Este post es parte de la serie titulada: Espacialidad y Sonido

Otros post de esta serie:

  1. Cómo el sonido puede ayudarnos a retroceder en el tiempo
  2. Escuchando la historia, escuchando Stonehenge
  3. Una sala de conciertos acústicamente perfecta (Current)

Y lo que soñó el físico Wallace Clement Sabine se hizo realidad. 

En 1895 le encargaron a Wallace C. Sabine corregir la mala acústica de la sala principal de conferencias del Museo Fogg de Arte de la Universidad de Harvard. La tarea no era fácil ya que era un espacio acústicamente difícil de tratar: semicircular con una cúpula y un perímetro arqueado.

Sala principal de conferencias del Museo Fogg de Arte

Sabine no tenía ninguna experiencia especial con el sonido, pero obstinadamente abordó el desafío como lo haría con cualquier otro experimento de física. Optó por caracterizar el sonido en una habitación como un cuerpo difuso de energía, en lugar de adoptar el enfoque geométrico más típico del siglo XIX que se centraba en la manipulación de la propagación de las ondas sonoras.

Enfocó sus investigaciones sobre las propiedades de absorción del sonido de diversos materiales y su efecto sobre los tiempos de reverberación.

Pasó dos años tomando mediciones y estudiando el comportamiento del sonido tanto en el Museo Fogg como en el Teatro de Sanders (considerado un teatro con una excelente acústica) para determinar qué podría estar causando la diferencias acústicas de cada una de la salas y; poder encontrar una fórmula y/o procedimiento para evaluar la acústica de los lugares.


Mientras muchos de sus contemporáneos buscaban métodos para hacer el sonido visible, Sabine prefería escuchar el sonido.


 Armado con un órgano de tubos y un cronómetro, él y sus asistentes probaron cada uno de los espacios repetidamente bajo diversas condiciones, moviendo diversos materiales entre las dos salas y haciendo cuidadosas  mediciones. Utilizaba el órgano para excitar la sala y con el cronómetro medía cuánto duraban las reverberaciones del sonido hasta ser inaudibles. Trabajaba en horas de la madrugada para que ningún otro sonido proveniente del establecimiento interfiriera con la investigación.

Uno de los materiales que escogió fueron los cojines de los asientos del teatro de Sanders y los llevó al Museo de Fogg; al hacer la prueba Sabine, notó que las reverberaciones del sonido descendían.

“Cuando introduje en la sala un total de 8,2 metros de cojines la duración de la audibilidad bajó a 5,33 segundos. Cuando cubrí 17 metros con cojines, el sonido del órgano siguió siendo audible durante 4,94 segundos. Cuando todos los asientos quedaron cubiertos, el sonido audible duró 2,03 segundos; cuando se cubrieron también los pasillos, la pared y el tablado la audibilidad de los sonidos residuales fue de 1,14 segundos”

Este trabajo de Sabine y su posterior publicación hicieron de la acústica una ciencia y un estudio formal.

El podcast 99% Invisible dedicó su episodio 236 a la historia de la acústica “Reverb: The Evolution of Architectural Acoustics”

Elbphilharmonie

El 11 de enero de 2017 se inauguró en la ciudad de Hamburgo, Alemania la filarmónica de Elba, mejor conocida como Elbphilharmonie. Una sala de conciertos que es considerada una joya arquitectónica no sólo por su diseño exterior sino por el diseño acústico interior.

Elbphilharmonie 2017

 

Gran Hall

Una de las características más interesante es el auditorio central llamado “Gran Hall“, construído a partir de 10.000 paneles acústicos de fibra de yeso únicos, diseñados a partir de algoritmos por el estudio suizo Herzog & De Meuron encargado de todo le proyecto.

Los paneles cuentan con un millón de pequeñas celdas de entre 4 y 16 cm de diámetro diseñadas para dar forma al sonido. Cuando las ondas de sonido golpean un panel, la superficie irregular las absorbe o dispersa. Ningún panel absorbe o dispersa las ondas de sonido de igual manera, esto hace que todos los paneles juntos creen una reverberación equilibrada en todo el auditorio.

“En el Gran Hall los miembros de la audiencia se encuentran a no más de 30 metros del conductor, rompiendo barreras entre músicos y miembros de la audiencia. La ‘piel blanca’ que cubre la superficie de las paredes y los techos de la Gran Hall está compuesta por aproximadamente 10.000 hojas de paneles de fibra de yeso. Con la ayuda de un reflector expansivo que está suspendido desde el centro del techo abovedado, los paneles proyectan el sonido en cada esquina del espacio, garantizando una experiencia de escucha óptima desde cada asiento.”

 

El diseño de los 10.000 paneles acústicos estuvo a cargo de Benjamin Koren director del estudio especializado en desarrollo y modelado de superficies acústicas One to One que, junto a uno de los ingenieros en acústica más renombrados del mundo Yasuhisa Toyota, crearon un mapa de sonido óptimo para el auditorio basado en la geometría de la habitación.

Así fue como se calculó que ciertos paneles, como los que recubren las paredes traseras del auditorio, necesitarían ranuras más profundas y más grandes para absorber los ecos; mientras que en otras áreas de la sala, como las superficies del techo detrás del reflector y las partes superiores de las balaustradas, requerirían células más superficiales.

Uno de los requisitos que hizo de los paneles todo un desafío fue que debían verse iguales y ser visualmente agradables, independientemente de los requisitos acústicos.

Para lo cual se desarrolló un algoritmo que produjo 10.000 paneles, cada uno con una forma y un patrón únicos, mapeados que contienen tanto las especificaciones estéticas como las acústicas.

El gigante edificio tardó 13 años en tomar forma para finalmente concretarse el 31 de octubre de 2016 e inaugurarse el 11 de enero de 2017.