Este post es parte de la serie titulada: Habitando la Mente

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[dropcap letter=”¿” shape=”square”]Cómo estás? ¿Cómo te sentís?[/dropcap]

Estas dos preguntas son casi automáticas en nuestra sociedad, la primera se transformó en un saludo, la segunda es un interés particular que denota enfermedad.

Las dos preguntas encierran un engaño profundo, tanto quien hace la pregunta como quien la responde están más interesados en un juego de cortesías que en el mero hecho de lo que encierran las respuestas a estas preguntas.

Pensemos siquiera dos minutos qué solemos responder ante un ¿Cómo estás?

Las respuestas más comunes son: bien, aquí andamos, mal, más o menos. Acompañadas por diversos gestos que en realidad rellenan una respuesta a una pregunta tan compleja.

No pretendo cambiar las  formas de cortesía de nuestra época y nuestra sociedad, pero sí hago un alto. ¿y si cada vez que nos preguntan (más allá de nuestra respuesta automática hacia la otra persona) nos preguntamos realmente Cómo estamos?

¿Cómo estamos? ¿Qué sentimos en este momento? ¿Qué pasa con nuestro cuerpo?

Son todas preguntas que es muy difícil hacérnoslas durante la jornada. La cabeza se va con otros pensamientos y no hay alarma posible que despierte nuestras reacciones a no ser que sea sumamente “alarmante”. Como un fuerte dolor de cabeza o un malestar, o quizás en algunas ocasiones, una sensación placentera al extremo.

Pero si la pregunta la hacen otros, casi en automático ¿por qué no aprovechar el momento para detenernos y contestarnos con toda sinceridad?

Conozco gente que por ejemplo no se da cuenta que tiene frío, aunque su cuerpo estornude bruscamente. La señal de alarma pasa casi desapercibida ante el trabajo, ante “lo urgente”.

A cuantos de nosotros nos ha pasado tener la sensación de ir al baño y esperar, esperar tanto que las ganas se han ido u olvidado.

Cuántos de nosotros nos reprochamos el cansancio si nos acabamos de levantar o si es día laboral (incluso cuando no lo es).

El cuerpo nos da un sin fin de señales, sin embargo hemos aprendido a ignorarlas a casi todas.

¿Cómo estamos?

Ante la pregunta hacer un breve repaso por nuestro cuerpo.

¿Cómo contestaríamos a esta pregunta honestamente?

La respuesta honesta a esta pregunta puede darnos varios indicios de cómo se encuentra nuestro cuerpo,  puede brindarnos pautas para reconfortarnos físicamente, nos da la posibilidad de percibir conscientemente nuestro entorno inmediato. Transformar pequeños, minúsculos malestares que pueden cambiar por completo nuestro día; mejorar nuestra postura corporal, invitarnos a levantarnos, sentarnos o simplemente parar por unos minutos.

Una pregunta así nos invita a hacer reset en nuestra cabeza, a tomar un respiro. ¿Por qué no aprovecharla?

¿Cómo estás?