“¿Eres infiel, William, o estás muerto?”
Gottfried August Bürger1

 

-Rayitas, porcentajes, colores, puntitos, números, símbolos de + y -.

Me siento a pensar cómo puedo explicarlo. Es tan enrevesado este tema, tiene tantas aristas y caídas que es difícil comenzar con la oración correcta.

Mira a tu alrededor y buscá tres tipos de control de volumen2 que tengas más a mano. Puede ser la computadora, tu smartphone, tu control de la televisión, el del teléfono de línea de tu casa, el de tus auriculares. Si miras a tu alrededor como mínimo encontrarás tres de estos controles de sonoridad, es decir controles de volumen.

[small_title header_text=”¿Pero qué tienen en común estos diferentes tipos de controles?”][/small_title]

Rayitas, porcentajes, colores, puntitos, números, símbolos de + y –; estos son algunos de los parámetros para medir el ‘volumen’ con los que nos vamos a encontrar en la mayoría de los dispositivos que utilizamos diariamente. Parámetros totalmente ambiguos, que parten de una mirada fugaz, desde la simplicidad más absoluta para manejar uno de los fenómenos más complejos del mundo: el sonido.

Rayitas, porcentajes, colores, puntitos, números, símbolos de + y –

Existe un cúmulo de normativas3 (bastante difíciles de entender si uno no está relacionado con el tema) acerca del control de la sonoridad en los distintos medios de comunicación como Internet, radio, televisión, etc.

¿Pero de qué sirven este cúmulo de normativas si la mayoría de los usuarios/oyentes no tienen ni la menor idea de lo que es la medición de la sonoridad y cómo esta influye diariamente en su forma de escucha?

Al usuario/oyente común y corriente sólo le damos una serie de símbolos.

No se está teniendo en cuenta que la mayoría de esos usuarios/oyentes hoy en día también son productores contenidos multimedia y que el sonido es uno de los ingredientes principales que suelen tener sus contenidos4.

Comencemos por despejar la primera de las dudas. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de sonoridad?

La sonoridad es un atributo que se le asigna al sonido relacionado con la intensidad del sonido. Es la medida de una sensación, de una percepción, por lo tanto es una medida subjetiva-.

Estas fueron mis primeras palabras escritas ayer por la noche para comenzar este texto, podría continuar desde esa perspectiva y escribir por lo menos cinco hojas más, tengo cientos de libros que se vuelven aburridísimos cruzado este umbral de conocimiento; podría citar fechas, experimentos, leyes, artículos y aburrir al lector hasta el hartazgo.

Durante años he estudiado estos parámetros desde el mismo lugar y nunca me había dado cuenta de las relaciones que se fueron dando, hasta esta fría mañana. Al principio dudé de poder escribir mis conclusiones, hasta el momento no parecen tener sentido alguno; pero algo en mi interior me dice que no voy por mal camino. Todo ha sido tan bien disimulado por la comunidad científica que los textos y cartas originales han sido abandonados entre libros y leyes como para que nadie encontrara relación entre los acontecimientos.

Entonces un perro5 comenzó a aullar en alguna casa campesina más adelante del camino. Dejó escapar un largo, lúgubre aullido, como si tuviese miedo.

Su llamado fue recogido por otro perro y por otro y otro, hasta que, nacido como el viento que ahora pasaba suavemente a través del desfiladero, comenzó un aterrador concierto de aullidos que parecían llegar de todos los puntos del campo, desde tan lejos como la imaginación alcanzase a captar a través de las tinieblas de la noche. Desde el primer aullido los caballos comenzaron a piafar y a inquietarse, pero el cochero les habló tranquilizándolos, y ellos recobraron la calma, aunque temblaban y sudaban como si acabaran de pasar por un repentino susto. Entonces, en la lejana distancia, desde las montañas que estaban a cada lado de nosotros, llegó un aullido mucho más fuerte y agudo, el aullido de los lobos, que afectó a los caballos y a mi persona de la misma manera, pues estuve a punto de saltar de la calesa y echar a correr, mientras que ellos retrocedieron y se encabritaron frenéticamente, de manera que el cochero tuvo que emplear toda su fuerza para impedir que se desbocaran. Sin embargo, a los pocos minutos mis oídos se habían acostumbrado a los aullidos, y los caballos se habían calmado tanto que el cochero pudo descender y pararse frente a ellos. Los sobó y acarició, y les susurró algo en las orejas, tal como he oído que hacen los domadores de caballos, y con un efecto tan extraordinario que bajo estos mimos se volvieron nuevamente bastante obedientes, aunque todavía temblaban.”

Lenore - ilustración de Frank Kirchbach - 1896

Lenore – ilustración de Frank Kirchbach – 1896

Hablemos de Ernst Heinrich Weber un profesor y médico alemán especialista en anatomía y fisiología nacido en 1795. Fue el mayor de los tres hermanos Weber quienes durante toda su vida estuvieron estrechamente vinculados con la actividad científica. Es considerado como uno de los fundadores de la psicofísica, rama de la psicología que estudia la relación entre los estímulos físicos y la intensidad con la que estos son percibidos por parte de un observador.

Weber fue y es una figura influyente e importante en las áreas de la fisiología y la psicología. Sus estudios sobre la sensación, los sentidos táctiles y las percepciones dieron paso a nuevas direcciones y áreas de estudio de los futuros psicólogos, fisiólogos y anatomistas.

Al parecer Weber comenzó sus estudios de medicina en la ciudad alemana Wittenberg en 1811, pero la guerra con los franceses y posteriormente la toma de la ciudad por parte de los prusianos lo obligó a trasladarse a la ciudad de Leipzig dónde recibió un doctorado en anatomía comparada en 1815. Weber se convirtió en profesor en la Universidad de Leipzig en 1817 y fue promovido a profesor de anatomía al año siguiente.

Entre 1820 y 1825 sucedió algo extraño durante sus investigaciones. Weber estaba tratando de dilucidar cómo funcionaba la sensación de tacto, dolor; cómo funcionaba la vista, el oído, el gusto y el olfato en los seres humanos. Para esto Weber no se limitó a especular acerca de los estados mentales humanos y las percepciones; en su lugar, puso a prueba a sujetos humanos para descubrir la forma en que reaccionaban a los estímulos físicos. Sin embargo por más que avanzaba en sus estudios no lograba dar con una respuesta exacta a sus preguntas.

Pero 1822 ocurrió algo que cambió la perspectiva desde la cual hasta ese momento había planteado sus estudios. Recibió una carta de un médico anatomista, cuyo nombre no figuraba en el texto, en la cual lo invitaba a pasar unos días en las afueras de la ciudad de Szeged en Hungría a finales del mes de abril.

12 de abril de 1822

Budapest.

Estimado señor Ernst Weber, me dirijo a usted con la intención de invitarlo a pasar unos días en mi estancia de las afueras de la ciudad de Szeged con motivo de discutir y debatir algunos de sus estudios acerca del comportamiento humano y las percepciones sensoriales. He leído la mayoría de sus trabajos publicados y los he comparado con diferentes estudios que yo mismo he realizado y estoy seguro de que los resultados serán de su interés.

Estará a su disposición un transporte desde Budapest el día 30 de abril que lo traerá hasta las afueras Szeged y desde allí un carruaje lo estará esperando y lo traerá a mi casa.

Espero su respuesta afirmativa a esta invitación.

El sobre contenía tan sólo un remitente en Budapest. Es probable que Weber se haya quedado confundido al no saber quién era su interlocutor, pero sin lugar a dudas quedó aún más intrigado por la propuesta de discutir sus estudios acerca del comportamiento humano (estudios que hasta el momento habían sido presentados en círculos muy cerrados de la comunidad científica) así que es muy probable que aceptara casi sin dudar la invitación.

Cuando se detuvo la calesa, el cochero saltó y me ofreció la mano para ayudarme a descender.

Una vez más, pude comprobar su prodigiosa fuerza. Su mano prácticamente parecía una prensa de acero que hubiera podido estrujar la mía si lo hubiese querido. Luego bajó mis cosas y las colocó en el suelo a mi lado, mientras yo permanecía cerca de la gran puerta, vieja y tachonada de grandes clavos de hierro, acondicionada en un zaguán de piedra maciza. Aun en aquella tenue luz pude ver que la piedra estaba profusamente esculpida, pero que las esculturas habían sido desgastadas por el tiempo y las lluvias. Mientras yo permanecía en pie, el cochero saltó otra vez a su asiento y agitó las riendas; los caballos iniciaron la marcha, y desaparecieron debajo de una de aquellas negras aberturas con coche y todo.

Permanecí en silencio donde estaba, porque realmente no sabía qué hacer. No había señales de ninguna campana ni aldaba, y a través de aquellas ceñudas paredes y oscuras ventanas lo más probable era que mi voz no alcanzara a penetrar. El tiempo que esperé me pareció infinito, y sentí cómo las dudas y los temores me asaltaban. ¿A qué clase de lugar había llegado, y entre qué clase de gente me encontraba? ¿En qué clase de lúgubre aventura me había embarcado?”

La sensación6 se produce cuando las áreas sensoriales de la corteza cerebral reciben impulsos nerviosos, por lo general cuando se estimulan los sensores del cuerpo tales como los receptores del tacto de la piel u el oído por ejemplo. La sensación debe ser distinguida de la percepción, La percepción es la interpretación de los patrones de la sensación. La percepción es lo que el cerebro hace con esos patrones sensoriales.

Ernst Weber había estado realizando estudios sistemáticos acerca de los umbrales sensoriales; es decir de los márgenes de las sensaciones humanas.

“Puede usted ir a donde quiera en el castillo, excepto donde las puertas están cerradas con llave, donde por supuesto usted no querrá ir. Hay razón para que todas las cosas sean como son, y si usted viera con mis ojos y supiera con mi conocimiento, posiblemente entendería mejor”.

Es probable que pasados unos días junto a su anfitrión en Hungría, Weber se haya percatado de la verdadera finalidad de la invitación y de su condición de prisionero; aún sin saber muy bien el porqué de tales circunstancias.

“Cuando me di cuenta de que era un prisionero, una especie de sensación salvaje se apoderó de mí. Corrí arriba y abajo por las escaleras, pulsando cada puerta y mirando a través de cada ventana que encontraba; pero después de un rato la convicción de mi impotencia se sobrepuso a todos mis otros sentimientos. Ahora, después de unas horas, cuando pienso en ello me imagino que debo haber estado loco, pues me comporté muy semejante a una rata cogida en una trampa. Sin embargo, cuando tuve la convicción de que era impotente, me senté tranquilamente, tan tranquilamente como jamás lo he hecho en mi vida, y comencé a pensar que era lo mejor que podía hacer.

De una cosa sí estoy seguro: que no tiene sentido dar a conocer mis ideas al conde.

Él sabe perfectamente que estoy atrapado; y como él mismo es quien lo ha hecho, e indudablemente tiene sus motivos para ello, si le confieso completamente mi situación sólo tratará de engañarme.

Por lo que hasta aquí puedo ver, mi único plan será mantener mis conocimientos y mis temores para mí mismo, y mis ojos abiertos. Sé que o estoy siendo engañado como un niño, por mis propios temores, o estoy en un aprieto; y si esto último es lo verdadero, necesito y necesitaré todos mis sesos para poder salir adelante.”

En la situación en la que se encontraba  no sólo mantendría sus ojos abiertos, sino que también agudizaría el oído (en tales circunstancias el oído puede ofrecer una mayor visión que la vista).

Así fue como experimentó por sí mismo la sensación sonora de intensidad (sonoridad) y descubrió que se agudiza para sonidos débiles y disminuye para sonidos fuertes, esto se debe a que la audición humana no es lineal.

La capacidad de un sonido para producir una sensación sonora en nuestro cerebro depende de la intensidad del sonido, pero también de su frecuencia, amplitud y otras variables, como pueden ser la sensibilidad del oído de quien escucha y la duración del sonido.

“Con majestuosa seriedad, él, con la lámpara, me precedió por las escaleras y a lo largo del corredor. Repentinamente se detuvo.

Escuche!

El aullido de los lobos7 nos llegó desde cerca. Fue casi como si los aullidos brotaran al alzar  semejantes a cómo surge la música de una gran orquesta al levantarse la batuta del conductor.

Después de un momento de pausa, él continuó, en su manera majestuosa, hacia la puerta. Corrió los enormes cerrojos, destrabó las pesadas cadenas y comenzó a abrirla.

Ante mi increíble asombro, vi que estaba sin llave. Sospechosamente, miré por todos los lados a mí alrededor, pero no pude descubrir llave de ninguna clase.

A medida que comenzó a abrirse la puerta, los aullidos de los lobos aumentaron en intensidad y cólera: a través de la abertura de la puerta se pudieron ver sus rojas quijadas con agudos dientes y las garras de las pesadas patas cuando saltaban. Me di cuenta de que era inútil luchar en aquellos momentos contra el conde. No se podía hacer nada teniendo él bajo su mando a semejantes aliados. Sin embargo, la puerta continuó abriéndose lentamente, y ahora sólo era el cuerpo del conde el que cerraba el paso”.

Después de haber pasado por esas circunstancias y al repasar lo sucedido, lo único que realmente calmaba sus nervios era relacionar lo vivido con sus experimentos así fue que descubrió, en las circunstancias más desbastadoras, que nuestros aparatos receptores se hallan especializados en destacar sólo ciertos influjos y quedan insensibles a la acción de los demás.

De ésta manera hay un valor mínimo de estímulo8 que es capaz de motivar la sensación y un valor máximo9 más allá del cual ésta no se percibe. Estos umbrales no permanecen constantes, si no que cambian dependiendo de diferentes factores. Además descubrió que el incremento en la intensidad de nuestras sensaciones no depende de un incremento constante en el estímulo sino que depende también de la intensidad de la sensación que el sujeto tenía antes de la modificación de dicho estímulo10.

Se sabe que por ese entonces aparte de sus estudios acerca de los umbrales sensoriales; Weber junto a sus hermanos, estaban realizando estudios aplicando los principios hidrodinámicos en la circulación de la sangre. Pocos años más tarde Weber explicaría la elasticidad de los vasos sanguíneos en el movimiento de la sangre en la aorta en un flujo continuo a los capilares y arteriolas a partir de la experiencias realizadas en aquel castillo.

Prisionero como se sentía y espectador de los sucesos que transcurrían dentro del castillo es probable que Weber comenzara a entender con más detalle los propósitos de su anfitrión. Quien se encargó de revelarle los detalles de la vida de aquel lugar muy sosegadamente.

Ahí yacía el conde, pero mirándose tan joven como si hubiese sido rejuvenecido pues su pelo blanco y sus bigotes habían cambiado a un gris oscuro; las mejillas estaban más llenas, y la blanca piel parecía un rojo rubí debajo de ellas; la boca estaba más roja que nunca; sobre sus labios había gotas de sangre fresca que caían en hilillos desde las esquinas de su boca y corrían sobre su barbilla y su cuello. Hasta sus ojos, profundos y centellantes, parecían estar hundidos en medio de la carne hinchada, pues los párpados y las bolsas debajo de ellos estaban abotagados. Parecía como si la horrorosa criatura simplemente estuviese saciada con sangre”.

Las experiencias por las que pudo haber pasado Weber en esa visita a Hungría explicarían de forma determinante sus hallazgos científicos publicados posteriormente. ¿De qué otra mejor forma se podría explicar la psicología sensorial del ser humano sino es mediante las dos experiencias más contundentes por las que atravesamos, es decir, la vida y la muerte?

Cuando Weber se dio cuenta de la relación entre sus experimentos, estudios y la situación en la que se encontraba no tuvo más remedio que tomar una decisión.

Ser prisionero por voluntad propia.

Así fue como a lo largo de su estancia en aquel castillo no sólo debatió junto a su anfitrión temas relacionados con fenomenología sensorial sino que experimentó con casi total libertad.

Fue así como pudo analizar desde diferentes ángulos (para regocijo de su anfitrión) las propiedades mecánicas de las arterias, describiéndolas como si fueran un dispositivo técnico. También pudo demostrar mediante los experimentos que llevó a cabo en ese lapso de tiempo, que el pulso es una onda en las arterias causadas por la acción del corazón.

El conocimiento que obtenía en su visita a Hungría parecía inagotable, no sólo podía analizar los fenómenos respecto a un ser humano vivo sino que podía medir y cuantificar cómo esos mismos fenómenos se transformaban en las particulares circunstancias en las que se encontraba su anfitrión.

La experiencia vivida en ese viaje tan particular lo acompañó durante toda su vida y, aunque parezca extraño, fue lo que lo ayudó a establecer los criterios acerca del comportamiento humano, criterios que se mantienen hasta hoy en día.

Sus meticulosas notas y nuevas ideas de los sujetos de prueba descritas en su libro “Del oído y la vista del hombre y los seres vivos” dieron paso a que lo considerasen como el padre de la psicología experimental. El libro “En cuanto a la aplicación de la teoría de onda a la teoría de la circulación de la sangre y sobre la enseñanza de pulso” se convirtió instantáneamente en una obra reconocida en el mundo de la física y la fisiología.

Weber fue el primer científico en llevar a cabo verdaderos experimentos psicológicos. Aunque la mayoría de los psicólogos de la época llevaron a cabo trabajos detrás de un escritorio, Weber llevó a cabo activamente sus experimentos en circunstancias sumamente inusuales. Esto allanó el camino para el campo de la psicología como una ciencia experimental y abrió el camino para el desarrollo de métodos de investigación aún más precisos e intensos11.

“Permítame que lo ilustre. Una vez escuché a un norteamericano que definía la fe de esta manera:

‘Es esa facultad que nos permite creer en lo que nosotros sabemos que no es verdad’. Por una vez, seguí a ese hombre. Él quiso decir que debemos tener la mente abierta, y no permitir que un pequeño pedazo de la verdad interrumpa el torrente de la gran verdad, tal como una piedra puede hacer descarrilar a un tren. Primero obtenemos la pequeña verdad.

La guardamos y la evaluamos; pero al mismo tiempo no debemos permitir que ella misma se crea toda la verdad del universo.”

El ser humano se enfrenta a lo desconocido únicamente con sus sentidos.


1Del poema “Lenore”. Es un poema del autor alemán Gottfried August Bürger escrito en 1773, que encuadrada en el género de las baladas góticas del siglo XVIII. El verso Die Toten reiten schnell (Los muertos cabalgan deprisa) es citado por Bram Stoker en los primeros capítulos de sus novela Drácula.

2 Llamamos volumen a una medida subjetiva que está relacionada con la percepción de la intensidad de un sonido (la potencia acústica de un sonido). Aunque cuando hablamos de ‘volumen’ de un sonido estamos relacionándolo principalmente con una de sus cualidades: la intensidad, las demás cualidades del sonido (altura, timbre, duración) influyen igualmente en la manera en cómo estamos percibiendo ese sonido. El ‘volumen’ se compone de todas las cualidades del sonido.

3Documento con los estándares de sonoridad para medios.

4Reporte realizado por la empresa Kleiner Perkins Caufield & Byers (KPCB) de las tendencias en Internet 2015

5El sonido del ladrido del perro se encuentra entre los 15 a 50.000 Hz

6Mientras que la frecuencia de un sonido hace referencia exclusivamente a un fenómeno físico (el fenómeno vibratorio), el concepto de intensidad de un sonido hace referencia a la sensación psicológica de la energía del sonido.

7El aullido es característico y distinguible en cada individuo de la especie. De hecho, el aullido de los individuos dominantes —macho y hembra alfa— suele ser largo y sostenido; mientras que los individuos de baja posición intercalan aullidos breves con quejidos o ladridos. También varía según el mensaje que el lobo quiera comunicar, hasta el punto que un oído entrenado es capaz de entenderlos. Parece ser que los esquimales son capaces de saber si un próximo visitante es aborigen o extraño por los aullidos de los lobos del entorno

8Umbral mínimo/absoluto: mínima intensidad que tiene que tener un estímulo para ser percibido.

9Umbral máximo es la cantidad de estímulo a partir de la cual, incrementando la intensidad del estímulo, no se percibe dicho incremento.

10Umbral diferencial: se refiere a la capacidad discriminativa de nuestros sentidos, es decir, describe cuál es la intensidad mínima en la que debe aumentar un estímulo para que nosotros notemos su incremento.

Tomemos el ejemplo de Weber: Si lograban entrar dos lobos a la parte baja de la escalera del castillo y Weber estaba en la habitación de arriba. Weber percibiría la intensidad del sonido de los aullidos a ciertos decibelios y cierta distancia. Si uno de los lobos subía un escalón es probable que Weber no sintiera la diferencia con respecto al otro lobo, pero si de repente uno de los lobos subía hasta la puerta de su habitación y el otro quedaba al pie de la escalera; Weber notaría inmediatamente el cambio del estímulo sonoro. Weber observó que para provocar un cambio en la sensación de cómo se percibe un estímulo el incremento en la intensidad de ese estímulo es proporcional a la intensidad del estímulo inicial.

11Artículo de la Universidad de Stanford dió a conocer la creación de una piel artificial que transmite la sensación del tacto al cerebro.

Libro:
Todos las citas utilizadas en el cuerpo del texto (salvo la carta) pertenecen al texto Drácula de Bram Stoker publicado en 1897.