Este post es parte de la serie titulada: Mujeres y Sonido

Otros post de esta serie:

  1. El lado femenino de los sonidos.
  2. Hilando sonidos.
  3. La luna y el sonido (Current)
  4. Delia
  5. Ectoplasma y diseño de sonido.
[dropcap letter=”D” shape=”square”]ecidí ponerle este título al post, porque sé que muchos de ustedes no entrarían si supieran el verdadero título. Las palabras a veces espantan, y existen algunas palabras tan demonizadas en nuestras sociedades que ni se las nombra; se las omite.[/dropcap]

Son las 06:35am pasé despierta toda la noche por fuertes dolores que sufro desde adolescente. Después de botellas con agua caliente, cataplasmas de sal caliente y masajes en los pies, el dolor fue desapareciendo y se convirtió por fin en sueño y en un proceso energético hermosamente incontrolable.

Sí; éste dolor se transforma siempre en un proceso energético incontrolable y disfrutable, aunque muchos de ustedes no puedan creerlo.

Imaginen, son las 06:39am; no he dormido, me han dado tenebrosos calambres en las piernas, tengo sueño y sin embargo aquí estoy escribiendo y no les miento si les digo que tengo una sonrisa en mi rostro mientras escribo estas líneas.

Es verdad, dudé mucho antes de levantarme para escribir estas palabras; cuando el dolor cesa casi siempre entro en trance, a veces es tan fuerte el dolor que suelo desmayarme sin más. Después despierto como de una siesta profunda.

Estoy casi segura de que a Alicia le pasaba lo mismo:

Alicia empezaba ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río, sin tener nada que hacer: había echado un par de ojeadas al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía dibujos ni diálogos. «¿Y de qué sirve un libro sin dibujos ni diálogos?», se preguntaba Alicia. Así pues, estaba pensando

(y pensar le costaba cierto esfuerzo, porque el calor del día la había dejado soñolienta y atontada) si el placer de tejer una guirnalda de margaritas la compensaría del trabajo de levantarse y coger las margaritas, cuando de pronto saltó cerca de ella un Conejo Blanco de ojos rosados.

No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: «¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Voy a llegar tarde!»”

Cuando no me desmayo y el dolor va cediendo dando despacio paso al sueño, en un principio los sonidos se hacen más claros y se transforman en una sola cosa. Un zumbido en alguna extraña frecuencia que me guía hasta el sueño. Es extraño; lo he notado varias veces, pero casi siempre estoy tan cansada que tan sólo me dejo llevar. Hoy estoy haciendo un esfuerzo sobrehumano para no dejarme arrastrar por el conejo blanco.

Es más, podría decir que no sé si realmente estoy escribiendo o si lo estoy soñando, la línea está difusa. Mañana comprobaré este hecho. Ustedes serán o bien parte de un simple sueño o bien parte de la vigilia.

Para ser sincera he de decir que he tratado de escribir acerca del tema en varias ocasiones; la mayoría de esos escritos fueron a parar a la basura, se esfumaron o fueron borrados sin más al día siguiente cuando entro en estado de completa alerta; cuando la mente puede censurarnos con más detenimiento. Por eso ahora me exijo estar semi despierta para escribir estas palabras.

El verdadero nombre de este post debería ser “La menstruación y el sonido”. Ajá, finalmente lo dije. Dije la palabra maldita y unos cuantos de ustedes han dejado de leer porque ya no les incumbe. Pero prosigo de igual forma; total, esto tan sólo es un sueño.

¡A lo mejor caigo a través de toda la tierra! ¡Qué divertido sería salir donde vive esta gente que anda cabeza abajo! Los antipáticos, creo… (Ahora Alicia se alegró de que no hubiera nadie escuchando, porque esta palabra no le sonaba del todo bien.)”

Pertenecer al sexo femenino, es pertenecer al país de Alicia. En mi caso, atravesar ese país casi siempre es doloroso y hasta hace unos años (por el abuso de ciertos fármacos contra el dolor) corría serios riesgos de que mi corazón simplemente se detuviese.

Y Alicia no olvidaba nunca que, si bebes mucho de una botella que lleva la indicación «veneno», terminará, a la corta o a la larga, por hacerte daño.”

Alicia en el País de la Maravillas - Milo winter - 1916

Alicia en el País de la Maravillas – Milo winter – 1916

Desde hace unos años realizo, y realizamos, otras prácticas más saludables y con iguales resultados. Después de un tiempo el dolor simplemente se va. Digo realizamos en plural porque desde hace algunos años mi pareja forma parte del proceso. Sí, él me entiende y me acompaña en el aprendizaje.

Cada vez está siendo más y más hablado el tema del género en ámbitos como la música experimental, el diseño de sonido, la música electrónica, las artes en general. La bandera de género ha sido alzada y ahora es bien vista por muchos. Incluso yo; me encuentro dictando un seminario que tiene como principal atracción la escucha de trabajos realizado por mujeres.

Pero al parecer nosotras mismas nos coartamos al hablar. Tratamos de no tocar nunca este tema que trasciende toda nuestra vida, que nos configura, que nos marca los tiempos, los ritmos, los ciclos de lo que hacemos y de lo que somos.

Ponemos demasiado énfasis en la EQUIDAD y a mi parecer nos estamos olvidando de otros temas que van de la mano; sin significar que ese factor no sea igualmente importante.

Participo de varios grupos que llevan esta bandera de la equidad; he aprendido mucho de ellos y la verdad no tengo nada que reprochar. Pero también últimamente me he preguntado como mujer, como artista, qué significa esto de la equidad de género para mí; principalmente en el contexto de mi trabajo.

Hace poco gané un premio y a través de ese premio recibí una comisión para realizar un trabajo. Después de haber recibido el premio y de haber finalizado la comisión me quedó rondando en la cabeza la siguiente pregunta: ¿Me habrán elegido por mi trabajo o por cumplir con la cuota de género? Tengo que aclarar que el lugar que me otorgó la comisión se destaca porque en los últimos años a establecido y cumplido con una cuota de género.

Lo primero que me hizo sospechar fue que una vez elegido mi proyecto se me informó quién sería mi “supervisor” o “consejero” para llevar a cabo este emprendimiento; curiosamente este consejero pertenecía al sexo masculino. En un principio no me llamó la atención, hasta que comencé a recibir varios correos con sugerencias sobre cómo podría realizar mi trabajo y los puntos importantes que debería tomar en cuenta. Ahí sí me comenzó a extrañar; ya que las sugerencias eran bienvenidas pero yo todavía no había comenzado el trabajo y este “consejero” no conocía mi trabajo de antemano. La verdad es que no dí mucha importancia, contesté emails, dí las explicaciones que me parecieron pertinentes y continué con mi trabajo hasta finalizarlo sin mayores intervenciones.

Más tarde, una vez terminada la comisión pregunté a los jueces que me habían otorgado el premio, (no al consejero; ya que este se había tomado muy en serio su trabajo y de él recibí la retroalimentación correspondiente) qué les había parecido finalmente el resultado. La respuesta fue nula.

Entiendo y entendí en ese momento que no sólo estaban lidiando conmigo sino que estaban lidiando con otros 200 artistas y que este tipo de situaciones siempre puede causar olvidos, inconvenientes y retrasos. También entendí y entiendo que para tal fin estaba el consejero.

Sin embargo a pesar de todos mis entendimientos una duda se coló en mí:

¿Me habrán elegido por mi trabajo o por cumplir con la cuota de género?

Ojo, esto no cambia nada respecto a mi trabajo; no lo eleva ni lo hecha por el suelo. Es sólo una pregunta que me hago. Ya que últimamente he compartido algunas iconografías con la pregunta: How many female artists play in festivals?

Son preguntas que me hago después de toda una noche sin dormir.

¡Dios mío! ¡Qué cosas tan extrañas pasan hoy! Y ayer todo pasaba como de costumbre. Me pregunto si habré cambiado durante la noche. Veamos: ¿era yo la misma al levantarme esta mañana? Me parece que puedo recordar que me sentía un poco distinta. Pero, si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿quién demonios soy? ¡Ah, este es el gran enigma! Y se puso a pensar en todas las niñas que conocía y que tenían su misma edad, para ver si podía haberse transformado en una de ellas.”

No es la primera vez que me enfrento a este reto de la equidad de género y sus preguntas. Una vez me encontré frente a cinco ingenieros de sonido para hablar de audio, la verdad me costó varias horas que ellos entendieran que yo sabía de lo que estaba hablando. Tuve que decir ciertas palabras mágicas y difíciles, desarrollar conceptos acerca de audio en medio de chistes y de pronto aparecí ante sus ojos.

Otra vez me pasó que un señor muy aseñorado perteneciente al ámbito de la radio comunitaria, la comunicación alternativa y los progresos comunicativos, juzgara mi forma de vivir y mis relaciones amorosas como punto de partida para entablar una conversación.

Más de una vez me han dicho artistas respetados la siguiente frase: “había escuchado de usted pero hasta que no la recomendó tal, sinceramente no había escuchado su trabajo.”

La lista es larga y compleja.

Ser mujer y hablar de temas de sonido, de audio, de ingeniería, micrófonos y otras cosas es complejo.

Pero no me quiero detener aquí, porque ese discurso es parte de la bandera y para eso están todos los grupos de autoayuda a los cuales pertenezco.

Lo que quería decir yo….

Así pues, Alicia empezó a decirle—: Oh, Ratón, ¿sabe usted cómo salir de este charco? ¡Estoy muy cansada de andar nadando de un lado a otro, oh, Ratón!”

¿Y si nos comenzamos a mirar y a escuchar a nosotras mismas enteras? ¿Ya no diseccionadas?

Soy mujer, soy artista, soy ingeniera en audio.

Desde hace unos meses se instaló en mí la idea de que las mujeres escuchamos diferente, no mejor ni peor que los hombres, solamente diferente.

Esta idea tiene como eje principal la noción de que percibimos el mundo a través de nuestros sentidos y de que nuestros sentidos a su vez dependen del lugar en el que nos encontramos.

Un ejemplo claro de esto es el que escribe Virginia Ocampo:

Alfred Métraux: allí estudia la situación de la mujer en las sociedades primitivas. Al leerlo me encontré con una novedad para mí (pues yo no lo sabía): le debemos a la mujer un descubrimiento fundamental, la agricultura. Nuestros antepasados vivían, desde luego, de la caza y de la pesca, pero también de las raíces y de las frutas de la tierra. El hombre tomó a su cargo la caza y la pesca; la mujer quedó encargada de las raíces y de la fruta. Por eso se le ocurrió sembrar y cosechar cerca de su casa (de su choza). Dice Métraux que hasta el momento en que se inventó el arado, la mujer tuvo el monopolio de la agricultura, y no sólo descubrió las plantas sino el arte culinario. La carne puede comerse cruda. Pero las raíces tienen forzosamente que cocinarse. De ahí a la invención de la alfarería sólo hay un paso. Este paso lo dio la mujer. Dice Métraux, autoridad en la materia, que en las tribus primitivas de América, la alfarería estaba en manos de las mujeres. Y esta alfarería, estos recipientes de tierra cocida, las llevaron a una expresión de arte. Testimonio de ello es la alfarería calchaquí. Cuando admiramos esas obras, dice Métraux, rara vez se nos ocurre que representan un arte puramente femenino.”

Seguramente no es la primera vez que usted lector/ra me lee citando esta cita (valga la redundancia); pero es que es tan maravillosa, me llena por completo de preguntas. La primera de ellas: Por las noches cuando el hombre venía de cazar y la mujer terminaba de recoger la cosecha ¿se contarían los sonidos tan distintos y diversos que habían escuchado? ¿Se contarían sus puntos de oído de esos lugares tan distintos a los que asistían para realizar cada uno sus jornadas? ¿Cuáles serían los sonidos que escuchaban las mujeres que se quedaban cosechando? ¿Cuales serían los paisajes sonoros de aquellos cazadores? El sonido del canto de un pájaro para ella seguramente significaba cosas como la aproximación de la lluvia; mientras que para él significaba la localización de un lugar en específico para lograr la caza

¿Quién eres tú?

dijo la Oruga.

No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:

Apenas sé, señora, lo que soy en este momento… Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces.”

Dicho esto creo que me voy a dormir ¿o ya estoy dormida?

Foto: flor Etlingera Elatior

 


 

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