Este post es parte de la serie titulada: Habitando la Mente

Otros post de esta serie:

  1. Respirar es un arte olvidado.
  2. Nuestro cuerpo nunca permanece inmóvil
  3. El sonido de nuestra respiración. (Current)
  4. Ser conscientes del ritmo que nos rodea.
  5. Darnos un respiro.

[dropcap letter=”“H” shape=”square”]abitando la mente” es una nueva sección del blog de radio-arte.com que se encuentra relacionada con el libro digital “Habitando el Sonido – cuaderno de ejercicios para la escucha”[/dropcap]

En esta sección que tendrá lugar una vez por semana denominada “Habitando la Mente” se realizarán algunos ejercicios de relajación a través del sonido para que quien quiera pueda realizarlos sin mayores inconvenientes. Son ejercicios fáciles que tienen como objetivo proponer una mirada diferente acerca de nuestra relación con el sonido, nuestras percepciones y nuestro cuerpo.

Los post estarán conformados de un pequeño artículo junto con un audio con los ejercicios. Recomiendo escuchar el audio en un ambiente relajado, con luz tenue o al aire libre. Todos los ejercicios pueden realizarse en solitario o acompañado.

El sonido de nuestra respiración.

Concentrarse una vez al día en cómo está funcionando nuestro cuerpo, hacer una pausa y reorganizar nuestro cuerpo. Concentrarnos en nuestra respiración nos puede ayudar a reorganizar nuestro día y nuestros tiempos. Despejar la mente y aclarar las ideas.

Desconectarnos por un momento de todo lo cotidiano, de las tareas más urgentes y tener presente nuestro cuerpo; los latidos de nuestro corazón y nuestra respiración es un ejercicio que puede modificar nuestra percepción del entorno y beneficiarnos.

Suele ser muy fácil entrar en una especie de loop de tareas y ocupaciones cotidianas y dejarnos únicamente llevar por ellas hasta que las terminamos, sin pensar en hacer un alto.

Parar, hacer una pausa en medio del día, parece ser algo complicado.

Pero si somos conscientes del beneficio que esto nos puede acarrear puede que esas complicaciones desaparezcan instantáneamente.

Hoy por la mañana luché, literalmente, con la instalación de un software en la computadora, despúes más tarde seguí caminando a contra corriente en la edición de un loop de sonido. Perdí toda la mañana en esas tareas que me dejaron exhausta. El trabajo no avanzaba y yo simplemente me dejé llevar por mis pensamientos.

Esta puede parecer una de esas situaciones simples y cotidianas con las cuales solemos enfrentarnos todos los días.

Una situación que se da en un momento y que desencadena una serie de sentimientos encontrados. Nos cansamos, la mente se agita y la mayoría de las veces no obtenemos resultados.

Perdí toda la mañana, perdí el tiempo, no avancé, no hice, no pude, se me fue el tiempo, etc.

Son frases que todos pensamos por lo menos una vez durante el día, frases duras con nosotros mismos que nos desalientan a continuar, que nos presionan y nos dejan exhaustos de sólo pensarlas.

Sin embargo sabemos que ese pensamiento, perdí el tiempo, no es correcto. Es tan sólo una trampa que realiza nuestro cerebro para con nosotros, una forma que tiene para forzarnos un poco más, para sacar un poco más de energía, para escurrirnos.

Los pensamientos que tenemos durante el día pueden ser nuestros mejores aliados o a veces pueden convertirse en nuestros mayores enemigos.

No hay forma de evitarlos, nos pasa constantemente y nos ocurre a todos. Pocas personas pueden controlar su mente por completo, incluso quienes lo logran hacer no pueden controlar la mente por un período de tiempo prolongado.

La llave no está en controlar la mente, lo que pensamos. La llave está en poder detenernos y concentrar nuestra atención en los pequeños actos que se producen en nuestro cuerpo.

Nuestro cuerpo funciona independientemente de si nosotros prestamos atención a eso que sucede o no. Una pierna se mueve delante de la otra para dar pasos y este simple acto no necesita de la mirada atenta de nuestra concentración. Son actos que nuestro cuerpo y nuestra mente resuelven por sí mismos.

Cuando nos concentramos ante uno de esos actos (ocurren millones por día) somos capaces de entender algo fundamental:

“No existe la pérdida de tiempo”

 

Decirnos a nosotros mismos cosas como: “Perdí el tiempo”. Es desconocer por completo todo ese gran funcionamiento y esfuerzo que hizo nuestro cuerpo para cada uno de los movimientos, pensamiento y funciones.

Detenernos, hacer una pausa. Desconectarnos por un momento de todo lo cotidiano, de las tareas más urgentes y tener presente nuestro cuerpo, los latidos de nuestro corazón y nuestra respiración es una forma de recalibrar nuestros pensamientos. De ser un poco más justos con nosotros y con lo que pensamos durante el día.

Cuando hablamos de escuchar, no solamente estamos hablando de escuchar sonidos externos. Escuchar significa prestar atención. Llevar el foco de atención hacia nosotros mismos y hacia nuestros pensamientos; esa es también una forma de escuchar.

Estos ejercicios son simples y nos ayudarán a destensarnos, a corregir la postura de nuestro cuerpo y a estar predispuestos a practicar una escucha profunda.


 

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