[dropcap letter=”P” shape=”square”]orqué es tan necesario que usted esté ahí.[/dropcap]

Desde que decidí dedicarme al sonido experimental y al arte radiofónico, de esto ya hace unos cuantos años, las cosas se torcieron un poco.

Hasta ese momento era entendible y mayoritariamente descriptivo, con datos concretos mis labores cotidianas: la radio, la producción, etc.

Pero al incorporar el ingrediente artístico y experimental las cosas se tornaron borrosas, tanto para las demás personas; su forma de entender la descripción de mi trabajo pasó de las cejas arqueadas al ceño fruncido, como para mi propia mirada.

De repente se volvió nebuloso el resultado del trabajo. Antes entraba a la radio, salía de la radio, la producción era la producción, las noticias eran las noticias, la investigación era la investigación. Cuando todo eso acababa el resultado era visible, palpable, concreto (por lo menos para mí).

Pero el ingrediente artístico y sobre todo el ingrediente experimental hacen que esas cosas se tornen nebulosas, los resultados nunca son del todo definidos. Son experimentos, experiencias en la mayoría de los casos.

Por eso cuando abro el correo y me encuentro una frase tan hermosa como “gracias por generar rupturas en medio de la cotidianidad” la sonrisa no se contiene. No por orgullo ni mucho menos. La sonrisa deviene de la satisfacción de haber realizado el cometido, ni bueno ni malo; sino de haber podido compartir mi propia nebulosa.

En una época en que todos estamos tan aislados como juntos, en una época dónde sabemos desde qué comen las demás personas que no conocemos; que desde hace años  no vemos a los amigos más cercanos. En una época donde lo instantáneo es tan instantáneo que pasa a ser indiferente; los conceptos de “comunicador”- “receptor” se han resemantizado nuevamente para dar paso a una relación mucho más compleja. Ya desde hace algunos unos años este concepto se comenzó a explicar desde otras perspectivas, con otras implicaciones en materia comunicativa.

Pero ahora cobra una idea completamente nueva. Quien me escribe ha participado en varios talleres conmigo y participó el domingo pasado del primer encuentro de “Para escuchar con audífonos”. En cada uno de esos encuentros ha participado, ha estado abierto a mi nebulosa de ideas y ha compartido las suyas, cosa no sencilla para quienes me conocen.

Lo maravilloso es que esto no ha pasado con una sola persona, pasa siempre como por arte de magia; cuando nos juntamos a hablar de sonidos.

Yo puedo preparar el encuentro, los materiales, los ejercicios pero sin esa magia, esa apertura de mente de quienes participan del encuentro o taller sería completamente un sin sentido.

Estoy hablando de encuentros particulares que se dan a través de Internet, en donde no nos conocemos las caras, tan sólo las voces. Encuentros que a veces tienen largas duraciones, en horarios insólitos para algunos, en dónde nos encontramos argentinos, españoles, peruanos, mexicanos, colombianos, ingleses, chilenos… cada uno con su horario, cada uno con su clima, cada uno con su cultura, con sus edades, con sus profesiones, sus conocimientos, sus ideas acerca del fenómeno sonoro. ¡Todos juntos para hablar de sonidos!

Pero también hablo de quienes se toman el trabajo de leer lo que escribo, de quienes comparten, de quienes a su vez escriben, escuchan.

Cuando comencé a dictar los talleres y las charlas por Internet la idea no sólo era nebulosa, era deforme. Aunque asistí a talleres online, investigué acerca de cómo poder realizar la metodología. El miedo a quedarme sola en un limbo, a no poder “conectar” era inmediato.

La idea principal de cualquier taller o charla está basada en el encuentro, en ese ida y vuelta a través de una tecnología que hoy lo conecta todo.

¿Por qué alguien se engancharía a hablar conmigo temas tan específicos acerca de audio? ¿Por qué alguien estaría interesado en lo que yo pienso acerca del fenómeno sonoro? ¿A quién le interesa que le hable del multitasking, del diseño de sonido de un video juego o le bloquee la normalización de su vocabulario?

La nebulosa de preguntas.

Pero de repente fueron apareciendo los interesados, desquiciados y desquiciadas que, como yo,  algo los atrae de ese tan extraordinario fenómeno físico: el sonido.

De repente se fue conformando una comunidad, un ida y vuelta mucho más fuerte del que yo me podía imaginar, una amistad a la distancia.

Y es así como continúo el camino probando cosas, para mí nuevas, ideas extrañas como el encuentro del domingo pasado, que tendrá nuevamente lugar el 3 Julio de 2016: “Para escuchar con audífonos”.

Cuando comencé a escribir acerca de ese encuentro a partir de una cita de Julio Cortázar que leí un sábado por la tarde, la primera pregunta fue ¿Quién podría estar interesado en compartir conmigo dos horas de su domingo hablando de sonidos pero sin decir nada en concreto, sino compartiendo sensaciones?

Y ahí estaba yo y estaba usted que le da sentido a lo que hago.

¿Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para escucharlo habrá sonido?

Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para que pueda escucharlo es probable que haya caído completamente en vano.

El sonido como cualquier fenómeno que implica la percepción es sólo posible de ser experimentado individualmente, pero es sólo posible de convertirse en experiencia si es compartido.

Usted está ahí y yo estoy acá. Eso es lo que hace que queramos seguir intentando descifrar este universo en el cual estamos inmersos.

 

Segundo Encuentro

Dibujo de portada: James Wyeth, 1964