Este post es parte de la serie titulada: Habitando la Mente

Otros post de esta serie:

  1. El sonido de nuestra respiración.
  2. Ser conscientes del ritmo que nos rodea.
  3. Darnos un respiro. (Current)
  4. El silencio.
  5. Estar acompañados.

Habitando la mente” es una nueva sección del blog de radio-arte.com que se encuentra relacionada con el libro digital “Habitando el Sonido – cuaderno de ejercicios para la escucha”

En esta sección que tendrá lugar una vez por semana denominada “Habitando la Mente” se realizarán algunos ejercicios de relajación a través del sonido para que quien quiera pueda realizarlos sin mayores inconvenientes. Son ejercicios fáciles que tienen como objetivo proponer una mirada diferente acerca de nuestra relación con el sonido, nuestras percepciones y nuestro cuerpo.

Los post estarán conformados de un pequeño artículo junto con un audio con los ejercicios. Recomiendo escuchar el audio en un ambiente relajado, con luz tenue o al aire libre. Todos los ejercicios pueden realizarse en solitario o acompañado.

Darnos un respiro.

La mente es un laberinto. Entender lo caminos que puede tomar una idea, más aún, tratar de determinar esos caminos es en sí una idea compleja.

La mente es el órgano encargado de interpretar toda la compleja información que adquieren los demás sentidos. En ella está el poder de interpretar un sonido como una señal de alarma o simplemente como algo que bello que nos otorga satisfacción.

Es la responsable de que frente a hechos concretos surjan nuevos pensamientos, no por nada una de las frases más usadas es “abrí tu mente” o “abrir la mente”. Pero esta invitación o sentencia (según se interprete) no es tan sencilla, la mente no se abre hacia las cosas, sino que busca caminos.

Aquí otra idea interesante acerca de la mente: la mente como un laberinto.

Durante siglos los seres humanos hemos estado interesados en los laberintos. Guardan algo que nos es tan maravilloso, interesante, curioso como tenebroso y angustiante. Principalmente, creo yo, es por esto que los laberintos están íntimamente relacionados con la mente. Es más, se podría decir que quizás la idea de laberinto surge con el análisis del funcionamiento de la mente.

En el prólogo del libro “El libro de los laberintos: historia de un mito y de un símbolo” Umberto Eco en un juego que intenta realizar junto a su amigo Santarcangeli describe la idea de laberinto:

“Si el laberinto fuese solamente un recorrido tortuoso, el antilaberinto sería un recorrido sencillo y lineal, y no habría necesidad de inventarlo. Pero nos habíamos demorado en una idea de un laberinto como lugar en el cuál es fácil entrar pero difícil salir, porque además en su interior quedamos sometidos a una serie de opciones de resultado imprevisible.”

Más adelante habla acerca de la idea de laberinto:

“La historia milenaria de la imagen del laberinto revela que a lo largo de su larga vida el hombre se ha sentido fascinado por algo que de algún modo le habla de la condición humana o cósmica. Existen infinitas situaciones en las que es fácil entrar pero difícil salir, mientras que resulta complicado pensar en situaciones en las que sea difícil entrar pero sencillo salir. La única que tal vez podría encajar en este último esquema es la situación de situaciones, la vida individual, con sus nueve largos meses de entrada y los dolorosos del parto, y enseguida la certeza (aunque sea inductiva) de la muerte. Y sin embargo es propio de la vida ese espacio intermedio (a lo mejor brevísimo) por el que erramos largamente, sin una clara noción del sitio al que vamos ni para qué, ni qué es lo que vamos a encontrar en el centro o en alguna de sus numerosas encrucijadas imprevisibles.”

La idea de laberinto está asociada a lo imprevisible, pero también está asociada a la toma de decisiones. Por momentos nuestra mente nos hace pensar (en una especie de engaño) que esas decisiones cambiarán lo imprevisible del laberinto. Cuando en realidad sólo despiertan otras impredecibilidades.

Pensar en la mente como un laberinto es también sentarnos a pensar en los caminos que elegimos tomar ante las situaciones cotidianas de la vida. Es pensar largamente en nuestros pensamientos. En las sensaciones que la mente elige que vivenciemos ante los hechos, ante las percepciones.

¿Es realmente “peligro” lo que está diciendo ese sonido o esa señal de alarma se está activando en este momento por un cúmulo de otras cosas, de otras sensaciones?

¿Cuánto “peligro” supone ese sonido? ¿Es realmente peligroso o la interpretación de mi mente ante ese estímulo está siendo exagerada? Y si encuentro que es una exageración de mi mente, una mala interpretación entonces ¿de qué me está realmente alertando?

Frente a ciertas situaciones el cuerpo reacciona desatando un cúmulo de energía, defendiéndose de la invasión, por ejemplo ante un virus. Frente a ciertos problemas o situaciones la mente actúa de la misma forma. Desata un estado de alerta continuo junto a un cúmulo de pensamientos (que son las opciones de los caminos del laberinto) que bien o nos benefician o tan sólo nos hacen que no podamos salir del estado de alerta, de angustia, de miedo, de pérdida, de desorientación.

No podemos decidir no entrar en estos estados; la mente es como botón de encendido y apagado, actúa y se enciende y se relaja y entra en un estado de invernación.

No podemos decidir entrar en ese estado pero sí podemos inculcarle a nuestra mente un estado de alerta para cuando entramos en estos estados. Decirle que nos avise cuando las luces del laberinto se encienden y tratar de, en ese momento, retomar la idea del laberinto imprevisible antes que nos gane de ante mano el miedo o la angustia.

La única forma de saber interpretar la señal de que estamos entrando al laberinto, de retomar la idea de lo imprevisible no como algo tenebroso sino como una oportunidad depende únicamente de darnos la posibilidad de interpretar ese “espacio intermedio” en la fácil entrada y la difícil salida del laberinto. Es cerrar los ojos y entender que estamos dentro, que ninguna de las decisiones que tomemos y todas al mismo tiempo tan sólo cambiarán otras opciones pero nunca cambiarán la imprevisibilidad del laberinto.

Entender que tenemos el poder de tomar decisiones de una importancia relativa y que también tenemos poder en decidir cómo nos enfrentamos a las posibilidades que nos otorga el laberinto. Es una de nuestras mayores herramientas.

“La mente es órgano encargo de interpretar toda la compleja información que adquieren los demás sentidos. En ella está el poder de interpretar un sonido como una señal de alarma o simplemente como algo que bello que nos otorga satisfacción.”

 


Para el siguiente ejercicio se necesitan los siguientes elementos:

Laberinto Chartres chico

  1. Imprimir la imagen del laberinto circular. Aquí para descargar
  2. Un lápiz de color.

 

Bibliografía:


El libro de los laberintos historia de un mito y de un símbolo- Paolo Santarcangeli, siruela, 1997

Ilustración de portada:  Flores en acuarela por William Buelow Gould.

 

 

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