Este post es parte de la serie titulada: Habitando la Mente

Otros post de esta serie:

  1. Ser conscientes del ritmo que nos rodea.
  2. Estar acompañados.
  3. Los pies. (Current)
  4. La belleza de la respiración
  5. Todo un día de silencio.

[dropcap letter=”“H” shape=”square”]abitando la mente” es una sección del blog de radio-arte.com que se encuentra relacionada con el libro digital “Habitando el Sonido – cuaderno de ejercicios para la escucha”[/dropcap]

En esta sección tiene lugar una vez por semana “Habitando la Mente” donde se realizan algunos ejercicios de relajación a través del sonido para que quien quiera pueda realizarlos sin mayores inconvenientes. Son ejercicios fáciles que tienen como objetivo proponer una mirada diferente acerca de nuestra relación con el sonido, nuestras percepciones y nuestro cuerpo.

Los post estarán conformados de un pequeño artículo junto con un audio con los ejercicios. Recomiendo escuchar el audio en un ambiente relajado, con luz tenue o al aire libre. Todos los ejercicios pueden realizarse en solitario o acompañados.

Los pies.

He hablado en otros post de los pies, quizás no tan puntualmente como lo haremos hoy.

En una semana tan ajetreada como fue la semana pasada para mí. Empezar ésta semana repleta de nuevas tareas y trabajos con el cuerpo que no se encuentra del todo repuesto hace que piense en mis pies.

Por algún motivo que desconozco mis pies suelen ser una parte de mi cuerpo relativamente delicada. No hay calzado, ni plantilla con el cual me sienta enteramente cómoda. Estar descalza como cuando era pequeña suele ser mi mejor aliado.

También siento que mis pies son los primeros en cansarse y en decirle a mi cuerpo que se encuentra cansado. Pequeños calambres, hormigueos pero sobre todo al mover los dedos y sentir los pequeños sonidos crack y crick que hacen.

Mis pies, como los de todos, tienen la mayoría de respuestas del resto del cuerpo. Si mi cuerpo se tensa los primeros en sentir esa tensión son mis pies, si mi cuerpo tiene frío eso quiere decir que mis pies están helados, si mi cabeza me duele, me duelen mis pies. Pero también son un punto de alivio maravilloso, si mi cabeza me duele hay puntos que fácilmente puedo tocar en mis pies y hacen maravillas para mi dolor  de cabeza, hace unos años también descubrí que ciertos puntos alivian mis dolores menstruales, destensan mi cuello, etc.

No voy a hacer un post de reflexología porque la verdad no es mi campo; este post en realidad es una pequeña gran reflexión acerca de esa extremidad con la cual estamos poco familiarizados.

Yo fui tomando conciencia de mis pies desde muy pequeña, problemas con el calzado, formas de caminar y cansancio corporal general hicieron que mirara hacia allá abajo.

Cuando me encuentro en días como el de hoy, con el cuerpo cansado y la mente divagando, trato de comenzar por pensar en los extremos de mi cuerpo: Los pies.

Sé que una buena ayuda a mi cuerpo cansado es sentarme a pensar en mis pies, a darles un respiro.

Hoy nos daremos un pequeño masaje y luego realizaremos unos ejercicios de meditación relacionados con este proceso.

  • Sentarse en una postura cómoda, con el pie derecho apoyado sobre tu rodilla izquierda o viceversa.
  • Si tienes una crema puedes frotar tus pies con esta crema
  • Sujetar el pie con una mano y presionar la planta del pie con el pulgar o índice de la otra mano. La presión debe ser constante, con una fuerza intermedia/fuerte, y con un movimiento circular contrario a las agujas del reloj.
  • Comienza el masaje presionando desde los dedos y hacia el talón. Masajeando los dedos y las partes laterales del pie.
  • Mientras haces este masaje detecta los puntos más sensibles del pie, aquellos en los que sientes dolor.
  • Con los dedos de la mano separa cada dedo del pie entrelazándolo con los de la mano.
  • En la posición anterior coloca tu otra mano sosteniendo el pie por arriba del tobillo y con la mano que tienes entrelazada con los dedos del pies mueve el pies delicadamente en forma circular (como cuando rotamos el cuello para destensarlo)
  • Repite los mismos procedimientos con el otro pie.
  • Terminado el masaje general de los pies, haz un masaje localizado en las zonas sensibles o dolorosas que has detectado en ambos pies
  • Si sientes mucho dolor, masajea el área circundante al dolor hasta llegar al centro del área dolorosa. Mantén, allí, una presión suave y constante, pero no excesiva. El masaje excesivo suele ser contraproducente. Es preferible repetir el masaje en otro momento para ir sensibilizando de a poco la zona dolorosa.
  • Termina masajeando nuevamente toda la planta de cada pie, desde los dedos hacia el talón.
  • Para finalizar, masajea el empeine, el tobillo y frota el pie en forma general.

 


Ilustración de portada: flower J. Watts


 

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