magnetofónica y una pesada grabadora de cinta de carrete abierto. Estaba dándome a la tarea de digitalizar grabaciones realizadas en diferentes pueblos de México en los años 60 para una franja horaria que abría la radio.

La noticia resonó por los altavoces de un equipo de sonido bastante destartalado, una compañera de la radio estaba anunciando que se suspendían las clases en todo el país.

“La Secretaría de Salud dio a conocer que el país vive una epidemia de influenza, y determinó suspender las clases en todos los niveles educativos públicos y privados, desde el preescolar hasta las universidades.

Desde la residencia oficial de Los Pinos, el secretario de Salud envió un mensaje por la noche en cadena nacional a la población mexicana, a la que le pidió evitar sitios concurridos o asistir a eventos multitudinarios1”.

En ese momento no éramos más de cinco personas en la radio y debíamos entender qué estaban queriendo decir las noticias para a su vez decir nosotros la noticia. Había que buscar la mayor cantidad de información posible.

La cintas de carrete abierto quedaron abandonadas en una esquina, todos dejaron de realizar las labores cotidianas y entre todos nos pusimos a recabar la mayor información posible, mientras la compañera continuaba en el aire de la radio.

Pasadas unas horas nos dimos cuenta que no había información, que no podíamos armar ningún informe, que no había nada más para decir. Lo único que publicaban los canales oficiales eran cifras de muertos y enfermos; éstos datos eran erróneos, en un canal oficial salía una cifra, en el otro la cifra se triplicaba, en otro se quintuplicaba.

No podíamos dar esa información, y después de una pequeña reunión, se decidió que no era esa la información que había que decir al aire en una pequeña radio comunitaria de un pequeño pueblo de México. Lo único que haría esa información sería asustar a la gente. Nosotros estábamos asustados.

En un momento alguien abrió la puerta de la radio y asomó la cabeza, el pueblo estaba completamente silencioso y era miércoles por la mañana. No había un alma en la calle.

Las imágenes que transmitía la televisión eran calles invadidas por camiones del ejército, los cubrebocas/barbijos se agotaron, la gente tenía fiebre.

Las cifras eran cada vez más dispares, irrisorias, extravagantes. Los países vecinos cerraron fronteras, los aeropuertos aislaban a los pasajeros mexicanos, se suspendían vuelos, se cerraban lugares y desde los medios de comunicación se enseñaba a estornudar correctamente.

Con todo ese tumulto en la cabeza llegué a casa, mi horario había terminado (aunque en una radio comunitaria no existen los horarios), quizás sólo escapé de las noticias. Es probable.

Sentía la necesidad de decir algo, de entender la situación, de que las cosas dejaran de ser tan alarmantes. Estábamos por morir todos de un simple estornudo.

Recuerdo que abrí un libro al azar, uno chiquito de tapa blanca. Lo agarré de la biblioteca sin leer el título ni el autor. Lo abrí como si buscara una palabra en el diccionario. Y la primera frase me dejó petrificada:

“El 31 de febrero, a las nueve y cuarto de la noche, todos los habitantes de la ciudad se convencieron que la muerte es ineludible”

Ahí estaba él; Oliverio Girondo2 siendo más claro que todos los noticieros juntos, siendo más claro que el mundo en ese momento.

No pude más que sentarme leer el texto y ponerme a trabajar.
La primer idea surgió de la necesidad, no podía trabajar con otra cosa que no fuese la voz. Todos sonidos vocales que acompañaran el texto. No podía ser de otra forma, la cosa comenzaba a tener sentido.

La pieza entera estuvo terminada ese mismo día por la madrugada, trabajé sin cesar. La publiqué, la pasamos por la radio, no sé si al día siguiente pero esa misma semana.

Durante todo ese mes el libro de Oliverio Girondo y toda su vida pasó entre mis manos, así fue como elegí otros dos textos para cerrar la experiencia, para cerrar la noticia.

El segundo texto fue “El puro no” al que llamé “Los muchos NO” y finalmente la última pieza “Polillas” basada en el pequeño cuento que comienza diciendo:

“Si hubiera sospechado lo que se siente después de muerto…”

La pieza “25 segundos de vida” recorrió y sigue recorriendo varios lugares. Estuvo en Praga, Creta, Brasil, España, Francia; ahora se encuentra en una exposición en Argentina.

Nunca sabré si se entiende finalmente la historia, o si sólo es una pieza oscura como varios críticos la han descrito. No suelo aclarar de dónde salen las historias. No sé si es necesario saber pero a veces es lindo, a mí me gusta saber la historia detrás de la historia.

Todo el trabajo entero se llamó Ex nihilo nihil fit, nombre complicado si los hay pues nunca lo recuerdo y siempre tengo que volver a mis cuadernos para fijarme cómo se escribe. El álbum fue publicado en el 2009.

Título: Ex nihilo nihil fit
Año: 2009
Autor: Sol Rezza
Textos: Oliverio Girondo
Radio arte/ Radio Experimental

ex nihilo nihil fit

 

Desde aquí se puede descargar el álbum entero: http://radio-arte.com/newave_portfolio/ex-nihilo-nihil-fit/

 

1 Noticias publicada por el diario El Universal e 24 de abril de 2009

2Oliverio Girondo poeta argentino que murió en 1967.
Artículo: diario Página/12 “20 motivos para leer a Girondo”


 

 

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