Este post es parte de la serie titulada: Descubriendo los Sentidos

Otros post de esta serie:

  1. Un día para percibir los sonidos de forma diferente (Current)
  2. Entendiendo la música desde otra mirada

Hoy no fue cualquier día, no.

Hoy nos sentamos en ronda con unas cinco mamás y sus hijos para escuchar sonidos, hacer sonidos, cantar, charlar, hacer masajes y reírnos.

Hoy no fue cualquier día, no.

Fue mi primer día en un proyecto hermoso que estamos comenzando llamado “Descubriendo los Sentidos” junto con el Espacio Odisea y el Centro de Atención Múltiple de Valle C.A.M.


La idea es realizar un encuentro mensual para analizar a través de distintas estimulaciones: visuales, táctiles, olfativas y por sobre todas las cosas sonoras.
La idea es aprender acerca de cómo reaccionamos ante esos estímulos.


Los chicos que participan nos enseñan a nosotros, los adultos, cómo mirar y percibir el mundo de otra manera. Nos hablan de otras formas de comunicación que van más allá del lenguaje verbal, que parten de otros lenguajes a veces un poco olvidados; como la mirada, el tacto, el olfato y el sonido. Una caricia, una sonrisa, un sonido pequeño que está ahí y que llama nuestra atención.

Hoy llegué a nuestro primer encuentro casi sin dormir de los nervios que tenía al enfrentar este nuevo reto.

No sabía muy bien de qué iba a hablar, cómo abordar el tema del sonido, de las sensaciones, de las percepciones, los estímulos sensoriales y eso que cargo un discurso de años, que repito fórmulas y me la paso inventando otras acerca del fenómeno sonoro. Para entender este fenómeno físico desde otros ángulos.

A pesar de que este tipo de encuentros son parte fundamental de mi trabajo éste encuentro en particular movía cosas dentro mío desconocidas.

Cuando llegamos a la ludoteca del Espacio Odisea ordenamos el salón, colocamos las bocinas de la mejor forma posible para que se escuchara bien, acomodamos los cojines, elegimos un par de juguetes de la ludoteca, trajimos sillas, he hicimos sonar algunas canciones infantiles esperando la llegada de los chicos.

No soy madre y debo decir que no es una de mis prioridades serlo. Sin embargo me fascina la relación que se produce con los chicos, siempre que trabajo con ellos me abren la mente a mundos desconocidos y sumamente interesantes.

Hoy entre medio de caricias, miradas, sonidos, muchos sonidos; ellos me llevaron de la mano por un mundo desconocido. Por el mundo minimalista de los sentidos.

Prestar atención a aquello que es pequeño, a aquello que es ruidoso, a unos dedos que tocan una rugosidad, al sonido de los autos, al vaivén de una hamaca.

Lo mínimo abre puertas.

Es que ellos entienden el mundo desde un ángulo completamente distinto al nuestro, son chicos como todos los chicos pero miran el mundo de forma diferente, escuchan diferente, perciben otras cosas.

El proyecto está pensado para realizar distintas actividades de estimulación sensorial a través del arte.


En un principio el proyecto se llamó “Programa de Estimulación para niños/as con retos múltiples”, es decir niños/as que tienen dificultades motoras, disminución visual, auditiva, afecciones cardíacas, respiratorias, que no poseen lenguaje verbal. La mayoría de ellos tiene parálisis cerebral.


Me interesaba participar de este proyecto porque sabía que su entendimiento del mundo, distinto al mío y al de la mayoría, me abriría una puerta distinta para analizar cómo percibimos el mundo que nos rodea.

Si entendemos que todo lo que vemos, tocamos, olemos, escuchamos parte de fenómenos físicos que son interpretados en nuestro cerebro y que por eso todos absolutamente todos, entendemos de distinta forma el mundo. Mirar con sus miradas, escuchar con sus oídos sin duda alguna cambiarán mi forma de entender todo eso que cotidianamente percibimos a través de nuestros sentidos.

Así fue como el nombre del proyecto cambió radicalmente de “Programa de Estimulación para niños/as con retos múltiples” a “Descubriendo los Sentidos” porque no sólo se trata de  estimularlos a ellos para que comprendan nuestra forma de ver el mundo, para integrarlos, sino que ellos nos estimulan a nosotros invitándonos a percibir las cosas desde sus sentidos, integrándonos a su mundo.

Es un intercambio de miradas, de percepciones.

Hoy Ángel descubrió la caja chayera (un instrumento de percusión andino) mientras Lupita me enseñaba que algunos sonidos muy bajos pueden resultar ensordecedores.

Agradezco profundamente a la maestra Claudia por la entrega y la enseñanza, a Daniel Iván por acompañarme en la experiencia, al Centro de Atención Múltiple C.A.M por la disposición, al Espacio Odisea y toda su gente por la organización, la idea y el espacio brindado y al DIF de Valle de Bravo por el interés y por hacer que esto sea posible.

El camino recién comienza de a poco iré contando cada uno de los encuentros, las nuevas percepciones, los nuevos retos y los descubrimientos.

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