“La influencia determinante de México es la siguiente: una libertad ilimitada de hacer lo que a uno se le antojaba, incluso el morirse de hambre, una cierta reminiscencia de España y de Francia, la fuerza indómita de la tierra mexicana, un pequeño círculo de amigos. Estoy convencido que en ninguna otra parte del mundo, Remedios hubiera podido crear esta magnífica obra”
Walter Gruen- Remedios Varo, en búsqueda de la armonía

 

[dropcap letter=”L” shape=”square”]a pregunta se repite, ¿por qué vivís tan lejos? ¿Por qué no te volvés?[/dropcap]

Cada vez que me encuentro con alguien del sur la pregunta resuena en sus cabezas y en la mía. Quisiera tener una respuesta pensada, meditada, programada. Aplazo la respuesta, la evado como se evade un charco de agua en un día lluvioso. No evado la pregunta por incómoda, la evado por incontestable adentro mío, adentro de mi cabeza.

Para quienes preguntan al parecer la respuesta radica en una balanza de oportunidades, de amistades, de posibilidades, de raíces, de cultura, de cambios, de tiempo. Y tienen razón en todo, por ejemplo en el tiempo: 10 años. Ha pasado suficiente tiempo como para que mi mente reemplace palabras, como para no reconocer la 9 de Julio, como para dudar si el obelisco siempre fue así o le falta una parte.

Sin embargo en esos 10 años me he sentido más cerca de mí país que en los 24 que viví dentro.
El sólo hecho de ser extranjera hace de uno una especie de saltimbanqui de su país. ¿Cómo se dice? ¿Qué pensás? ¿Cómo es? Empiezan las conversaciones y uno entre el engaño (el suyo y el del otro) trata de hacer memoria y recordar caras, personajes, lugares, comidas, olores, sonidos. Cierra los ojos y disfruta de los recuerdos.

Una de las cosas que más disfruto cuando cierro los ojos es de las sombras de Buenos Aires en otoño. El sonido de las hojas arremolinándose en las calles empedradas, no encuentro ese sonido en México, aquí todo es más amplio más espacioso sin serlo. Ese sonido está dado por la llanura, la llanura de Buenos Aires permite que el viento caiga sobre la cuidad como una ola y golpee en los edificios bajos y altos, permite esos pequeños remolinos de viento en las esquinas y ese sonido tan particular.

Me levanto, tomo un libro de mi biblioteca, es un libro raro un álbum bibliográfico de Cortázar. Me lo regaló justamente una amiga mexicana. ¿Será por esa melancolía que cargo? Me gusta porque es un libro que se abre al azar. Abro y caigo en la página que dice:

“Cada vez que un lector me ha contado de sus itinerarios en París tras la huella de algún personaje de mis libros, me he visto de nuevo en las calles porteñas diciéndome que por ahí había pasado el Rufián Melancólico, que en esa cuadra estaba una de las roñosas pensiones donde recalaron Hipólita, la Bizca o Erdosain. Si de alguien me siento cerca en mi país es de Roberto Arlt, aunque la crítica venga a explicarme después otras cercanías desde luego atendibles puesto que no me creo un monobloc. Y esa cercanía se afirma aquí y ahora al salir de esta relectura con el sentimiento de que nada ha cambiado en lo fundamental entre Arlt y yo, que el miedo y el recelo de tantos años no se justificaban, que Silvio Astier, Remo e Hipólita, guardan esa inmediatez y ese contacto que tanto me hicieron sufrir en su día, sufrir en esa oscura zona donde todo es ambivalente, donde el dolor y el placer, la tortura y el erotismo mezcla humana, demasiado humanamente sus raíces”
Julio Cortàzar -Roberto Arlt: Apuntes de relectura

Cada página un texto, me quedo mirando un rato.
Me quedo mirando por la ventana empañada.

No hay balanza posible pienso, esa posibilidad de balance que presentan otras personas yo no la tengo. Estoy como perdida aquí. Dentro del monstruo de las tierras aztecas. Y no soy yo sola, andamos unos cuantos perdidos por estas tierras que lo atraviesan a uno casi sin que se dé cuenta.

No hay una decisión de quedarse, no hay una postura explicable. Cada vez que me encuentro con otro extranjero aquí, pasa lo mismo, no sabemos muy bien porqué estamos, hay algo en el aire enrarecido que adormece.

Cuando me encuentro con otro en mi situación tratamos de evadir el tema, hacemos los gestos usuales como si entendiéramos un lenguaje de sordomudos, quizás levantamos una ceja o los hombros y siempre nos quedamos pensando.

Cuando llegué no tenía una finalidad en especial, no venía con convicciones, ni sueños, simplemente llegue como se desprende una hoja de un árbol. Llegue desde un viaje; el viaje era una nube, exactamente como una nube tormentosa y cambiante. Después simplemente me fui quedando, como adormecida, como Alicia debajo del árbol.

No hay balanza posible entre Alicia en el país de las maravillas y Alicia detrás del espejo. Son mundos tan idénticamente distintos que hasta se parecen.


Me gustan encontrarme con otros personajes que se adormecieron aquí, verme en sus miradas, ver su propio sueño; como Remedios Varo, como Lowry, como Artaud y tantos otros.

Es que aquí existe un silencio detrás de los sonidos, es un silencio amplio como un pasillo que golpea entre los volcanes.

“Veneno para moscas, glicerina, algodón, desengrasante, creolina, quita cochambre” sale a mi encuentro un megáfono en medio del silencio y después le sigue una música indescifrable en inglés;  pensar que esto es un pueblo.

Espero como una hoja caída de un árbol que el propio tiempo marque el regreso, quizás porque no me animo a hacerlo yo sola. No quisiera regresar a una tierra de oportunidades, quizás porque nunca perseguí ninguna. Me pierdo en las oportunidades, cuando encuentro una tirada en la calle me la confundo con cualquier otra cosa.

Regreso a Remedios mientras escucho una pieza que hice el año pasado “La Simplicité d’une Goutte” pensando en un poema de José Emilio Pacheco. Dios cómo se me mezcla todo.

“Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento (…) sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”
  André Breton “Primer Manifiesto”- Manifiestos del surrealismo.

Termina la pieza casi abruptamente en mis oídos ¿De dónde salió todo eso?

Abro el libro de Cortázar nuevamente el azar:

 

“Pienso que ustedes saben que los juegos combinados del azar y la genética me hicieron nacer en Bélgica, aquí mismo en Bruselas y más precisamente en Ixelles, un día de agosto de triste memoria en que los ejércitos del Kaiser Guillermo aplastaban la resistencia del ejército belga y se apoderaban del país sin que naturalmente yo tuviera la menor idea de lo que sucedía entorno de mí. Me emociona recordarlo esta noche porque si bien la noción de patria en su sentido más usual me es bastante ajena, en cambio me creo profundamente sensible a la noción de país como depositario, creador y continuador de una idiosincrasia y una cultura propias, y mi oficio de escritor le debe mucho a una Bélgica en la que ciertos aspectos de su literatura y de sus artes responden a mi vocación natural, que es la de lo fantástico como exploración de la realidad y no para escapar de ésta sino para avanzar en el conocimiento de sus posibles parámetros.”

Tan abruptamente como terminó la pieza anterior comienza otra: “Ntangu”.

 

“En el momento en que tocaba la nota Si (…), el gato maulló y alguien que pasó por la calle delante de la ventana proyectó su sombra sobre la mesa de experimentación y sobre las sustancias que tenía allí en emulsión”
Remedios Varo Carta 4

 

Al parecer, no he terminado todavía de leer el libro acerca de ella; Remedios tenía la afición de agarrar la guía telefónica y escribir cartas, elegía un nombre al azar y escribía cosas como las de arriba.

Está por terminar “Ntangu” los últimos sonidos pertenecen a un atardecer soleado entre amigos, perros y visitantes frente a un lago espejado. Niños gritan mientras sus cometas suben mientras del cielo bajan volando señores, así es el atardecer por estos lugares.

Voy a Julio nuevamente:

“Yo era muy joven cuando conocí la obra de Magritte, cuando entré en el mundo demoníaco de Ghelderode, leí a los surrealistas de este país y me asomé al mundo obsesionado de Paul Delvaux, para no citar más que unas pocas figuras de proa. Y eso, allá en mi Buenos Aires tan remoto con respecto a Bélgica, no hizo más que confirmarme en la seguridad de que las cosas suelen no serlo que parecen, y ayudarme a buscar mi camino propio bajo la luz de esos fanales que me acompañarán siempre.”
Texto inédito e inconcluso de Cortázar de una charla que no pudo celebrarse en 1983 en Bruselas.

Cierro todos los libros me quedo pensando en la simpleza del camino, en las hojas, en una llanura, en el silencio de los pasillos. Mi vida cuestionable en todas sus formas, ha conseguido echar raíces en muchos bosques. A veces eso es hermoso, a veces solamente aterrador.

 

Foto de portada: Mujer Saliendo del Psicoanalista (Dibujo Previo), 1960 – Remedios Varo