[dropcap letter=”C” shape=”square”]ada semana estoy tratando de escribir un post, con la intensión de que ustedes (quienes me leen) tengan siempre algo que mirar, oír y disfrutar acerca del sonido y/o el audio. Un pensamiento, una opinión, un tip, una herramienta, etc.[/dropcap]

Además de hacer otras tantas cosas, escribir semanalmente me ha dado otras herramientas que no tenía hasta este momento; se ha convertido en un ejercicio, como salir a correr por las mañanas (cosa que no hago).

En estos momentos estoy esperando a que se renderice (del no tan nuevo verbo renderizar) un video tutorial que dura 10 minutos pero que tarda en renderizarse unas 12 horas.

Siempre que hablamos de tecnología hablamos desde el punto de vista de lo práctico, de lo dinámico, de la rapidez y las facilidades que nos otorgan las nuevas tecnologías. Tratamos de no mostrar este lado B del disco, que a todos nos gustaría omitir y que incluso provoca una cierta vergüenza interna (es que claro, mi máquina es pequeña, para hacer esto debería tener…)

No queremos asumir que las nuevas tecnologías no sólo nos hacen esclavos del tiempo; sino que además lo demandan para cada una de las actividades. Tiempo, “tiempo muerto” que le llamamos.

Cuando asumo un proyecto trato de llevar una “Hoja de proyecto” donde anoto la descripción de proyecto, los materiales necesarios, el presupuesto, la mano de obra (es decir las colaboraciones de otras personas), los procesos, las fechas de entrega, etc. En esta “Hoja de proyecto” escribo un apartado que se titula “tiempo muerto”.

Llamo “tiempo muerto” al tiempo que me toma instalar y desinstalar programas (en todo proyecto, aunque uno no quiera y piense que su computadora está en perfectas condiciones, desinstalar e instalar programas toma más de lo que uno desearía). También llamo “tiempo muerto” al momento de renderizar (proceso que no se suele hacerse una vez, sino varias veces por proyecto). Llamo “tiempo muerto” al cuelgue de algún programa (hay días que simplemente la computadora se levanta un tanto temperamental).

El “tiempo muerto” es parte fundamental de mi trabajo, incluso hay días en que por lo menos consume el 80% de mi tiempo de trabajo. He comenzado a poner este “tiempo muerto” como un apartado en mis presupuestos (con la explicación correspondiente) porque no se visibiliza y me ha llegado a pasar varias veces que por no tenerlo en cuenta he salido muy perjudicada financieramente. Debo decir que no todos mis clientes lo entienden y que la mayoría no lo toma en cuenta pero de a poco he podido introducir el tema.

Es verdad que existen otros tiempos muertos relacionados con el trabajo; pero yo estoy hablando del tiempo muerto relacionado con las tecnologías.

Tener la computadora en donde realizo mi trabajo a punto lleva su tiempo muerto extra. Dedico uno o dos días completos al mes a ordenar y poner todo en marcha: bibliotecas de sonido, plugins, escritos, antivirus, malware, instalar y desinstalar programas, memoria, archivos, etc. No entiendo muy bien a la gente que trabaja con su computadora (principalmente en sonido) y dice cosas como-: “Yo no hago el reboot desde hace más de 2 años” (sí, este es un llamado de atención a usted lector para que se haga ese tipo de preguntas: ¿Hace cuánto tiempo no realiza el reboot de su computadora? ¿Le pareció fantástico que Windows 10 se instalara sin tener que hacer el reboot? Es algo que hay que hacer, hay que tomarlo como el retroceso que tienen los avances tecnológicos).

Las caídas de audio, los programas que dejan de funcionar, etc. Estas cosas suelen ocurrir por no tener planificada una limpieza de la computadora, como se planifica la limpieza de la casa (lo que nunca puedo planificar es la cuestión de la limpieza de la ropa).

Creo importantísimo por parte de los productores, diseñadores de sonido, compositores y trabajadores afines visibilizar este “tiempo muerto”, poder poner sobre la mesa el tiempo real que lleva hacer un audio, editarlo, renderizarlo, etc. Es importante para nosotros y es importante para quien escucha; es una forma de mostrarle la dedicación que uno pone en el trabajo y el respeto que uno siente por sus escuchas.

Tomar en cuenta el “tiempo muerto” en un proyecto de audio también sirve para autoevaluarse. Porque es cierto que ese tiempo muerto se relaciona principalmente con la tecnología, pero muchas veces oculta otros aspectos de nuestro trabajo mucho más profundos.

¿Cómo fue que la semana pasada esto me salió tan fácil y tan rápido? ¿Por qué ahora tengo todos estos problemas? ¿Por qué esto que me tendría que llevar X cantidad de tiempo, me está llevando el doble? etc.

Todos nos hicimos en algún momento estas preguntas frente el afamado cartel “El programa no responde ¿Quiere que….?” Y uno contesta internamente “Sí, quiero que recuperes el trabajo y que además lo hayas adelantado por lo menos hasta la mitad”.

Ojo, esta no es una discusión Windows vs Mac; me ha pasado en todos los sistemas operativos de todas las marcas y colores. (Aclaro esto porque hablando de estos “tiempos muertos” con otro diseñador él adjudicaba este problema únicamente al tipo de tecnología que yo estaba utilizando (todo esto mientras no podía encontrar un cable para recargar su Iphone) nos reímos mucho cuando entendimos que compartíamos este mundo)

Decía, que este tema del “tiempo muerto” muchas veces oculta mensajes subliminales. El primero de ellos, el tema del perfeccionismo. Ser perfecto o estar satisfecho con nuestro trabajo no son la misma cosa, incluso debemos decir que un concepto está a años luz de distancia del otro.

A lo largo de los años he notado que cuando me dan un trabajo (un cliente, con una fecha de lanzamiento o entrega específicos) o cuando yo tengo estos términos muy claros dentro de los proyectos la balanza entre el “perfeccionismo” y la “satisfacción” se nivela un poco.

Entonces me di cuenta que cuando uno da prioridad a cumplir con las entregas, no por sobre la calidad, sino a planear de forma clara y detallada los proyectos (no sólo porque es condición de un tercero) sino como una forma interna de trabajo. Yo suelo tener una planificación externa y otra interna; esta planificación hace que estos “tiempos muertos” se reduzcan de un 80% a un 55% o 60% lo cual es significativo en mi tiempo de trabajo.

Pero para planificar uno debe utilizar datos concretos y para esto hay que autoevaluarse, es decir, tomar nota de cada uno de los proyectos mientras uno los está llevando acabo.

¿De qué tomar nota?

Ejemplo:

  • 10 minutos de audio y video me llevan 12 horas de rendereo; es probable que realice 2 rendereos (uno de revisión y el final) por lo que me tomará 24 horas en total únicamente de rendereo.
  • Un guión de 10 minutos acerca de X tema junto con la búsqueda de información me lleva escribirlo (con correcciones y demás) entre 8 y 12 horas.
  • La instalación de mi programa principal de audio junto con los plugins y la puesta a punto de todo el programa me lleva (contabilizadas) 5 horas exactamente.
  • El mantenimiento mensual de mi computadora 2 días. El reboot de la computadora 5 días.
  • La edición de 3 minutos de audio, voz principalmente, de 2 a 5 horas (dependiendo de la forma de grabación, del locutor y del producto final).
  • La grabación de campo con todo lo que implica la organización de archivos 1 día y medio, etc.

Contabilizar cuánto tiempo es realmente el “tiempo muerto” es de gran ayuda para poder poner en marcha los proyectos y que no caigan en el olvido. También nos sirve para no ser tan drásticos con nosotros, tan perfeccionistas y dejar ir los proyectos cuando se tienen que dejar ir. También nos sirve para preguntarnos por qué no fuimos un poco más limpios en el proyecto anterior, en qué fallamos, qué procesos cambiaríamos, incluso preguntarnos si deberíamos cambiar alguna de las herramientas de trabajo para el próximo proyecto.

Entonces es cuando el “tiempo muerto” comienza a tomar un significado diferente y se junta con otro concepto muy extendido: el “trabajo en proceso”. Entender que el “trabajo en proceso” depende también del “tiempo muerto” es fundamental en cualquier proyecto.

Nos evaluamos casi siempre mediante los resultados de las cosas y no mediante el proceso que conllevan, olvidando por completo que son los procesos los que nos dan las herramientas para los próximos trabajos. Uno se puede sentir orgulloso de un trabajo terminado porque se escucha bien, porque ha tenido buena acogida por parte de otras personas, porque siente que ha derribado obstáculos o porque simplemente le gusta. Sin embargo son los procesos, es el “trabajo en proceso” el que finalmente abrirá el camino hacia el siguiente proyecto.

No es una cuestión solamente de edición, oído, técnicas y tecnología. Es un proceso de aprendizaje continuo. Es el ensayo y el error los que llevan a nuevos descubrimientos.

“Probablemente, al leer mi carta pensará lo mismo que yo pensé, es decir, que algún otro sentido toma el lugar de la vista. El más obvio sería el tacto, como el que se dice tienen los ciegos. No creería usted los muchos y variados experimentos que he hecho al respecto, todos ellos con resultados negativos. Así pues, me inclino a creer, al menos por el momento, que en lugar de la vista entra un nuevo órgano o sentido que nosotros no tenemos y del cual, por lo tanto, nunca tendremos idea”

Carta del fisiólogo italiano Lazzaro Spallanzani leída en la Sociedad Genovesa de Historia Natural en el 1790. Spallanzani fue el primer científico en decir que los murciélagos “ven con sus oídos”.

 

Foto de portada: Charles Nègre – The Vampire – 1853